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Jesús Maraña: Pedro Sánchez en El País de la ‘posverdad’. Cerrar los ojos a la realidad no la convierte en ficción. El país (ciudadanía) es mayor de edad, y merece políticos y medios que le muestren un mayor respeto.

2016.11.01 10:19 EDUARDOMOLINA Jesús Maraña: Pedro Sánchez en El País de la ‘posverdad’. Cerrar los ojos a la realidad no la convierte en ficción. El país (ciudadanía) es mayor de edad, y merece políticos y medios que le muestren un mayor respeto.

http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2016/11/01/pedro_sanchez_pais_postverdad_57020_1023.html
"Un montón de gente supuestamente informada se ha echado las manos a la cabeza ante el (presunto) desahogo de Pedro Sánchez en el confesionario laico de Jordi Évole, mientras una selecta élite de gente demasiado bien informada utilizaba las manos (y todo tipo de herramientas) para taparse las vergüenzas. Las reacciones han oscilado entre la indignación (comprensible) de sus propios compañeros de partido, la preocupación (lógica) de algunos de los señalados y el silencio (prepotente) de quienes no se cansan de demostrar su desprecio a la inteligencia de los ciudadanos/lectores/espectadores/oyentes/internautas. Los especialistas en poner nombre a lo innombrable bautizaron como "era de la posverdad" a estos tiempos en los que desde el poder se nos miente como siempre, con la peligrosa novedad de que nos creemos mejor informados que nunca. Al grano.
1.- Es cierto que desde el poder económico, financiero y mediático se ha hecho lo posible y lo imposible para evitar que cuajara siquiera el intento de un gobierno progresista en España. Menos aún si precisaba el apoyo o el consentimiento de fuerzas nacionalistas. Invitamos a los nuevos lectores y socios de infoLibre a repasar lo que venimos publicando desde la primavera de 2014, cuando en estas mismas páginas empezamos a desvelar los movimientos que se producían en esos ámbitos tras observar demoscópicamente que era más que probable el fin del bipartidismo y la fragmentación parlamentaria en las (todavía por celebrar entonces) elecciones generales.
2.- Es innegable que el diario El País ha jugado un papel esencial en la estrategia dirigida a lograr un gobierno sujeto o facilitado por PP, PSOE y Ciudadanos (el orden de factores resultaba secundario), triángulo en el que grandes empresarios y banqueros españoles consideran que descansa la garantía de lo que el mundo del dinero exige: estabilidad y certidumbre. A la prensa tradicionalmente conservadora o al propio Partido Popular no hace falta insistirles en esa prioridad porque está en sus genes y razón de ser (sin olvidar tampoco el volumen de ingresos publicitarios de origen institucional). La posición (y la evolución) de la cabecera más influyente desde 1976 en el espacio progresista de la opinión pública puede constatarse repasando sus editoriales, los artículos de su presidente, Juan Luis Cebrián, las tribunas de Felipe González y los análisis de una serie de firmas convocadas para arropar esa misma estrategia o bien surgidas 'motu proprio' para mayor alegría de sus ideólogos. Desde muchísimo antes del 20D, al PSOE ya se le colocaba ante dos opciones: la Gran Coalición o la abstención.
3.- Pedro Sánchez tiene un problema de credibilidad evidente. No tanto por negar en su día la existencia de esas “presiones” económicas y mediáticas (podría aducir que resistió cuanto pudo y ahora se siente liberado, harto y dispuesto a dar la batalla que antes no se atrevió a dar) sino porque hubo etapas en las que además actuó como cómplice de lo que hoy denuncia. Cuando el entonces secretario general del PSOE fulminó a Tomás Gómez como líder del PSM (también elegido por las bases), este último denunció que fue liquidado con la inestimable ayuda del diario El País, que publicó una encuesta extraterrestre para justificar la actuación de Sánchez y que explicitó insinuaciones de corrupción que hasta el momento no se han demostrado. Incluso Gómez explicó que había mantenido una reunión con directivos del citado periódico que le habrían advertido de que sufriría “las consecuencias” si se le ocurría pactar con Podemos tras las inminentes elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015. Es incontestable que Sánchez aplicó a Gómez la medicina que ahora le han aplicado a él.
4.- Por veraces y sólidas que hayan sido las presiones del mundo empresarial, financiero y mediático sobre Sánchez, no excusan el hecho de que durante su mandato el PSOE ha ido cosechando peores resultados en cada cita electoral. Tiene razón cuando dice que la caída de voto tiene un origen anterior a él. Los 11 millones de votos de la segunda legislatura de Zapatero en 2008 se reparten ahora casi a partes iguales entre PSOE y Podemos. No es Sánchez el único responsable, pero pilotaba un equipo que se ha mostrado incapaz de leer el significado del 15-M y la ruptura generacional y de perfil electoral que separa a PP y PSOE de los nuevos partidos. Hay un reto común a todas las formaciones socialdemócratas en Europa, lo cual no puede ocultar los problemas concretos irresueltos por el socialismo español ni su incapacidad para frenar la fuga de votos hacia Podemos. (La dirigencia del PSOE debería revisionar unas cuantas veces la conversación de Évole con cuatro militantes socialistas previa a esa entrevista con Sánchez que tanto ruido ha desatado: todos admitían que sus hijos ya no les votan).
5.- Culpar al resto del mundo (sean barones o baronesas, banqueros, Aliertas, Cebrianes o Podemos) de la imposibilidad de un gobierno progresista tendría muchísimo más fundamento si Pedro Sánchez lo hubiera intentado con algunos pasos concretos. Pese a los límites que le impuso el Comité Federal del pasado 28 de diciembre (no negociar con independentistas ni apoyar al PP), nadie le puso una pistola para convertir el pacto con Ciudadanos en condición previa e indispensable para la suma de cualquier otro apoyo. Esa cerrazón sólo habría tenido sentido si garantizaba al PSOE gobernar, pero no era así, como se demostró al sufrir el rechazo total de Podemos (aunque este no fuera acertado). Más recientemente, tras el “no es no” a Rajoy, nada ni nadie impedía a Sánchez haber convocado un Comité Federal al que proponer una nueva hoja de ruta: conversaciones a fondo para intentar un acuerdo con Podemos que colocara la presión para la abstención o el apoyo (con o sin condiciones) sobre Ciudadanos o los grupos nacionalistas. Si esa propuesta hubiera sido rechazada, Sánchez se habría cargado de razones para dimitir o para convocar primarias y congreso del partido. Sin ese paso, todos los datos indican que Sánchez tenía la prioridad de continuar en la secretaría general a toda costa, pasara lo que pasara con la gobernabilidad o las terceras elecciones.
6.- Que Pedro Sánchez se muestre ahora dispuesto a admitir que “España es una nación de naciones” y a negociar con los independentistas el reconocimiento de Cataluña como nación es tan importante que no merecía ser despachado tan tarde y en minuto y medio de entrevista. Precisamente la posición independentista de 19 diputados en el Congreso (que representan a 1,3 millones de ciudadanos) es absolutamente clave para explicar el bloqueo político del último año. La propuesta de un nuevo modelo de Estado capaz de cautivar a un electorado progresista en Cataluña, en Madrid, en Andalucía, en Euskadi o en Galicia es probablemente el reto más serio que tiene España además de la lucha contra la galopante desigualdad. (El PP sigue anclado en el "no es no" y en su exclusiva lectura constitucional que tanto ha ayudado a engordar el independentismo). Alguien que aspira seriamente al liderazgo político en una etapa tan compleja debe demostrar una mayor profundidad, coherencia y seriedad en asuntos capitales. No se trata de decir a cada cual y en cada momento lo que uno cree que el otro quiere escuchar. Sea el otro un periodista, un empresario, la militancia de tu partido o la ciudadanía misma.
7.- Los errores, incapacidades y contradicciones de Sánchez no justifican los errores, incapacidades y contradicciones de los compañeros y compañeras de partido que le obligaron a dimitir el pasado 1 de octubre en un Comité Federal que todos coinciden en calificar de bochornoso. Responder con medidas disciplinarias o amenazar con la ruptura con el PSC a quienes reivindican, más allá de sus obligaciones estatutarias, la coherencia de haber votado este sábado en el Congreso exactamente lo que el PSOE se comprometió a hacer en campaña electoral sólo puede favorecer un mayor distanciamiento de militancia y electorado respecto a los cuadros del partido.
8.- Fuera de la dirigencia (incluso dentro de ella cuando se habla en privado), nadie niega que vencer electoralmente a la derecha exige un entendimiento o colaboración entre PSOE y Podemos o viceversa. Era así en el último año y así seguirá siendo en el futuro. Y ambos deberían asumirlo si no quieren contribuir al mantenimiento de políticas conservadoras durante un largo e indefinido periodo de tiempo.
9.- La denuncia de Sánchez sobre las presiones de poderes económicos, financieros y mediáticos ha sido recibida desde el PSOE hacia la derecha con una negación rotunda o con una displicencia digna de mejor causa. En realidad es toda la llamada “clase política” la que debería denunciar esas presiones (que son obvias y estridentes) si quiere recuperar la credibilidad perdida y la confianza de los ciudadanos. Ese es el mejor camino para frenar populismos de cualquier signo y para fortalecer una democracia muy debilitada, más aún cuando la solución dada al bloqueo puede suponer la impunidad política de quienes aún no han asumido responsabilidades por el cenagal de la corrupción.
Cerrar los ojos a la realidad no la convierte en ficción. El País (periódico) es libre de no publicar prácticamente una línea sobre la entrevista de Évole a Sánchez, ni antes ni después de producirse. Pero el país (ciudadanía) es mayor de edad, y merece políticos y medios que le muestren un mayor respeto."
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2016.06.06 17:27 EDUARDOMOLINA GERMAN CANO, Candidato de PODEMOS al Senado. ¿Construyendo la casa por o con el tejado? Podemos y (algunos de) sus críticos.Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato de la sociedad; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo.

http://ctxt.es/es/20160601/Firmas/6446/Elecciones-26J-Podemos-PSOE.htm
"Seguramente recuerden la cita del multimillonario Warren Buffett: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando”. Argumentando que la desigualdad económica durante las últimas décadas estaba creciendo exponencialmente mientras menguaban los impuestos para los ricos, la falta de pudor del multimillonario americano planteaba para muchos el escenario obligado en el que debía situarse toda fuerza de oposición. Buffet mostraba así el camino regio de la Izquierda: ésta debía por fin tomarse en serio su lugar en la lucha. ¿Por qué la Izquierda debería responder negando la centralidad de la política de clases e invertir esfuerzo en la lucha ideológica cuando el enemigo mostraba tanto cinismo a la hora de presentar un diagnóstico tan palmario? Contestándola aun de forma insuficiente, la historiadora británica marxista Ellen Meiksins Wood formuló, al calor de la lucha de los sindicatos mineros en los ochenta en Inglaterra, una pregunta clave: ¿por qué los movimientos críticos deberían obsesionarse más con los fetiches ideológicos del thatcherismo que con su práctica real en su guerra de clases contra el trabajo?
Vistas retrospectivamente estas dos décadas, lo que a Meiksins Wood le parecía un error --esa excesiva preocupación por la lucha ideológica-- se antoja hoy, sin embargo, una cuestión determinante. Y lo es, entre otras cosas, porque precisamente esa derrota de los sindicatos mineros en manos de Thatcher, muy glosada en el imaginario cinematográfico, por ejemplo, sigue siendo una amarga lección de los errores políticos ligados a esa vuelta al "realismo" de clase sin práctica cultural. En Inglaterra se esperaba la fuerza de la clase trabajadora, pero tampoco llegó esta vez conforme a las expectativas. Si la respuesta realista al cinismo de la clase dominante produjo una política incorrecta para esa lucha correcta fue justo por descuidar el trabajo ideológico y subestimar el modo en el que el adversario había cambiado también su forma. Ahora se llamaba neoliberal, y mientras la Izquierda ondeaba épica y frontalmente sus banderas frente al adversario, aquél ganaba sutil y capilarmente su fuerza mediante la búsqueda de consentimiento en las experiencias de la vida cotidiana y lograba condensar la inevitable pluralidad y la diferencia de las sociedades tardocapitalistas en un proyecto político-cultural.
En esta coyuntura sin garantías históricas, puede entenderse que la arquitectónica tradicional de la Izquierda, con sus privilegios apoyados sobre la diferencia entre base económica y supraestructura ideológica, entrara en crisis. Lo significativo es que, a raíz de las transformaciones culturales del capitalismo desde los sesenta, tener políticamente los pies en el suelo dejó de ser una opción, al menos políticamente hablando, realista. Máxime cuando las clases trabajadoras votaban derecha y los oprimidos por el sistema parecían mostrarse muy interesados en luchar contra sus presuntos intereses "naturales". Ante esta situación, el error político de la Izquierda fue, siguiendo la clásica brújula de los cimientos --ese "en última instancia"--, adoptar el mantra racionalista y entender como un simple error de juicio por parte de las masas su renuncia voluntaria a sus intereses, el haberse dejado manipular por las añagazas del conservadurismo thatcheriano. Ahora bien, si el nuevo "populismo autoritario", como fue definido por Stuart Hall, generó tal consentimiento ¿no fue porque, en esa situación concreta, aunque deformándolas en un sentido de repliegue conservador, interpelaba y escuchaba mejor las condiciones reales, experiencias y contradicciones de la vida de la gente?
¿Qué lecciones extraer de estos procesos históricos? Una posible, que si la izquierda quería ser una alternativa seria, su reconstrucción tenía que partir del reconocimiento de los puntos fuertes de su adversario y ser también consciente de su fuerza ideológica. En esta conservación con el diablo ya Gramsci había marcado líneas de orientación de una posible propuesta carente de garantías pero rica en articulaciones. Si la huelga de mineros de 1984-1985 mostró algo era que la apelación desnuda a la lucha de clase en los términos “realistas” de Buffet se estrellaba ante un thatcherismo que había conquistado posiciones de consenso en espacios sociales tradicionalmente ocupados por la clase trabajadora. La crisis se cerraba desde arriba en términos neoliberales mientras las apelaciones a "lo obrero" seguían planteando el territorio de combate en los escenarios clásicos.
Si Podemos apareció para algunos sectores como un “intruso” en la casa de la izquierda es porque buscó desde su entrada en escena, conforme a estas lecciones históricas, poner entre paréntesis esa identidad que obligaba obsesivamente a transmutar heroicamente las derrotas en victorias y jugar otro juego, cambiando la escala del enfrentamiento. Se había perdido, y había que reconocerlo, pero no necesariamente había que resignarse. El momento autocrítico del pesimismo de la inteligencia podía encontrar su optimismo. Pero para ello había que superar una estéril alternativa, la que aparecía, por un lado, entre la apuesta por abrillantar los cimientos del edificio de la Izquierda a la “espera” de que los receptores llegaran a la buena nueva de su mensaje en virtud del reconocimiento de sus profundas contradicciones y malestares y, por otro, los diferentes voluntarismos. En este sentido, yerran en el tiro quienes acostumbran en sus análisis a identificar a Podemos con una "fantasía intelectualista" enamorada de la capacidad mundoconstituyente del discurso y al margen de las condiciones materiales y sociales, como trataré de argumentar.
Aquí observamos algo curioso: cuánto más se desacredita políticamente a la formación por interpelar al grado más grosero de la emotividad, más se censura teóricamente su supuesto manierismo conceptual. Incluso allí donde la Izquierda cuestiona de Podemos una excesiva interpelación moralista al sentido común de “lo justo” que maquilla las "verdaderas" necesidades e intereses, la Derecha solo percibe a un funesto aprendiz de brujo que desata las bajas pasiones de la turba.
En todo caso, hastiado de esa espera, que solo redistribuía el poder dentro de los aparatos tradicionales de partido, y sabedor de la ilusión que suponía seguir huyendo hacia adelante, Podemos entró en la escena política española entendiendo que debía aceptar y contaminarse con ese fragmentado y contradictorio sentido común existente trabajando en sus núcleos de buen sentido. Había que intervenir y “llegar a tiempo” allí donde la construcción política podía ser más efectiva. En pocas palabras, no había que seguir esperando a la Izquierda. Para ello había que aligerarla un poco de peso, aceptar un horizonte político sin garantías históricas, y afinar la relación entre la teoría y la praxis. Pero no desde un voluntarismo discursivo, como se critica habitualmente con desconocimiento, sino justamente para poder conectar mejor con la realidad social. Había que tener presente la lección del 15M de que la construcción política se podía realizar mejor bajo fórmulas más sencillas, emotivas y cotidianas que desde proclamas identitarias o marcos apriorísticos que recortaban la coyuntura en función de sus presupuestos a priori. Lo que perturba de los nuevos agentes políticos es que son fuerzas históricas que no se cimentan de forma evidente o directa en las condiciones específicas de la vida material o, al menos, se relacionan con ella de una forma más compleja.
Sin embargo, la respuesta de los críticos fue inmediata: Podemos buscaba "construir la casa por el tejado". En lugar de ver la complejidad del “con”, se optó por la interpretación de “por el tejado”. Demasiada "cultura" y discurso, en suma. Aunque, ciertamente, la casa de la Izquierda, a pesar de los entusiastas insobornables al desaliento ("El 15M como fase prerrevolucionaria"), si no estaba medio en ruinas, no ofrecía muy buen aspecto, no se ponía en duda la relación entre los cimientos y los techos ideológicos.
¿Qué ofrecía Podemos a la pérdida de ese privilegio arquitectónico de la Izquierda? La hipótesis de que el importante aprendizaje realizado desde la década de los sesenta por los movimientos sociales de que los intereses políticos no se agotan en situaciones conflictivas de clase no necesariamente tiene que implicar cortar el nudo existente entre las situaciones sociales y materiales y los intereses políticos. Eso sí, esa tensión debía afrontarse con una mayor complejidad de lo que la izquierda tradicional lo había hecho en su programa político y práctica cultural. ¿Cómo impulsar una mejor relación entre los "cimientos" y el tejado, entre la "materia prima" de los malestares sociales y el horizonte, la ilusión de futuro?
Se esgrime desde la izquierda marxista, y a veces con razón, que la imagen planteada por sus críticos revisionistas es de un excesivo reduccionismo. Pero en este debate también a veces uno tiene la impresión de que la izquierda tradicional a menudo entiende que tomarse la cultura en serio es tomársela excesivamente en serio y de que con frecuencia se construye un espantajo, el muñeco políticamente hipertrofiado del "voluntarismo discursivo", para evitar un debate más matizado y complejo sobre una práctica política y económica sensible a las derrotas ante el neoliberalismo. Si acudimos, por ejemplo, al análisis del thatcherismo y la derrota de las luchas mineras en los ochenta, observamos que tanto por los resabios reduccionistas como también por los excesos posmodernos culturalistas no hemos avanzado demasiado.
En este contexto, la novedad de Podemos, y lo digo so pena de ser repetitivo, ha radicado precisamente en ofrecer una posibilidad distinta de entender la conexión entre la teoría y la praxis, no en disolverla desde una presunta autonomía del discurso político. En otras palabras, ¿realmente alguien puede creer que el éxito de su hipótesis ha consistido en su voluntarismo discursivo al margen de las condiciones materiales y sociales de nuestro país? Si la práctica político-cultural de Podemos ha abierto, como todo el mundo reconoce, una brecha no es, desde luego, porque haya sobrevolado moral o utópicamente con una "fantasía intelectualista" estas condiciones emergentes o se haya anticipado o fundido con ellas, sino porque las ha interpretado mejor desde una "imaginación --este es el matiz gramsciano decisivo-- concreta" para transformarlas.
Si ha sido, al menos por ahora, una buena respuesta a una problemática concreta es porque, de algún modo, esta respuesta estaba ligada orgánicamente, por así decirlo, a dicha problemática social, esto es, no estaba separada de ella. Si no hubiera sido así --y este era el riesgo que sobrevoló, en enero de 2014, sobre muchos participantes en el acto del Teatro del Barrio--, no habría existido ningún espacio político de mayorías para Podemos y la formación habría engrosado la larga lista de "frentes populares judaicos" al estilo de Monty Python. Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato fidedigno de la sociedad española; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo. Ojo, y un retrato no es una foto fija, sino más bien en movimiento, con sus deseos y expectativas.
Es esta relación entre la hipótesis teórica y la realidad social en movimiento la que queda desdibujada cuando se presenta a Podemos como la hipótesis de un grupo básicamente universitario que, experto en el marketing político, ha sabido agregar mecánicamente, en función de un discurso seductor, múltiples voluntades. Esta lectura no solo subestima la capacidad popular de entendimiento como una dimensión activa, sino que malentiende la tensión entre el proyecto político y la fuerza social que le acompaña, toda vez que la entiende como simple arcilla susceptible de ser estirada y moldeada por una supuesta vanguardia intelectual.
En efecto, más que asumirse de un modo pasivo, la identidad de un proceso colectivo se conforma en su proceso, en su aprendizaje, en sus relatos, expectativas de futuro, hitos e imágenes. Este es el sentido de que un pueblo, más que nacer o venir al mundo, deviene. Esta es una construcción que hoy precisa, frente a las élites extractivas, no de un cierre de filas desde la suma de fuerzas "radicales", sino sobre la base de una inédita y radical fraternidad social entre extraños que no descuide el trabajo político en esos espacios cotidianos y normalizados que hasta ahora eran vistos como distracciones secundarias. Esto es justo "hacer pueblo": impulsar un proceso de aprendizaje colectivo distinto del de construir sobre los cimientos de la "casa de la Izquierda".
En el artículo de respuesta a Iñigo Errejón de Brais Fernández y Emmanuel Rodríguez, ya replicado adecuadamente por Adrià Porta y Luis Jiménez en lo que respecta al supuesto problema de “la autonomía discursiva”, hay un punto, aparentemente secundario, que quisiera comentar para terminar. En él llama la atención cierta indiferencia en relación con la "clienta animalista" y el "carnicero que se divierte en Chueca", los dos ciudadanos que se muestran simpatizantes con Podemos en el artículo del secretario político de la formación morada. Mientras Errejón parte del malestar difuso de ambos individuos como una advertencia reflexiva sobre cómo los procesos de construcción política articulados por Podemos no nos sitúan en un escenario en absoluto claro y distinto y, desde luego, ajeno a los modos de interpelación individualista del liberalismo y clasista del marxismo, Fernández y Rodríguez, atados a la típica lógica de la izquierda tradicional de ir más allá de lo aparente e ir a los "cimientos", parecen desestimar la relevancia política de estos malestares "superficiales" por no situarse en la esfera genuina de la lucha y el conflicto ("sin la experiencia del conflicto, no hay sujeto", escriben). Se deduce que, en las prioridades de su agenda política, ni la clienta animalista ni el jovial carnicero del "súper chic" (sic) del barrio de Errejón merecen especial atención por no ser suficientemente radicales. A diferencia de ellos, entiendo que articular y construir sobre estos malestares un discurso político es un trabajo hoy necesario de no menos radicalidad política.
En primer lugar, porque esa indiferencia deja de lado la constatación de que en un escenario en el que las élites políticas y económicas actuales à la Buffet viven tan obscenamente a espaldas del resto de la sociedad, estos individuos tan "normales" son aliados frente a un mismo adversario que desahucia nuestras mismas condiciones de vida. En un contexto como el del neoliberalismo actual que hace gala de la mayor radicalidad revolucionaria y erosiona toda normalidad, ¿cómo no hacernos cómplices de la gente normal? Por otra parte, ¿cómo cambiar las cosas si somos demasiado diferentes de esta normalidad? Cuidado aquí -no lo digo por los autores-- con repetir errores anteriores de la Izquierda, cuando la crítica radical a todo lo "burgués" por pusilánime y moderado allanaba el camino a la concentración de un capital que veía con buena gana las reivindicaciones extraordinarias de un "hombre nuevo".
En segundo lugar, mientras el interés de Errejón va de las expectativas afectivas de estos dos individuos a la identificación con el proyecto de Podemos --¿qué fantasía o imaginación concreta les estimula?--, Fernández y Rodríguez, ajenos al reconocimiento de esas demandas, rehacen el camino yendo a la situación social de estos, mostrando indirectamente su esterilidad política a raíz de su moderación social (hasta ahora) indiferente a la lucha y el conflicto social.
La no interpelación o descalificación implícita de esos espacios de vida y reconocimiento, que no se interesa por la densidad de esas experiencias e identidades no forjadas en la esfera del trabajo, se antoja además un repliegue político problemático en un contexto como el neoliberal. Por otra parte, al subordinar estas experiencias cotidianas al centro de gravedad del conflicto deja escapar la cuestión de cómo evitar el sectarismo y abrirse a la generación de nuevos sujetos políticos. Porque es en este terreno ambiguo donde también pueden constituirse otras prácticas y confrontaciones. Aquí lo que se puede ver como una "evasión" culturalista de lo importante es justo el terreno decisivo, por mucho que se perciba erróneamente que ocuparse de "esas cosas" no es hacer política de verdad.
En la medida en que los críticos de Podemos tienden a entender la lógica política como una topología binaria donde la superficie y la profundidad no tienen posibles mediaciones, desestiman el valor político de ese malestar confuso y epidérmico --ese "plus de sentido" o "excedente simbólico" del que habla Errejón-- por no ser un valor político serio. No merece la pena tomarse en serio, parecen decir, a quienes no se toman la política suficientemente en serio, esto es, como lucha o conflicto. Vemos aquí que tomarse el plano cultural o discursivo en serio apunta a una lógica distinta que no necesariamente lo plantea como causa última. En este sentido, tomarse culturalmente la política en serio significa tomarse en serio a quienes parecen (solo desde la mirada profunda de los "cimientos") no tomarse la política en serio. Yerra el tiro, pues, quien ve en este movimiento un gesto que hace cultura mientras no puede hacer política transformadora; es justo al contrario, se hace práctica cultural para hacer política transformadora, mientras se hace política.
Si Podemos ha puesto en práctica una mejor gramática de la crisis española no es porque se haya limitado a ser el reflejo directo o mecánico de la fuerza ya existente en las calles y plazas, sino porque ha sabido construir intereses políticos de forma efectiva sobre y desde estas nuevas fuerzas difusas de cambio y resistencia. Llama la atención por tanto que se acuse de hipertrofia politicista a una hipótesis que ha transformado con tanta efectividad la realidad del tablero político existente y precisamente dejando de lado las estrategias que ahora se vuelven a esgrimir como menos intelectuales y "más realistas". Más que debates teóricos sobre Laclau, Althusser o Kant, ¿no es más importante partir de esta premisa: ¿cómo y por qué hemos llegado a ser en la práctica la verdadera fuerza alternativa al bipartidismo y al Régimen del 78?
Lo que está en juego en esta "vuelta a los cimientos" por parte de la Izquierda clásica y, por tanto, en esa imagen de la cultura como simple "tejado" es un problema político hoy crucial. En la medida en que estas posiciones, marcadas históricamente por un modo muy directo de entender la militancia y la lucha social "en la calle", entienden que la hegemonía ideológica no se gana en el terreno cotidiano del sentido común, un plano por definición, según esta concepción, excesivamente normalizado y "pasivo", sino en el de los cimientos de la casa --la base socioeconómica, su reproducción y sus intereses "objetivos"--, es estéril plantear una lucha en un enclave donde, según ellas, no se gana absolutamente nada o muy poco.
Otra posición parecida aquí es la que subraya la necesidad, a la hora de hacer política, de luchar no para conseguir poder o construir una mayor fuerza de consenso para introducir determinadas cuestiones, sino de decir enfáticamente la verdad. No hace falta insistir en qué medida la Izquierda tradicional ha estado apegada a esta imagen topológica que separa sin mediaciones entre la superficie de la ilusión y la mixtificación y la realidad de fondo. Aquí la obsesión espeleológica de la Izquierda tiende a no comprender el sentido común como un espacio de frontera o zona de contacto no dominada unilateralmente por la lógica capitalista y que muestra resistencias y fisuras.
Podemos no es ni puede ser un proyecto puramente teórico basado en una política ideológica ociosamente desconectada de sus bases sociales; por el contrario, debe operar como una fuerza social organizadora que constituya activamente a los sujetos humanos desde la raíz de sus experiencias en la esfera de la vida cotidiana y pretenda dotarles de formas de valor y creencia relevantes para sus tareas sociales específicas y la reproducción general del orden social. Estos sujetos se constituyen siempre de manera conflictiva y precaria; y aunque la ideología se "centre en el sujeto", no puede reducirse a la cuestión de la subjetividad. Aunque la mejor política ideológica posible contribuya a la constitución de intereses sociales en vez de limitarse obedientemente a expresar o reflejar pasivamente posiciones dadas de antemano, no da carta de naturaleza ni crea desde la nada estas posiciones por su propia omnipotencia discursiva.
Si, como ha escrito Santiago Alba, "en las palabras cabe mucha más gente que en una casa" es porque, como también ha dicho Iñigo Errejón, "el discurso no es un mero ropaje". En una situación de desahucio de nuestras condiciones antropológicas de existencia en la que, como hoy es ostensible, lo viejo, agonizante, no termina de morir y lo nuevo de nacer, también emergen comprensibles miedos o reacciones defensivas, tentaciones de cimentar el edificio mirando hacia abajo sin mirar hacia el horizonte cultural. Miedo a perder las viejas certidumbres políticas conocidas por lo bueno por conocer que se puede construir, traduciendo los gestos y reivindicaciones heredados a las nuevas exigencias; miedo ante el vértigo de estar en una formación política que se expone a los ojos del mundo por abrir una brecha desconocida cuando supuestamente "no había alternativas"; miedo a perder suelo y el reconocimiento de los tuyos por salir de las zonas de confort y buscar a los que faltan; miedo a escuchar el confuso lenguaje en el que habla culturalmente el presente cuando tu mirada está demasiado vuelta hacia atrás o demasiado adelante. Un lenguaje de época, en efecto, que solo es ruido o mera cáscara seca para quien aún piensa en que puede desnudar la realidad con una última verdad o cree demasiado en la autenticidad, pero que también es un filón para quien lo explora en su política cultural como terreno de lucha."
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2016.03.30 10:19 EDUARDOMOLINA PABLO IGLESIAS.- Mi cabeza política se hizo en Italia.- ctxt

http://ctxt.es/es/20160323/Politica/5015/Entrevista-Pablo-Iglesias-gobierno-España-Entrevistas-Elecciones-20D-¿Gatopardo-o-cambio-real.htm
Como Podemos, Pablo Iglesias tiene al menos dos almas. En la distancia corta es un tipo tímido, pausado, bien articulado, culto sin llegar a la pedantería --aunque a ratos se pone un poco cursi, no llega a caer en la novela rosa. Se diría que este Iglesias profesoral es una persona distinta a la fiera corrupia que se zampaba a los más agresivos contertulios televisivos de Intereconomía o La Sexta, muy diferente del tribuno que un día lanza cal viva contra las bancadas socialistas para luego susurrarle a Pedro Sánchez “solo faltamos tú y yo”.
Esta multiplicidad de personalidades resume también la montaña rusa existencial en la que vive Podemos, un partido-niño formado por mil mareas, orígenes, corrientes: comunistas gramscianos de la vieja IU, activistas de la PAH, populistas criados en Laclau y curtidos en asesorías peronistas y bolivarianas, humildes indignados del 15M, cristianos de base de las periferias urbanas, profesores, doctores y analistas del CEPS, En Comú, Andalucía, Guanyem…
Viviendo y muriendo de éxito a la vez, víctima y beneficiario de sus contradicciones y su indefinición asamblearia, Podemos se ha convertido en solo dos años en la gran esperanza de la izquierda europea, una vez certificada la claudicación de Syriza ante la Troika. Tras revolucionar el mapa municipal y tomar el poder en las grandes ciudades, y después de sacar cinco millones de votos el 20D, Podemos y sus confluencias viven un periodo convulso: enfrentamientos, filtraciones, dimisiones, ceses... Nadie sabe cómo acabará este enorme lío. Pero la impresión es que Iglesias ha tomado las riendas en Madrid y ha dejado desarmado a su amigo y número dos, Íñigo Errejón, al que conoció en la Facultad de Políticas de Somosaguas (Madrid) cuando él tenía 23 años y Errejón 18, y al que durante la entrevista se referirá, entre bromas y veras, con estas palabras: “Nunca ha dejado de ser el benjamín”.
Iglesias parece transformado, más conservador, mucho más cauto y conciliador. Cuando se le pregunta por el pacto con el PSOE, no pone reparos, líneas rojas, ni exigencias. Oyéndole, se diría que su estrategia pasa hoy por dos opciones que en realidad son solo una: o gobernar con el PSOE casi sin condiciones, o repetición de elecciones sin dejarse culpar del adelanto.
El líder de Podemos (Madrid, 1978) llega puntual a la sede de CTXT para una conversación de una hora con miembros del consejo editorial y la redacción --Miguel Mora, Soledad Gallego-Díaz, Ignacio Sánchez-Cuenca, Mónica Andrade y Willy Veleta-. Va acompañado por un séquito de cuatro jóvenes asistentes que no se despegan del móvil. Tiene ojeras y mala cara: un reciente cólico nefrítico, provocado, explica, por una pequeña piedra en el riñón que todavía no ha expulsado.
Es martes 22 de marzo, y hace solo un rato que se han producido los atentados de Bruselas. A mitad de la hora pactada, Iglesias y los suyos tienen que salir corriendo para acudir al homenaje a las víctimas organizado por el ayuntamiento madrileño. Poco después, completamos la entrevista por el móvil: más de 100 minutos, que publicamos de forma íntegra, dividida en cuatro bloques: Pablo, según Iglesias; La crisis de Podemos; España, pacto o elecciones, y ¿Otra Europa es posible?
BLOQUE 1. PABLO, SEGÚN IGLESIAS.
"Políticamente soy un italiano. Mi cabeza política se hizo en Italia"
¿Querría explicar en cinco o seis frases quién es Pablo Iglesias?
Soy tímido, aunque no lo parezca. Amante de una cierta soledad para leer, para ver películas, para ver series. Al mismo tiempo con una enorme pasión para las cosas. Necesito la pasión para hacer cualquier cosa. Con mucha pasión por aprender, y con mucho que mejorar. Fundamentalmente, un tipo sencillo. Una de las cosas que más me gustan es cuando la gente que acaba de conocerme me dice: ‘Hostia, eres un tipo bastante normal’.
Más normal de lo que parecía en la tele…
Claro, ese contraste sorprende a mucha gente. Una cosa que me han dicho y que me encanta es: ‘Ganas mucho en la distancia corta’.
¿Qué recuerdos tiene de la infancia? ¿Se siente soriano?
Sí, sí. Decía Rilke que la patria de uno es su infancia, y mi patria tiene una localización geográfica muy clara, que es Soria. Yo pasé en Soria desde los 2 años hasta los 13.
¿Eso curte, no?
Sí, claro, se pasa frío. Pero para ser niño Soria es una ciudad maravillosa. Yo iba por ahí con mi bicicleta tranquilamente. Toda la memoria sentimental de mi infancia está asociada a lugares de Soria. Si la patria de uno es la infancia, Soria es mi patria.
Después de Soria vino a Madrid, y estudió de todo… ¿Le enseñaron todo lo fundamental para ser político en la universidad y los másteres, o es un trabajo más duro de lo que pensaba?
Yo creo que es un trabajo como otro cualquiera, que no debería ser una profesión, sino una actividad a la que uno dedica un cierto tiempo. Es una actividad además que tiene que practicar gente con perfiles muy distintos. A mí me encanta estudiar. Las dos cosas que más me han gustado en la vida es recibir clase y dar clase. Supongo que eso me ha hecho aprender cosas que luego me han sido útiles en la política, pero la experiencia práctica no la sustituye nada. En estos dos años he aprendido una barbaridad y sigo aprendiendo mucho.
¿Más que leyendo?
Hace poco volví a releer El Príncipe, que lo había leído antes dos veces por lo menos. Es curiosísimo que al leerlo al mismo tiempo que estás practicando la política, cambia completamente… Recuerdo que tenía los subrayados originales míos, y en los nuevos prestaba atención a otros elementos. Supongo que eso tiene que ver con practicar la política de manera tan intensa y directa...
¿Maquiavelo tenía más razón de la que pensaba?
No es tanto más razón, sino que en realidad lo que está escribiendo Don Nicolás es un manual con un enorme sentido práctico. Maquiavelo no es un erudito metódico. Como diría Gramsci, es un hombre de acción. Está siempre pensando en la acción, y logra aislar la política como disciplina de otro tipo de consideraciones. Es impresionante el enorme sentido común de las reflexiones del libro, incluso cuando es un tipo del siglo XVI que está pensando en las repúblicas y en los Estados italianos, que es lo que tiene a mano, tomando las experiencias de la Roma y la Grecia clásicas... Han pasado muchas cosas en estos 500 años, y aun así tiene reflexiones magníficas.
¿Le da tiempo a leer la prensa cada día? ¿Lee papel o solo Internet?
Leo los dosieres que me prepara el equipo.
¿Los clippings, en papel grapado?
Depende, si lo puedo imprimir lo imprimo y lo grapo. Si no, lo leo en el ordenador, o los días que tengo que salir muy temprano lo leo en el teléfono. En esos dosieres viene un resumen con una sección de artículos de opinión que me prepara el equipo. La verdad es que leo más prensa que nunca, esa selección me hace leer artículos muy valiosos.
¿Le ponen artículos de CTXT?
Sí, de vez en cuando. Algún editorial malvado vuestro he leído, en el que nos dabais caña. Luego están algunos imprescindibles. Uno de los articulistas que nunca falla, lo digo siempre, es Enric Juliana. Para mí, el análisis diario de Juliana es como ir a misa para la gente de comunión diaria.
Albert Camus decía que un país vale lo que vale su prensa. ¿Cómo ve la situación de los medios en España?
Era bastante cruel Albert Camus al decir eso con muchos países. Un político profesional solo puede hablar bien de la prensa. Punto y final.
Pregunta un lector: ¿Cree que su política, de tan buen e infinito trato con los medios, está siendo efectiva?
Es inevitable. Yo creo que la política, entre otras cosas, es una definición de la realidad. Nunca ha estado la política tan mediatizada por los medios como ahora, y mira que llevan décadas con eso. Seguramente los medios son el terreno fundamental de la política, y eso tiene que implicar mucho tiempo y muchas técnicas para que la comunicación funcione. Eso es así desde hace mucho tiempo, pero yo diría que cada vez más.
Y hace falta tragar mucha quina, imagino.
Eso es inevitable. Recuerdo un político conservador, con el que hablaba en el Parlamento Europeo, que me decía: “Mira, esto que hacemos nosotros consiste en levantarse por la mañanas y que te sirvan un plato con un sapito, y a ese sapito le tienes que echar sal, le tienes que echar pimienta… lo que quieras, pero te lo tienes que comer todas las mañanas…”. Y eso es así.
Manolo Monereo ha escrito en Cuarto Poder que hay una cacería organizada por PRISA y los poderes financieros para acabar con Podemos. ¿Cree que es cierto? ¿Se siente acosado?
Monereo es un sabio, es uno de los intelectuales de la izquierda más lúcidos, y con muchísima experiencia. Creo que en los últimos artículos y también en este señala algunas de las claves de lo que está ocurriendo.
Hay un personaje en The Wire que dice “This is the Game!”, y efectivamente este es el juego en el que estamos; y es lógico que a nosotros nos den caña, es parte de las reglas del juego.
Por cierto, usted y Juan Carlos Monedero llevan años ejerciendo de periodistas / analistas y presentadores. ¿Aprendieron de Beppe Grillo? ¿No le parece una forma de intrusismo que un líder político haga periodismo?
En realidad a mí, desde que empezamos a hacer La Tuerka, me entusiasmaba dirigir y presentar una tertulia que siempre ha querido tener un estilo diferente al de las tertulias convencionales o al de otras tertulias, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Creo que tanto La Tuerka como Fort Apache se han ganado un enorme prestigio por eso, hasta el punto de que nos han dado premios en facultades de Periodismo... Eso es un honor y al mismo tiempo un placer; si alguien se ha sentido ofendido por el intrusismo, nosotros lo hacemos desde mucho antes de que existiese Podemos, nos entusiasmaba hacerlo, y nos sigue entusiasmando...
En el artículo que publicó en New Left Review en julio del año pasado hablaba de “el pueblo de la televisión”. ¿Cómo puede un tipo que ha estudiado en Cambridge y Suiza ser tertuliano en Intereconomía?¿Es su personaje político un producto de la TDT y las tertulias?
En realidad en Intereconomía había días en los que no se discutía mal, más o menos te dejaban expresarte. Pero para nosotros era una cuestión fundamental: habíamos llegado a la conclusión de que los medios de comunicación, y en particular los formatos de las tertulias políticas, eran el instrumento fundamental para generar imaginario. Nos habíamos dado cuenta de que el estilo que nosotros manejábamos en la universidad, cuando dábamos charlas o hacíamos seminarios, se alejaba mucho de las técnicas a través de las cuales se informaba o formaba la opinión. Intentamos ser rigurosos y amenos, sabiendo que las técnicas de la comunicación se basan en el mundo audiovisual y que teníamos que intentar manejar esas técnicas, siendo al mismo tiempo rigurosos. Intereconomía, La Sexta Noche y Las Mañanas de Cuatro fueron como un entrenamiento. Recuerdo muchos de esos debates con muchísimo cariño. Y debatiendo en Intereconomía conocí a gente muy valiosa. A Javier Nart, que ahora es eurodiputado de Ciudadanos y es un hombre maravilloso, al que quiero mucho, lo conocí en El Gato al agua; al señor Alejo Vidal-Quadras, con el que me separan muchísimas cosas a nivel ideológico pero que me parece un hombre inteligente, también. Y también allí fue la primera vez que escuché debatir a Francesc Homs, de Democràcia i Llibertat. Allí aprendí muchas cosas...
En aquel artículo, analizaba “la incipiente crisis del régimen postfranquista, enfangado en la corrupción y la recesión económica, y las oportunidades que ello ofrece a una formación política popular que movilice el descontento social de los indignados…”. ¿Cree que han aprovechado esa situación y están haciendo todo lo posible para mitigar ese descontento? ¿No cree que el “régimen” está todavía muy vivo?
Efectivamente, nos enfrentamos a adversarios poderosísimos que están acostumbrados a ganar siempre, incluso cuando parece que no han ganado a veces ganan también, pero el juego es así. De momento, lo que hemos conseguido creo que nadie se lo podía imaginar, creo que las élites nunca vieron un actor con las capacidades que ha demostrado Podemos. Eso no quiere decir que a partir de ahora no vaya a ser difícil, es más, va a ser mucho más difícil, cada vez va a ser más difícil y yo creo que eso se nota. Nosotros fuimos capaces de patear el tablero, de reponernos y salir muy reforzados de ataques muy agresivos. Me acuerdo perfectamente de lo que me preguntaban en las entrevistas en octubre o noviembre, y creo que tuvimos un resultado electoral espectacular. Pero eso no cambia que la situación económica del país es difícil, que el poder de las élites es enorme, que nosotros podemos sufrir el desgaste de nuestras contradicciones y que la política no termina de... Es extremadamente complicado. Bueno, pues tendremos que adaptarnos y seguir combatiendo, haciendo eso que pedía Gramsci: “Necesitamos toda la fuerza, toda la inteligencia y toda la ilusión en un combate que es difícil y donde el adversario siempre es muchísimo más poderoso”.
Eso recuerda un poco al Atleti del Cholo Simeone, una especie de tercera vía insumisa y solidaria contra la bipolaridad... deportiva y política.
Siempre me ha entusiasmado el Cholo Simeone y su Atlético de Madrid por eso. Es un equipo con menos recursos deportivos que los grandes y sin embargo con una enorme pasión y un estilo muy descarado y muy disciplinado al mismo tiempo. Y probablemente por eso el Cholo ha conseguido colocar a su equipo al nivel del Real Madrid o del Barça, y eso a mí me gusta. Me gusta su carácter.
Uno de sus lemas es "No consuman". Hay un video de 2013 en el que usted dice que le indigna que IU aceptara una consejería de Turismo en Andalucía y no exigiera un telediario. Eso son las cuotas de la RAI... Y añadía que en Turismo solo se podía crear empleo…
En aquella época podía decir lo que me diera la gana, no había consecuencias en lo que decía. Ahora tendría que ser mucho más prudente. Pero básicamente la idea que pretendía transmitir es que si haces política y vas a gobernar, quizá tenga sentido, sobre todo si lo vas a hacer desde una posición de debilidad, intentar intervenir en aquellas áreas que son más importantes y donde realmente se pueden lograr cambios en la vida de la gente o en la construcción del relato, que es una cosa fundamental en política. Y eso lo sigo pensando.
¿En un hipotético acuerdo de gobierno con el PSOE, incluirían una reivindicación de ese tipo? ¿Controlar los informativos?
Pero no necesariamente para que estuviéramos nosotros. Nosotros tuvimos un debate sobre si gobernar o no con el Partido Socialista y al final todos tuvimos claro que si gobernamos, gobernamos. Si vamos en serio, vamos en serio. Y eso quiere decir que asumimos todas las contradicciones, todos los problemas, que podremos hacer cosas mal, que nos van a dar duro… Pero que no vamos a hacer esto a medias. Gobernar implica asumir responsabilidades de gobierno y asumirlas en muchos ámbitos, las que puedan ser aparentemente más sencillas y más inocuas pero las más importantes también. Yo creo que eso forma parte del estilo de Podemos desde el principio. No nacimos para ser una fuerza política testimonial o subalterna, sino para intentar ganar. A veces lo conseguiremos, a veces no, haremos cosas bien y cosas mal, pero desde el principio nuestra mentalidad ha sido ganadora. Creo que esa es una de las cosas que explica también la caña que nos dan. Hemos sido y somos muy osados y muy descarados, y es lógico que quien lleva muchos años en esto diga: pero bueno, ¿qué os habéis creído? Seguramente, si no hubiésemos sido así, no estaríamos donde estamos.
Hablemos de Italia, ¿qué aprendió allí?
Estuve primero de Erasmus cuando estudiaba cuarto de Derecho. Ese viaje me cambió la vida, también políticamente. Podría decir que políticamente soy un italiano, en Italia hice mi cabeza para pensar la política. Después he estado muchas más veces para viajes más cortos, y en 2007 estuve seis meses redactando mi tesis doctoral en Florencia… El Erasmus lo hice en Bolonia. Era muy importante políticamente, con una histórica alcaldía del Partido Comunista prácticamente desde después de la Segunda Guerra Mundial… Bologna La Rossa, la capital de la Emilia Romagna… Esos lugares tan importantes para el desarrollo italiano. Allí aprendí muchísimo.
¿Conoció los centros sociales? ¿Leyó a Gramsci y a Agamben, a los que tanto cita?
Cuando llegué era militante de las Juventudes Comunistas, con todas sus cosas bonitas y sus encantos. Era una organización muy clásica, muy dogmática, y además no era muy habitual entre los cuadros de las juventudes tener una formación cultural amplia. Había excepciones, en aquella época conocí a Manolo Monereo, y desde entonces le empecé a admirar muchísimo. Italia era otro planeta. Cuando vi los centros sociales, cuando vi las librerías, cuando me empecé a adentrar en las historias de los movimientos sociales de los años 70… Se abrió otro mundo. Allí conocí a amigos con los que después he coincidido en Podemos: a Gemma Ubasart, que también estaba de Erasmus. Allí empezaron una serie de lecturas, aprendí un idioma que no tiene la misma utilidad que el inglés... Pero para la política saber italiano marca la diferencia. Poder leer Il Manifesto, La Repubblica, tener acceso a unos textos que solo están en italiano… Italia tuvo mucha influencia sobre algunas generaciones de activistas madrileños y de otros lugares, y seguramente tiene mucho que ver con la forma en la que se hizo Podemos.
¿Estaba en Génova cuando sucedió la masacre de la Escuela Díaz?
Estaba en el autobús volviendo a España, era uno de los portavoces del Movimiento de Resistencia Global de Madrid, y como hablaba italiano estuve en la avanzadilla. Fue un movimiento que analicé con muchísimo detalle en mi tesis doctoral. Hice una versión de la tesis, que es ‘Desobedientes’, que cuenta aquello con mucho detalle...
Un inciso. Willy Veleta quiere saber con quién va a ver el nuevo episodio de Juego de Tronos
Es un secreto que me voy a llevar a la tumba.
¿Con el Rey? ¿Con el Rey emérito?
No lo puedo decir. ¿Te imaginas? Los dos en un sofá tapados con una manta...
¿Usted cree que Jon Snow… sí o no? Sin hacer spoiler...
A mí me encantaría que sí. Leí en la prensa que tenía contrato, así que eso me hace soñar con que se salva, pero no tengo ni idea de lo que pasará.
Bloque 2. ¿CRISIS, QUÉ CRISIS?
"Nadie es imprescindible en Podemos, tampoco sobra nadie"
¿Hace cuánto tiempo que conoce a Íñigo Errejón?
Nos conocimos cuando yo empecé a estudiar la segunda carrera, en Políticas. Nos llevamos cinco años. Yo tendría 23 y él 18.
Él era un benjamín entonces.
En realidad nunca ha dejado de serlo...
Un lector pregunta si son conscientes del tirón social que tiene la dupla Pablo Iglesias-Errejón. Y añade: ¿Qué aporta cada uno a Podemos?
En Podemos todos aportamos y Podemos no se explica por una, dos o cuatro personalidades. Eso es importante. Incluso en una fuerza política como la nuestra en la que el liderazgo fue desde el principio un instrumento político imprescindible. Ahora hay una coralidad y una necesidad de recuperar el protagonismo de la gente que yo creo que nos debería hacer pensar que Podemos no es el resultado de una, de dos, de cuatro personalidades y de cómo se relacionan. En este caso Íñigo y yo hemos trabajado juntos muchísimos años y ha habido una compenetración intelectual enorme. Hemos hecho muchas cosas juntos, probablemente no haya nadie con quien yo haya firmado tantos artículos académicos como con Errejón. Aun así Podemos está por encima de mí, por encima de Íñigo y por encima de cualquier otro compañero.
¿Cómo definiría sus visiones políticas respectivas? Se dice que Errejón es más peronista, amante del populismo latinoamericano, y que usted sería más un comunista. ¿Responde a la realidad o es esquemático?
Son etiquetas que facilitan la literatura, la manera en que se puede construir un relato, las explicaciones de las cosas. En realidad la formación intelectual del primer grupo de personas de Podemos tiene que ver con una práctica colectiva en la que nos pudimos especializar en diferentes cosas y en la que hay una serie de elementos comunes que nos definen como grupo. Por una parte, el interés que todos teníamos en los fenómenos latinoamericanos, por otra parte nuestras experiencias militantes en movimientos sociales, colectivos de la izquierda radical, y a partir del 15M, a través de la discusión que introdujimos en La Tuerka, una reflexión muy coral en la que participamos muchos sobre las posibilidades de intervención política en España. Todo eso, marcado por nuestro trabajo. Asesoramos a IU, yo estuve después en Galicia con Alternativa Galega de Esquerda. Todas esas experiencias, unidas al hecho de que yo había conseguido abrirme un hueco en los medios de comunicación, nos permitieron lanzar una apuesta política, que fue Podemos. Las etiquetas que tratan de identificar ideológicamente a todos y situarnos para ver quién está más a la izquierda, quién es más moderado… Se producen porque facilita la lectura, el relato. Pero son demasiado esquemáticas para entender cómo pensamos. Lo mejor para entendernos es leer lo que producimos y lo que escribimos, los diálogos entre nosotros...
¿Cuántas almas hay en Podemos, cuáles son las corrientes? Comunistas, anticapitalistas, populistas, indignados del 15M, asociados a CEPS, cristianos de base…
Hay una multiplicidad de posiciones y de historias personales y de biografías, pero en Podemos, por suerte, de momento, no diría que hay diferentes corrientes o almas sino diferentes maneras de ver las cosas, en las que basculamos muchas veces nosotros mismos. Cualquiera que viera un debate en el Consejo Ciudadano o en la Ejecutiva vería cómo cualquiera de nosotros basculamos, en función de los temas y de la discusión concreta. Aunque es muy atractivo calificar con etiquetas y las categorías permiten hacer mapas que nos dan la impresión de entender mejor las cosas, sería muy difícil definir Podemos como una suma de familias políticas que se identifiquen con esas etiquetas. Creo que los elementos fundamentales de Podemos los compartimos todos y que luego en las cosas que podemos discrepar, no discrepamos como grupos organizados, sino como individuos; y eso es positivo.
¿Qué ha pasado en estas últimas semanas, qué balance hace de lo que ha ocurrido en el partido?
En política a veces hay que hacer cambios, mejoras. Esos cambios a veces son difíciles y tienen consecuencias difíciles o incluso desagradables. Pero son imprescindibles. A mí como secretario general me corresponde tomar una serie de decisiones. A veces son muy agradables, divertidas de tomar, y otras son difíciles y desagradables pero no menos necesarias para que vayamos haciendo las cosas mejor. En el caso de una política tan nueva, en una fuerza política en la que el cariño y el amor entre nosotros ha sido tan determinante, seguramente cualquier cambio, cualquier decisión difícil se acusa más. Pero eso forma parte de lo que somos y a mí me gusta que seamos así. Que a nosotros se nos note la tristeza cuando tomamos una decisión difícil en lugar de una sonrisa mal dada creo que habla bien de nosotros.
¿Diría que ha sido una crisis, una fractura, una implosión, una pre-refundación? ¿O un golpe de mano de la Secretaría General?
Diría que es un cambio que recoge una tendencia que es necesaria. Se lo decía a los secretarios de organización cuando hablaba con ellos, les decía que el modelo organizativo surgido de Vistalegre fue seguramente imprescindible para esa etapa pero que ahora toca abrir una etapa nueva, una etapa en la que necesitamos más protagonismo de los territorios, de los círculos, una etapa distinta a aquella en la que teníamos que construir un partido a toda velocidad y afrontar una serie interminable de procesos electorales que eran difíciles. Ahora ya somos otra cosa, estamos mucho más consolidados y creo que toca recuperar un tono organizativo distinto que apueste de manera inequívoca por el protagonismo de la gente y de los círculos. Por eso creo que si el Consejo Ciudadano tiene a bien respaldar la candidatura de Pablo Echenique para ser secretario de Organización, creo que él va a encarnar de manera perfecta ese cambio de tono.
Empleó un tono muy duro en el comunicado de la destitución de Sergio Pascual, en el que algunos han visto un tufo al viejo PCE. Quizá sus votantes echan de menos un poco de autocrítica. ¿Qué errores cree haber cometido desde el 20D? ¿Es consciente de haber cometido errores?
Seguramente sí. Cualquier error político que cometa la organización yo lo tengo que asumir como propio. La crítica y la autocrítica son fundamentales. Muchas veces nosotros, y yo en particular, no somos capaces de comunicar con eficacia. Eso implica un manejo de los tonos y de los registros con los que, a veces, acertamos, y con los que, otras, no acertamos. Eso está muy bien verlo, y cuando te das cuenta de que lo podíamos haber hecho mejor, pues tratar de mejorarlo.
Para ser concretos ¿está hablando de la cal viva y del beso a Pedro? Me refiero al tono...
No necesariamente... En los debates parlamentarios los tonos son duros. Hay que recordar las cosas que se nos dijeron a nosotros. Pero es verdad que muchas veces los tonos pausados y calmados son más eficaces que los tonos más duros. Eso es una cosa que también se va aprendiendo con el tiempo. No es menos cierto también que nosotros estamos donde estamos precisamente porque a veces supimos mantener un tono duro. Mientras el cinismo campaba a sus anchas en los discursos políticos, nosotros fuimos capaces de hablar políticamente del dolor. De decir que mientras estamos hablando aquí, hay gente que está sufriendo mucho, gente a la que están echando de sus casas y gente que lo está pasando muy mal. Pero la política también es el arte de la modulación, y la clave es saber encontrar en cada momento el tono que funciona mejor.
Ha dicho antes que tenía mucha complicidad con Errejón. En pasado. ¿Teme que acabe yéndose del partido?
No lo creo. Del mismo modo que nadie es imprescindible en Podemos, tampoco sobra nadie en Podemos. Estoy convencido de que todos, en este proceso y en este camino, seguiremos aportando lo mejor de nosotros mismos.
¿Qué errores ha cometido Errejón?
Yo creo que Íñigo lo ha hecho bastante bien. Es una magnífica cabeza, es un magnífico intelectual que además practica la política, es un intelectual útil, con el que ha habido una gran complicidad. Y estoy convencido de que la colaboración intelectual y política con Íñigo y con todos los demás compañeros, con Carolina Bescansa, Rafa Mayoral, Pablo Bustinduy… con todos los compañeros con los que trabajo va a continuar, porque además es un elemento imprescindible dentro de Podemos. La política también tiene fases, tiene épocas, y todos estamos madurando mucho: estas semanas en las que han ocurrido décadas, estos meses en los que ha pasado tanto tiempo en España, nos han hecho madurar. Lo que estamos viviendo son momentos de maduración que pueden tener sus puntos dolorosos pero creo que nos van a sacar mucho más fuertes y mucho más eficaces. Nosotros, al fin y al cabo, hemos tenido que hacer en dos años lo que otros han podido hacer en diez o en quince. Es lógico que eso implique ciertos momentos traumáticos, es normal.
Emmanuel Rodríguez ha escrito en Diagonal que los dimitidos del Consejo Ciudadano y otros errejonistas llevaban meses negociando con el PSOE y C’s una moción de censura contra el PP en la Comunidad de Madrid. ¿Usted lo supo?
Yo hablé con José Manuel López (líder de Podemos en la Asamblea de Madrid), que me transmitió esa posibilidad, y le dije que era, evidentemente, una posibilidad interesante, que era una cuestión enormemente importante que teníamos que debatir con calma, que de alguna manera revelaba una contradicción de Ciudadanos, que ante la posibilidad de un gobierno distinto en la Comunidad de Madrid daba la impresión de que prefiere al Partido Popular. Es una opción que hay que pensar y efectivamente sí me han transmitido que es algo a lo que estaban dando vueltas...
¿Y eso lo hizo un grupo afín a Errejón sin su conocimiento?
En ningún caso. De hecho, en el Parlamento no se funciona por grupos ni por corrientes. En todos los parlamentos se funciona orgánicamente como grupo parlamentario y evidentemente tienes que informar, y las decisiones las toma el Consejo Ciudadano, como no podría ser de otra manera.
Hablemos de las confluencias. Las relaciones con Galicia, Valencia y Catalunya no parecen demasiado fluidas...
Yo creo que en esos tres lugares el resultado electoral de los encuentros, que en cada sitio han tenido matices diferentes, han sido buenos. La unión de Podemos con otros actores políticos, tanto en Cataluña como en la Comunidad Valenciana como en Galicia ha producido resultados electorales espectaculares. En Cataluña, al igual que en Euskadi, donde íbamos solos, hemos sido la primera fuerza política, y en la Comunidad Valenciana y en Galicia, igual que en Madrid, en Canarias, en Navarra y en Baleares, donde íbamos solos, hemos sido segunda fuerza. Creo que las cosas van bastante bien y hay bastante satisfacción por parte de todos los actores respecto a cómo han funcionado esas confluencias, y estoy convencido de que se repetirán. Hay una relación en algunos casos de verdadera amistad, por ejemplo, con Yolanda Díez en Galicia, es amiga mía desde hace muchos años, políticamente nos entendemos muy bien, con Xosé Manuel Beiras me entiendo muy bien, con Mónica Oltra me entiendo de maravilla, así como con los compañeros catalanes... Creo que las cosas han funcionado muy bien.
Gerardo Tecé, desde Sevilla, le pregunta: Cataluña y Andalucía han sido tradicionalmente las grandes bolsas de votos que han llevado al PSOE al Gobierno estatal. Parece claro que son las mismas bolsas de votos que Podemos necesitaría para no ser acompañante, sino cabeza de cartel. En Cataluña las cosas les van bien, pero en Andalucía, que es el lugar donde el paro y la desigualdad pegan más fuerte, un lugar que teóricamente debiera ser terreno sembrado para Podemos, están muy, muy lejos del PSOE. Les doblaron en voto en las generales. ¿A qué se debe?
A la estructura social de España. Aun así, lo que nosotros hicimos en Andalucía es increíble, en las elecciones de marzo tuvimos más del 14% y en las elecciones generales, en torno al 17%, ¡en Andalucía! Es verdad que nuestro voto se ha concentrado, como históricamente el voto del cambio en España, en las grandes ciudades y las periferias, en zonas más industrializadas. Aun así, el resultado en Andalucía, para lo que es la estructura social de este país y de Andalucía, es impresionante. Es un desafío mejorarlos. Teresa Rodríguez tiene muy claros los pasos que tenemos que dar para seguir avanzando en Andalucía y ganar. El análisis de Gerardo es correcto: para el Partido Socialista fueron fundamentales esos dos bastiones simultáneamente, Zapatero no hubiera ganado sin contar los resultados en Cataluña y en Andalucía. En Cataluña parece que ahora la fuerza hegemónica somos nosotros y en Andalucía va a costar un poco más pero creo que estamos trabajando en la buena dirección.
Está usted entrando en la segunda parte de la entrevista a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.
En estos dos últimos bloques, Iglesias analiza de forma exhaustiva la situación política española y, más brevemente, la europea.
Durante la conversación, Iglesias muestra su cara más profesional, suave y constructiva. Vestido con piel de cordero, usa a menudo el latiguillo “yo creo que” para dar una imagen más dialogante y escapar de las reiteradas acusaciones --incluso internas-- de arrogancia. Afirma que la gran coalición sería un suicidio para el PSOE, y anima a los socialistas a volver a su programa electoral y a abandonar el "pacto de derechas" con Ciudadanos para formar un gobierno con Podemos, IU, Compromís y los votos favorables del PNV, incidiendo en que la abstención de los grupos catalanes, que el PSOE se niega en redondo a negociar, no supondría ningún deshonor o trauma.
Iglesias argumenta que, si el PSOE rectifica tres puntos clave de su acuerdo con C’s (reforma laboral, reforma fiscal, salario mínimo), Podemos no pondrá ningún obstáculo a que Pedro Sánchez sea presidente, y devolviéndole la anáfora de la investidura, añade que, si este quiere, puede haber un Gobierno progresista "la semana que viene”.
Al mismo tiempo, el líder del partido morado subraya que la presión que ha sufrido Sánchez por parte de su partido y de los poderes financieros es "asfixiante", y reitera la idea de que esos poderes no dejarán que el PSOE pacte con Podemos. Pero descarta que su partido se plantee abstenerse in extremis para dejar gobernar en minoría al PSOE con C's: "Cuando una fuerza política con 5,3 millones de votos le dice a otra con 5 millones, en una situación en la que podrían gobernar juntos perfectamente, 'no, usted pase a la oposición, que va a influir mucho…'. Pues lo mismo podríamos decir nosotros: pasen ustedes a la oposición e influyan".
Sobre Europa, cuenta que mantienen contactos con diversas fuerzas de izquierda (Bloco de Esquerda, PS belga, disidentes del PS francés, Mélenchon...) para forjar alianzas capaces de modular la política económica de la UE. Su idea es que "hay que construir un nuevo espacio con los sectores de la socialdemocracia que quieren recuperar los estados del bienestar en Europa".
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2015.03.31 14:32 David_026 ARTÍCULO INTERESANTE APARECIDO EN REBELIÓN.ORG PARA EL DEBATE EN NUESTRA FORMACIÓN.

La estrategia de Podemos Autor: José López
La estrategia de cualquier organización política debe siempre adaptarse a los resultados prácticos obtenidos. En cualquier guerra la estrategia es uno de los factores claves del éxito o del fracaso. Y la política es sin dudas una guerra, aunque una guerra cuyas armas son las ideas. Para ganar son imprescindibles la crítica y la autocrítica, sin límites.
Las resultados de las recientes elecciones en Andalucía son claros: el bipartidismo está tocado, pero no muerto, ni siquiera herido de muerte, IU se ha hundido, Ciudadanos irrumpe con más fuerza de la esperada, el PP se hunde, pero sigue siendo la segunda opción más votada, el PSOE se mantiene como el partido hegemónico, y Podemos irrumpe con fuerza, pero con menos de la esperada. Los resultados en Andalucía no son totalmente extrapolables al resto de España, pero lo que está claro también es que Andalucía no es ajena a España. Creo que tanto en IU como en Podemos debe plantearse un debate urgente sobre sus respectivas estrategias. Urgente porque dentro de poco tenemos nuevas citas en las urnas. El tiempo juega en contra.
IU debe tener claro de una vez por todas que su estrategia de actuar como un mero apéndice del PSOE la condena a ser una fuerza testimonial, incluso la amenaza con desaparecer de las instituciones. No olvidemos que ya estuvo a punto de hacerlo en el pasado cuando aún no existía un Podemos. No puede ser que al mismo tiempo que se critica al bipartidismo, que se dice que el PP y el PSOE son lo mismo, se gobierne con uno de ellos. La lección de Andalucía es obvia. Y debe aplicarse para el resto de España. Penosa imagen da una organización que en una comunidad autónoma emplea una estrategia y en otra la contraria. Un partido debe tener cierta cohesión, respetando las peculiaridades locales, pero con ciertas líneas rojas que nadie puede traspasar. Una de esas líneas rojas es la estrategia general. No hablemos ya de las divisiones internas, del sectarismo, de las corruptelas, etc., que ha padecido IU desde hace demasiado tiempo. En mi humilde opinión, o IU espabila de una vez por todas o que sus mejores cuadros, que sus militantes más combativos, se integren en otra organización que sirva mejor a los intereses de las clases populares. Y esa organización es, ahora mismo, sin lugar a dudas, Podemos. Un partido político es un instrumento, un medio, y no un fin en sí mismo. Si dicho instrumento ya no vale habrá que proveerse de otro. Hay que ser sobre todo fieles a los principios, a los ciudadanos más necesitados, al proletariado, y no tanto a las organizaciones. No hay que caer en el “fetichismo de las organizaciones”.
Lo verdaderamente importante es proveerse de ese instrumento político (ya sea un partido o una coalición de partidos) que sea capaz de concentrar los votos de las clases populares, de todos aquellos ciudadanos que reclaman verdaderos cambios. Porque como nos demuestra obstinadamente la realidad, la clave está en el voto. Las movilizaciones populares en las calles son imprescindibles, pero insuficientes. De poco sirve que incluso millones de personas se manifiesten en las calles si luego muchos más millones votan a los enemigos del pueblo. No importa el nombre que tenga dicho partido o frente, ni quien lo lidere. Siempre que se tenga la capacidad de arrastrar a las masas. Lo realmente importante es su programa y su metodología. Un programa que pivote alrededor de dos ejes centrales: rescate ciudadano y proceso constituyente, es decir, democracia real, regeneración democrática profunda. Una metodología que sea radicalmente democrática, que dé el protagonismo a la ciudadanía, a las bases, con la máxima transparencia. Para tener credibilidad ante el electorado hay que ser ejemplar, hay que practicar la coherencia. Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que en el momento presente es Podemos quien tiene mayores posibilidades de vertebrar la imprescindible unidad popular. Lo que no veo tan claro es si Podemos solo puede hacerlo.
La única explicación satisfactoria que podemos encontrar al “misterio” de que muchos ciudadanos, de las clases populares, sigan votando a sus verdugos, al PSOE, al PP, o a otros partidos que defienden básicamente lo mismo, ya sean viejos o nuevos (como Ciudadanos, el necesario recambio del sistema para que todo siga esencialmente igual), es la inconciencia o la falsa conciencia. La clave para cambiar el voto masivamente reside en la conciencia. Y para ello es ineludible tener en cuenta los prejuicios que tienen muchos ciudadanos. Prejuicios impregnados en sus mentes durante décadas de monopolio ideológico del sistema establecido, de las élites que controlan los transmisores de ideas en la sociedad, los grandes medios de comunicación, los creadores de opinión disfrazados de medios de información. No se puede combatir esos prejuicios sin tenerlos en cuenta. Uno de los factores del éxito de Podemos comparado con el fracaso de IU es la estrategia frente a esos prejuicios. Para combatirlos hay que prescindir de las banderas ideológicas tradicionales y centrarse en las ideas, prescindir de etiquetas y concentrarse en los contenidos. Por esto, entre otros motivos, Podemos en muy poco tiempo ha logrado mucho más que IU en tantos años. El éxito de Podemos es también consecuencia del fracaso de IU. Podemos ha llegado donde ha llegado por sus propias virtudes, pero también por los errores de la izquierda tradicional.
Ahora bien, los resultados de Podemos en las elecciones andaluzas, por debajo de las expectativas, invitan a la reflexión en el seno de dicha organización. Podemos ha tomado buena nota de muchos de los errores que IU ha cometido durante tantos años, pero no está exento de cometer también errores, nuevos o viejos, incluso de repetir algunos de los errores cometidos por la vieja izquierda. Y uno de esos posibles errores consiste en encerrarse en sí mismo, en no adaptarse rápida y continuamente a una realidad que cambia constantemente. Soy muy consciente de que todo esto que digo es fácil decirlo, es fácil hablar de cosas genéricas, lo complicado es traducirlas a lo concreto, lo difícil es pasar de las generalidades a los detalles. No digamos ya pasar de las palabras a los hechos. La realidad es muy compleja y sólo podemos aspirar a comprenderla en parte. Los datos objetivos pueden interpretarse de muchas maneras. En esa interpretación está la clave para readaptar la estrategia acertadamente o no.
A continuación voy a indicar lo que en mi modesta opinión (la cual, por supuesto, puede estar equivocada) son errores que debería corregir Podemos para que el cambio político sea finalmente posible en nuestro país, no se frustre:
1) Me parece un grave error afirmar tan alegre y contundentemente que el cambio es irreversible, que Podemos va a ganar las elecciones generales. El cambio no será real si no gana con suficiente mayoría un partido (o coalición de partidos) dispuesto a hacerlo. Incluso en el caso de una victoria abrumadora de Podemos éste tendrá muy difícil llevarlo a cabo. Tendrá mil y un obstáculos, a nivel nacional e internacional, necesitará un apoyo popular masivo y sostenido en las calles, requerirá una ciudadanía muy activa. Comprendo que hay que transmitir optimismo, que hay que combatir el derrotismo, pero nunca hay que caer en el triunfalismo o en la arrogancia. Además, ese tipo de afirmaciones incitan sin querer a la apatía. Si el cambio es inevitable para qué movilizarse, para qué votar, para qué esforzarse, puede pensar mucha gente. Creo que los portavoces de Podemos deben ser mucho más prudentes. La historia está llena de ejemplos que muestran claramente que nada es irreversible. Lo ocurrido en Andalucía demuestra sin paliativos que hay que ser más modestos. Lo cual no significa dejar de ser ambiciosos, hay que seguir aspirando a gobernar con una amplia mayoría. Este tropiezo andaluz puede ser una necesaria lección de humildad para Podemos (que estaba sufriendo el síndrome del crecimiento demasiado rápido). Pienso que es suficiente con transmitir la idea de que el cambio es muy posible, que está al alcance de nuestras manos, lo cual dependerá sobre todo de los ciudadanos. 2) Hay que plantearse seriamente la posibilidad de construir alianzas electorales con otras formaciones políticas (no sólo para las elecciones municipales), de abrirse no sólo a ciudadanos que actúen individualmente, sino también a otras organizaciones políticas y sociales. Por supuesto que no se trata de crear una sopa de siglas, de negociaciones entre líderes a espaldas de las bases, pero no puede descartarse que el voto se esté dividiendo entre formaciones cuyos programas son casi idénticos. Dispersión de votos que la ley electoral castiga implacablemente. Este tema hay que pensárselo muy bien pues las alianzas pueden ser un acicate o un obstáculo. Está claro, por un lado, véase lo que le ha ocurrido a IU, que un pacto con el PSOE (incluso mínimo, aunque sólo fuese para permitir su investidura en Andalucía) sería un suicidio político. Por otro lado, no está claro si coaligarse con IU puede ser beneficioso o no. Como ya indiqué en la unidad popular, yo reconozco que tengo muchas dudas, pero también creo que esto debe debatirse mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora, dando también voz a las bases, a los ciudadanos en general. También pienso que no es muy acertado usar “marcas” distintas para las distintas elecciones, considero que dicho instrumento político que canalice la unidad popular debe tener un mismo nombre para todos los ámbitos geográficos. La proliferación de nombres puede despistar a la ciudadanía, no añadamos más confusión a la ya existente. 3) Hay que combatir con contundencia la amenaza que supone Ciudadanos para Podemos o el frente electoral que se constituya. Ese “nuevo” partido puede restarle muchos votos, como tal vez ya lo haya hecho en las elecciones andaluzas. La “operación Ciudadanos” puesta en marcha por el sistema para contrarrestar el “efecto Podemos” empieza a tener éxito. Hay que acorralar a los portavoces de Ciudadanos en público, intentar que se pronuncien sobre los temas en los que sabemos que no suponen una verdadera alternativa al sistema establecido, insistiendo en aquellas cuestiones en las que Podemos sí lo es frente a ellos, hay que desenmascarar ante la ciudadanía a esos falsos profetas. El sistema no lo hará por nosotros. Ciudadanos no va a sufrir el acoso mediático que ha padecido Podemos, todo lo contrario. Podemos debe hacerle ver a la gente el doble rasero empleado por la casta mediática. Expliquemos a la ciudadanía qué ha hecho Ciudadanos en el parlamento catalán, de qué lado ha votado, qué propone, hablemos de sus imputados, de la actitud de esos “periodistas” de la casta frente a ellos,… Nunca hay que perder de vista que mucha gente todavía está muy desinformada, sólo ve la televisión. Hay que combatir la operación Ciudadanos, puesta en marcha con el claro objetivo de que Podemos, por lo menos, deje de crecer. Hay que contraatacar. Nunca hay que subestimar al enemigo. 4) No se debe depender excesivamente de los viejos medios de propaganda , en posesión de nuestros enemigos. Por supuesto, nunca hay que desaprovechar las ocasiones de usarlos para nuestra causa. Grave error es no acudir a la televisión a debatir con nuestros enemigos para acudir a un mitin de unos pocos cientos de personas. Debe hacerse una labor continua de propaganda (pero diferente a la de nuestros enemigos, con propuestas muy concretas) tanto en las televisiones como en los barrios y en los pueblos (y no sólo durante las campañas electorales). Esto implica mucho trabajo. Para lo cual hay que distribuirlo todo lo posible. Hay que movilizar a las bases, éstas no deben limitarse a escuchar, a aplaudir, a vitorear, a dejarse convencer, también deben participar activamente en la concienciación de sus respectivos ámbitos sociales particulares (ver Los límites de Podemos). Los círculos Podemos pueden y deben desempeñar un papel primordial para contrarrestar la desinformación y para hacer llegar a la gente corriente que sólo se “informa” a través de la caja tonta lo que en verdad defendemos, lo que en verdad hacen y defienden nuestros enemigos. Si cada uno de nosotros es capaz de convencer a unos pocos y a su vez éstos siguen la labor de convencer a otros entonces sí será posible dar ese necesario salto para que se produzcan cambios políticos reales en nuestro país. Repito: no podemos permitirnos el lujo de jugar todo a una carta, carta que encima no controlamos, la controlan nuestros enemigos, debemos diversificar todo lo posible las formas de llegar a la gente, con medios tradicionales y nuevos, ajenos y propios. 5) Siempre hay que dar todas las explicaciones posibles y a tiempo. Grave error fue la tardanza de Juan Carlos Monedero para comparecer en rueda de prensa. Si aún no se dispone de los papeles necesarios para corroborar las afirmaciones, como mínimo, habrá que decir, cuantas veces sean precisas, que se va a dar explicaciones en breve, explicar las causas del retraso. Nunca hay que negarse a contestar a ningún periodista, ni siquiera a los más hostiles. La casta no se quedará de brazos cruzados y continuarán los ataques a Podemos a medida que se acerquen las citas electorales. Todo dependerá también de si dicha formación crece o se estanca. Cuanto más crezca más atacada será. Debemos estar preparados y saber cómo defendernos, además de contraatacar. Cualquier error que cometamos, por pequeño que sea, lo pagaremos muy caro, a diferencia de nuestros enemigos. Quien lucha contra el sistema establecido debe saber a qué atenerse. 6) Desconfiemos aún más de las encuestas. No dejemos que nos condicionen demasiado en nuestra ardua labor. Las verdaderas encuestas son las urnas. Las encuestas pueden jugarnos malas pasadas, tanto en un sentido como en otro. Tanto para hacernos creer que no tenemos nada que hacer porque no tenemos opciones como para hacernos creer que no hace falta hacer mucho porque tenemos el éxito garantizado. Trabajemos insistentemente sin depender de ellas, sin nunca perder de vista que el pueblo es voluble, que tan pronto puede apoyarnos como dejar de hacerlo. Y más, si cabe, en los tiempos tan convulsos que estamos viviendo. Quienes controlan los medios de comunicación, quienes controlan los resortes del Estado, saben perfectamente que la opinión pública es muy maleable. 
No tenemos el éxito garantizado, no caigamos en la autocomplacencia, no nos acomodemos. Los tropiezos son una oportunidad para mejorar nuestra lucha, para reaccionar, para ser más eficientes. De nosotros depende. El cambio es posible, pero no irreversible. Pensar que es imparable es el peor error de todos, error que no podemos permitirnos, error que nos puede condenar al fracaso. ¡No nos fallemos! Claro que podemos ganar, pero siempre que no perdamos de vista que también podemos perder. La ilusión puede dar paso a la decepción.
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2015.01.10 17:48 AlexEnOgo Comunicat de presentació del Consell Ciutadà de València / Comunicado de presentación del Consejo Ciudadano de València

Valencià
El passat 2 de gener de 2015 va finalitzar el procés de conformació dels Consells Ciutadans Municipals, òrgans formals de Podem en pobles i ciutats. Totes les persones inscrites a València hem pogut participar en l'elecció del Secretari General, les 12 conselleres i els 12 consellers que ara integrem aquest Consell Ciutadà Municipal. Allà anem:
Volem començar amb tres coses: una explicació, un agraïment i una promesa. Una explicació per no haver publicat aquest comunicat amb anterioritat. Moltes de les persones que us escriuen aquestes línies porten dies sense descansar i no volíem que aquesta presentació fóra un text escarit per a complir amb el tràmit sinó un que poguera aportar informació, per general que siga, interessant.
Un agraïment pel suport rebut cap a aquest equip, que comença amb poques hores de somni però amb una il•lusió que no ens cap en el pit, però també un agraïment a cadascuna de les 1.890 persones que han participat en un procés tan innovador com a aquest. Gràcies pel vostre compromís, dedicació i paciència.
Una promesa: anem a posar tot el nostre cervell, cor, mans, esforç, esperança i alegria en la tasca de construir, juntament amb totes les gents valentes que vulguen acompanyar-nos, una eina al servei de la participació ciutadana i la recuperació de la ciutat per a la gent. Una eina per a parlar i interpel•lar a totes les persones que són Podem, s’anomenen així o de forma diferent: ens necessitem tots i totes en la tasca de canviar el país i assegurar un futur que no siga un desert per als nostres joves i un cementeri per als nostres majors: sostre, treball, pa, salut, educació, serveis socials, cultura, dret a la ciutat... La nostra elecció com a membres d'aquest Consell Ciutadà és un contracte amb tots i totes per a treballar per aquest horitzó democràtic.
Anem a organitzar el Consell al voltant de diferents àrees de treball amb les quals poder donar resposta a aquestes prioritats. Ací teniu les inicials:
• Estratègia Política
• Comunicació i Premsa
• Xarxes Socials
• Participació i Relació amb els Cercles
• Finances
• Municipalisme i Movimients Socials
• Treball y Precarietat
• Drets Socials
• Dret a la Ciutat
• Cultura
• Territori i Sostenibilitat
• Habitatge
• Igualtat
Volem impulsar, a més, noves formes d'interlocució amb la ciutadania, així com plataformes per al control dels membres del Consell: integració amb la Coordinadora de Cercles, assemblees de control presencials i retransmeses en directe, publicació d'actes i informes, videoblogs i videoactas, plaça pròpia en Reddit per al debat i l'enriquiment conjunt del projecte...
Avui hi ha ja una majoria ciutadana que té clar allò fonamental fonamental: el règim polític del 78 està esgotat i els partits que ho han sustentat no tenen un projecte de país que no passe pel subdesenvolupament. Que no vol que a la seua gent la tiren de les seues cases ni dels seus treballs, que no vol veure marxar-se a l'estranger als seus fills i filles després de tota una vida sacrificant-se per a poder donar-los estudis, que no vol veure als seus majors passar els últims anys de la seua vida amb pensions de misèria... El canvi polític és possible, però només tenim un cartutx i cal estar a l'altura, i això implica construir Podem en els nostres municipis amb la major de les audàcies. A açò ens devem els signants d'aquest text.
2015 va a ser un any molt dur, però també de celebració. La campanya de descrèdit i fustigació de les elits va a anar en augment a mesura que s'acosten les eleccions generals. No importa. Hi ha tot un poble cansat de governs als quals no els dolen els problemes de la seua gent. Tot un poble que ja no es creu les campanyes de la por i que enguany va a demostrar que estem preparats, que anem a tirar-los i que anem a construir un país per a la gent. El 31 de gener tenim la primera cita: anem a omplir els carrers de Madrid de dignitat, il•lusió i canvi.
El somriure està canviant de bàndol. Cordeu-se els cinturons: en 2015 comença el canvi!
Signen este comunicat:
Jaime Paulino, Andreu Tobarra, Anna Gimeno, Áurea Ortiz, Carla Monleón, Álex Rodríguez, David Torres, Francisco Juan, Illán López, Javier Arizmendi, Ximo Flores, Juan Antonio Santos, María Oliver, Lola Saiz, Marifé Blanes, Marisa Simón, Mauricio Méndez, Mireya Royo, Noelia García, Pablo Catalá, Pilar Lima, Roberto Jaramillo, Rosa Gonzálbez, Sara Verdú y Vicente Nadal.
Contacte:
Facebook: Podem València - Podemos València Twitter: @PodemCiVal Email: [email protected]
Castellano
El pasado 2 de enero de 2015 finalizó el proceso de conformación de los Consejos Ciudadanos Municipales, órganos formales de Podemos en pueblos y ciudades. Todas las personas inscritas en València hemos podido participar en la elección del Secretario General, las 12 consejeras y los 12 consejeros que ahora integramos este Consejo Ciudadano Municipal. Allá vamos:
Queremos empezar con tres cosas: una explicación, un agradecimiento y una promesa. Una explicación por no haber publicado este comunicado con anterioridad. Muchas de las personas que os escriben estas líneas llevan días sin descansar y no queríamos que esta presentación fuera un texto escueto para cumplir con el trámite sino uno que pudiera aportar información, por general que fuera, interesante.
Un agradecimiento por el apoyo recibido hacia este equipo, que despega con pocas horas de sueño pero con una ilusión que no nos cabe en el pecho, pero también un agradecimiento a cada una de las 1.890 personas que han participado en un proceso tan novedoso como este. Gracias por vuestro compromiso, dedicación y paciencia.
Una promesa: vamos a poner todo nuestro cerebro, corazón, manos, esfuerzo, esperanza y alegría en la tarea de construir, junto con todas las gentes valientes que quieran acompañarnos, una herramienta al servicio de la participación ciudadana y la recuperación de la ciudad para la gente. Una herramienta para hablar e interpelar a todas las personas que son Podemos, se llamen así o de forma distinta: nos necesitamos todos y todas en la tarea de cambiar el país y asegurar un futuro que no sea un desierto para nuestros jóvenes y un cementerio para nuestros mayores: techo, trabajo, pan, salud, educación, servicios sociales, cultura, derecho a la ciudad... Nuestra elección como miembros de este Consejo Ciudadano es un contrato con todos y todas para trabajar por ese horizonte democrático.
Vamos a organizar el Consejo en torno a distintas áreas de trabajo con las que poder dar respuesta a estas prioridades. Aquí tenéis las iniciales:
• Estrategia Política
• Comunicación y Prensa
• Redes Sociales
• Participación y Relación con los Círculos
• Finanzas
• Municipalismo y Movimientos Sociales
• Trabajo y Precariedad
• Derechos Sociales
• Derecho a la Ciudad
• Cultura
• Territorio y Sostenibilidad
• Vivienda
• Igualdad
Queremos impulsar, además, nuevas formas de interlocución con la ciudadanía, así como plataformas para el control de los miembros del Consejo: integración con la Coordinadora de Círculos, asambleas de control presenciales y retransmitidas en directo, publicación de actas e informes, videoblogs y videoactas, plaza propia en Reddit para el debate y el enriquecimiento conjunto del proyecto...
Hoy hay ya una mayoría ciudadana que tiene claro lo fundamental: el régimen político del 78 está agotado y los partidos que lo han sustentado no tienen un proyecto de país que no pase por el subdesarrollo. Que no quiere que a su gente la tiren de sus casas ni de sus trabajos, que no quiere ver marcharse al extranjero a sus hijos e hijas después de toda una vida sacrificándose para poder darles estudios, que no quiere ver a sus mayores pasar los últimos años de su vida con pensiones de miseria... El cambio político es posible, pero solo tenemos un cartucho y hay que estar a la altura, y eso implica construir Podemos en nuestros municipios con la mayor de las audacias. A eso nos debemos los firmantes de este texto.
2015 va a ser un año muy duro, pero también de celebración. La campaña de descrédito y hostigamiento de las élites va a ir en aumento a medida que se acerquen las elecciones generales. No importa. Hay todo un pueblo cansado de gobiernos a los que no les duelen los problemas de su gente. Todo un pueblo que ya no se cree las campañas del miedo y que este año va a demostrar que estamos preparados, que vamos a echarlos y que vamos a construir un país para la gente. El 31 de enero tenemos la primera cita: vamos a llenar las calles de Madrid de dignidad, ilusión y cambio.
La sonrisa está cambiando de bando. Abrocháos los cinturones: ¡en 2015 empieza el cambio!
Firman este comunicado:
Jaime Paulino, Andreu Tobarra, Anna Gimeno, Áurea Ortiz, Carla Monleón, Álex Rodríguez, David Torres, Francisco Juan, Illán López, Javier Arizmendi, Ximo Flores, Juan Antonio Santos, María Oliver, Lola Saiz, Marifé Blanes, Marisa Simón, Mauricio Méndez, Mireya Royo, Noelia García, Pablo Catalá, Pilar Lima, Roberto Jaramillo, Rosa Gonzálbez, Sara Verdú y Vicente Nadal.
Contacto:
Facebook: Podem València - Podemos València Twitter: @PodemCiVal Email: [email protected]
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2014.09.04 21:59 10parrales Comentarios al pre-borrador de Ponencia Política de PODEMOS (2ª parte)

Se puede leer la 1ª parte aquí: http://redd.it/2fg189
¿Quiénes son “los sectores dominantes”?
El documento, para referirse a nuestros enemigos los denomina “los de arriba” o “los sectores o élites dominantes”. Pero creo que debemos ser más explícitos ¿Quiénes son “los de arriba” y “los sectores dominantes”? ¿Qué aspecto tienen? ¿Qué los hace estar “arriba” y ser “dominantes”?
Creo que debemos identificar a “los de arriba” como a la clase social dominante, que son los propietarios de las principales palancas y sectores estratégicos de la economía que dominan al conjunto de la sociedad: la gran industria, la banca, las grandes redes de transporte y de telecomunicaciones, los grandes centros comerciales, y los latifundios. Son los grandes empresarios o burgueses, en la terminología marxista. Los “políticos” de la derecha y de la socialdemocracia (PSOE) no son más que agentes a sueldo de aquéllos, y tienen en su bolsillo a los principales medios de comunicación (El País, La Razón, El Mundo, La Sexta, etc. y sus periodistas “estrella”). Y el aparato del Estado (fuerzas policiales, judiciales, altos funcionarios y diplomáticos, Monarquía) está destinado a salvaguardar los intereses de la clase dominante. No por casualidad, los jueces y los altos jefes militares y policiales se reclutan, casi sin excepción, de la clase dominante.
Si estamos de acuerdo con que éstos son “los de arriba” y “los sectores o élites dominantes”, creemos que sería más fácil para su identificación general llamarlos, además, por su verdadero nombre. Y coincidiría con la experiencia práctica que tienen millones de trabajadores y sectores amplios de las capas medias empobrecidas, sobre quiénes son sus enemigos y los responsables de quienes les hacen sufrir y padecer.
La “ruptura” del Pacto Constitucional de 1978
Hay otro aspecto que me parece importante señalar. En un par de ocasiones se hace referencia a que el problema de la crisis de régimen en el Estado español se debe a que “los sectores dominantes” rompieron el pacto constitucional de 1978, dejando de cumplir los “aspectos progresistas” de la Constitución de 1978. Así, se dice:
“Todo esto ha sucedido mientras los sectores dominantes desplegaban una amplia y profunda ofensiva sobre el pacto social y político de 1978. Esta ofensiva deconstituyente busca dejar sin sentido o sin vigencia las partes más progresistas del acuerdo constitucional, marchar sobre los contrapesos populares o democráticos en los equilibrios del Estado y abrir una redistribución regresiva del poder y la renta, aún más en favor de la minoría dominante. Seguramente la disyuntiva política estratégica hoy está entre restauración oligárquica o apertura democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente.”
Esto lleva a plantear la polémica, en la que el documento no entra, de qué fue el Pacto Constitucional de 1978 y de si estuvo justificado o no firmarlo. En realidad, la Constitución de 1978 fue la culminación de la transacción que acordaron los dirigentes oficiales de la izquierda y del movimiento obrero en aquel entonces (PCE y PSOE, CCOO y UGT) con los sucesores del franquismo. De lo que se trataba era de conseguir algunas reformas democráticas del viejo régimen franquista – que realmente ya habían sido conquistadas en la práctica por la clase trabajadora y la juventud con su lucha heroica en la calle, en las fábricas y en las cárceles – a cambio de frenar y abortar la lucha revolucionaria de los trabajadores y sectores populares explotados contra el franquismo, que llegó a su punto culminante en los años 76-77. Por esa razón, el resultado de la “Transición”, fue un reflujo político y una sensación de derrota y traición en las capas más militantes de la clase obrera, de la juventud y de la clase media, que duró años y años.
Por otro lado, cuando se habla de la ofensiva de estos años de la clase dominante contra la clase trabajadora y demás sectores populares explotados y desfavorecidos, hay que situarlo en el contexto de que atravesamos la mayor crisis de la economía capitalista de la historia, en Europa y en el Estado español. El gran capital español necesita desmantelar las viejas conquistas sociales que considera imposibles de costear para competir en mejores condiciones frente al capital extranjero, y trata de amputar algunos derechos democráticos de la población para tratar de frenar la protesta social subsiguiente. La crisis del régimen de 1978 no se produce, entonces, por el supuesto incumplimiento de un pacto social expresado en la Constitución de 1978, sino por la imposibilidad material del sistema capitalista español de mantener las conquistas sociales alcanzadas en el contexto actual de crisis capitalista insoluble. Por esa razón, es imposible encontrar una salida “democrático-plebeya en un sentido constituyente” a la crisis social y económica sin superar el sistema económico capitalista, como explicamos al principio.
No hay sitio para el pesimismo
Cualquiera puede ver que las perspectivas que se le abren a PODEMOS son muy favorables. El pánico y miedo de la clase dominante es patente, como lo demuestra la cantidad de insultos y calumnias que deben soportar diariamente PODEMOS y sus principales referentes en los medios de comunicación de la oligarquía.
Sin embargo, casi al final, el documento deja deslizar un análisis teñido de cierto pesimismo o conservadurismo que no comparto. Aunque la cita es un poco larga, merece la pena reproducirla:
“Por tanto, los análisis excesivamente optimistas con respecto a la crisis orgánica del régimen de 1978 deben ser compensados al menos con dos aseveraciones: 1) Esta crisis se produce en el marco de un Estado del Norte, integrado en la Unión Europea y la OTAN, que no ha visto mermada su capacidad de ordenar el territorio y monopolizar la violencia; de ordenar los comportamientos y producir certeza y hábitos; que no vive importantes fisuras en sus aparatos y que no parece que vaya a sucumbir por acometidas de movilización social más o menos disruptiva. Esto imposibilita tanto las hipótesis insurreccionales como las de construcción de contrapoderes “por fuera” de la estatalidad. 2) La crisis política puede tener mucha menor duración que la económica: no tenemos todo el tiempo del mundo. Una buena parte de la contestación social hoy existente deriva de una “crisis de expectativas” que ya no se repetirá para las siguientes generaciones, sobre las que hace mella el efecto domesticador del miedo y el empobrecimiento, con una exclusión social que ya amenaza a un tercio de la población y que podría estabilizarse en esos umbrales. Al mismo tiempo, el exilio y la destrucción de los nichos sociales y profesionales de los que se nutre la contestación (tercer sector y ONGs, universidad, funcionariado, sindicalismo,etc.) es un torpedo contra la línea de flotación material de la militancia de la izquierda. Tras una serie de ajustes que sean además vividos como una victoria política de alto contenido simbólico sobre las clases subalternas, la oligarquía puede estabilizar un país ya disciplinado que asuma como normal el empobrecimiento y exclusión de amplias capas sociales y determinados estrechamientos en las posibilidades democráticas. Los ejemplos estadounidense e inglés tras Margaret Thatcher nos tienen que servir de alerta: el neoliberalismo destruye pero, sobre la derrota de las clases populares, también construye nuevos órdenes y acuerdos. Si la crisis económica parece que tendrá un largo recorrido, la ventana de oportunidad abierta puede cerrarse mucho antes si se consuma la ofensiva oligárquica con un cierto reposicionamiento subordinado de un PSOE algo oxigenado y si las élites proceden a una restauración por arriba que asuma la parte más inofensiva de las demandas ciudadanas que hoy no tienen cabida en el orden de 1978 y el rol semicolonial en la Unión Europea”.
Todo el protagonismo del cambio social que hemos visto en el Estado español en estos años ha sido fruto exclusivo de la movilización social en la calle y, ahora, en las urnas. La perspectiva de cualquier proceso de cambio social tendría perspectivas muy sombrías si, indefectiblemente, estuviera condenado a ser aplastado o contenido por la represión del Estado.
La realidad es que, tanto en el Estado español, como en los demás países de Europa y más allá, el principal instrumento que tienen las clases dominantes para contener las ansias de transformación social de “los de abajo” no son la policía ni el ejército, sino los dirigentes de la socialdemocracia y de los sindicatos. Si estos últimos mostraran la misma energía, dinamismo y voluntad de lucha que han demostrado los trabajadores, los jóvenes, los desempleados y jubilados, las clases medias empobrecidas, etc. – la amplia mayoría de la sociedad – el sistema y quienes lo apoyan quedarían completamente aislados y flotando en el aire.
Toda la experiencia histórica ha demostrado suficientemente que ante una revolución social profunda, el aparato del Estado es impotente y tiende a desmoronarse, arrastrando a sus escalafones más bajos al lado del pueblo. Más aún en Europa, donde la enorme solidaridad y simpatía que existe entre los pueblos y clases trabajadoras de España, Portugal, Italia, Grecia, Francia, y sí, Alemania también, no sólo haría imposible la intervención militar extranjera en cualquiera de estos países, sino que bastaría un solo proceso revolucionario exitoso en un país para que se trasladara inmediatamente a los países vecinos, como un reguero de pólvora. Tal es la poderosa correlación de fuerzas que existe para una verdadera revolución social en nuestra época.
Por otro lado, deberíamos insistir en que en estos años hemos visto las movilizaciones de masas más importantes de la historia reciente del Estado español y en varios países de Europa, como Grecia o Portugal. Si no ha sido posible revertir los ataques y planes de austeridad hasta ahora no ha sido por falta de conciencia ni de luchas, sino por el obstáculo que han ejercido las viejas direcciones del movimiento obrero y de la izquierda integrada al régimen, que han aceptado como inevitables la preeminencia de los intereses de los grandes empresarios y banqueros, y de los ricos, dejando a los trabajadores y demás sectores populares sin dirección ni alternativas. Y, pese a todo, un estallido social está presente en la situación de todos los países del sur de Europa. Y la emergencia de PODEMOS, de Syriza, etc. muestra que el pueblo está buscando una salida política al viejo régimen.
Tampoco coincido en que haya una perspectiva, a corto o medio plazo, de estabilización social o política. La crisis es demasiado profunda, en el Estado español y a nivel internacional. Los trabajadores y sus familias nos veremos obligados a luchar para mantener nuestras condiciones de vida. La crisis de sobreproducción de mercancías sigue presente, las inversiones siguen deprimidas, el mercado no crece, los ingresos de las familias siguen reduciéndose o están estancados, las deudas públicas – y por tanto los ajustes del gasto público – siguen creciendo. En este contexto, es imposible esperar un crecimiento significativo de la economía española e internacional, salvo períodos de crecimiento raquíticos como el actual al que seguirán nuevas y profundas crisis.
En esta situación, puede haber períodos de apatía temporal por falta de alternativas, pero serán seguidos de estallidos y convulsiones. La única manera en que el bipartidismo podría conseguir una recuperación sostenible sería con el desarrollo de un auge económico de cierta importancia, pero eso está descartado por las razones señaladas antes.
La perspectiva no es, por tanto, de un reforzamiento del PSOE ni del PP, sino de un giro a la izquierda y de una mayor radicalización de la sociedad, como estamos viendo. El mayor desafío es ofrecer una perspectiva optimista y de gobierno a favor de la mayoría que sufre y padece la crisis. Por eso, el eje de la acción política de PODEMOS debería ser avanzar firmemente a políticas de frente único con sectores políticos afines a su base social (como las plataformas municipales Ganemos/Guanyem, Izquierda Unida, movimientos sociales, etc.) y avanzar un programa de demandas que dé soluciones efectivas, poniendo la economía al servicio y bajo el control del pueblo trabajador.
(continuará 3ª parte)
Paraleer la 1ª parte: http://redd.it/2fg189
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