Caminando en el sentido del viento

El sentido del viento Por más que el sol brille sobre la ciudad, la calle Laguna discurre siempre entre sombras, angosta, retorcida, sin encanto, expuesta al capricho de los vientos. A Cloe le gusta caminar por la calle Laguna. A la altura del número cuatro, a eso de las dos y diez, suele resignarse a los rizos desordenados que le impone el aire. Se forman a partir de la acción del viento en las playas de arena. En primer lugar, el mar debería traer más arena de la playa que te lleva de vuelta, después de que un pequeño obstáculo es necesario crear las condiciones para la adhesión a barlovento (de donde viene el viento) y protección sotavento (donde el viento fuera), permitiendo ... Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego. Tienen el mejor momento de sus vidas en invierno, cuando el viento se hace mucho más fuerte y hay mucho hielo y nieve. Desafían al viento. Se suben a las copas de los árboles y se aferran con sus garras y luego también se agarran con sus picos. En algún momento simplemente se sueltan al viento y dejan que se los lleve. Luego juegan en él ... escuchar cómo tiembla el coraje en las sienes, en el pecho, en los muslos impacientes sentir cómo los labios se desprenden de verbos maravillosos y descuidados, de cifras defendidas en el aire muerto, y cómo otras palabras, nuevas, endurecidas y desde ya cansadas se conjuran para impedirnos el único fantasma de veras. En ese sentido la Iglesia tiene que bregar con los vientos en contra; pero, con la firme convicción de que las fuerzas del mal no prevalecerán contra ella, pues es asistida por el Espíritu Santo. No cabe, pues, dejarse vencer por el desaliento, sino que, renovando nuestra fe en la presencia del Señor, debemos mantener el compromiso firme de ... El viento, es una parte muy importante de nuestra naturaleza, este es el aire de la atmósfera que se encuentra en constante movimiento, y se produce cuando dos masa de aire tienen diferentes temperaturas, en este sentido la más caliente se vuelve más ligera que la otra y sube; en el caso de la fría se coloca más densa y baja.A continuación conoceremos más detalles del Viento, su ... Si has estado durmiendo con la ventana abierta de tu dormitorio es muy probable que mientras dormías has percibido el sonido del viento. Tu subconsciente, que ni siquiera en la noche descansa, te originó sueños con el viento.Ya explicamos en un anterior artículo como ciertos sonidos pueden invadirnos al dormir evocando sueños relacionados al sonido que hemos percibido. La Sombra del Viento en el Volcán. Muchos pensareis que nadie en su sano juicio, después de vivir la experiencia de estar cerca de Yogyakarta y del volcán Merapi durante el terremoto de 6.2 grados del 27 de Mayo del 2006, se iría al día siguiente a escalar un volcán, pero eso fue exactamente lo que hice y fue una experiencia fantástica. Para llegar hasta el Charco del Viento deberás tomar la TF-5 en sentido a Icod de Los Vinos y al llegar al barrio de Santa Catalina girarás a la derecha ante la indicación de la señal pertinente. A partir de ahí, entrarás en una carretera secundaria que rodeada de plataneras te llevará hasta el parking perfectamente acondicionado.

Los Milagros

2020.08.28 22:15 santi_bene Los Milagros

Los Milagros

Holiii! Llego el viernes, y es viernes de que?? de PES si que si. A lo largo de la semana estuvimos con vicu mandandoles las historias de algunas de las personas a las cuales la Iglesia les reconoció haber realizado un milagro. Si te perdiste alguna de las historias o queres releer alguna, o no pudiste ver ninguna o lo que sea, aca te dejamos todaas a solo un click acá mismo <-- sii acá.
En fin, conocimos a varias personas, pero queda una, bastante importanteee...

Jesús de Nazaret

La multiplicación de los panes:

...Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe: —¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos? —lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tantos? Jesús dijo: —Mandad a la gente que se siente —había en aquel lugar hierba abundante. Y se sentaron un total de unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió a los que estaban sentados, e igualmente les dio cuantos peces quisieron. Cuando quedaron saciados, les dijo a sus discípulos: —Recoged los trozos que han sobrado para que no se pierda nada. Y los recogieron, y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres, viendo el signo que Jesús había hecho, decían: —Éste es verdaderamente el Profeta que viene al mundo. (Jn 6, 2-14)
Este relato es uno de los milagros mas conocidos que realizó Jesús, seguro ya lo conocías, y si no, ahora lo conoces. Cada Evangelio lo relata de una manera diferente, 3 de ellos omiten el hecho de que el niño tenía los 5 panes y los 2 peces, pero Juan lo menciona.
Juan prefiere detallar lo sucedido cuando quizás los demas evangelistas prefieren mostrar la grandeza y el poder de Jesús, en toda su escritura no habla de milagros, siempre se refiere a ellos como "signos", no dirige la atención a lo maravilloso y extraordinario del milagro, sino al mensaje que Jesús trataba de transmitir. Tambien hace aparición Andrés, un personaje de la Biblia que rara vez es mencionado. Juan decide nombrarlo, y al hacerlo remarca otro de los signos que quiere transmitir. Andrés ante el problema que se les presenta, la falta de comida, recuerda haber visto en el camino a un niño con unos panes y unos peces, por lo cual sale a su busqueda y lo lleva ante Jesús.
Muchos estando en la posición de Andrés pensaríamos que llevarle 5 panes y 2 peces para querer darle de comer a las 5000 personas que había allá era una cosa de locos, era estúpido, una idea que no tenía sentido, que los demas se iban a reir de nosotros. ¿Cuantas veces nos habremos guardado alguna idea o callado una propuesta por miedo a que esta sea vista como estupida, o por lo que nos fueran a decir?
Juan nos muestra la importancia de ser como Andrés, el saber que lo que tenemos, pensamos o decimos es suficiente, no es insignificante. Un pequeño signo de este milagro, que puede quedar escondido ante la primer leida de la lectura.

Jesús camina sobre el agua

...Enseguida Jesús ordenó a sus seguidores que subieran a la barca y se fueran primero que él al otro lado del lago. Él se quedó hasta despedirse de la gente. Cuando terminó de despedirse, Jesús subió a un monte a orar. Se hizo de noche y estaba allí solo. La barca ya estaba bien lejos de la orilla, y las olas la golpeaban con dureza, porque soplaba un viento muy fuerte en su contra. A la madrugada, Jesús llegó caminando sobre el agua. Cuando sus seguidores lo vieron caminando sobre el agua, se asustaron mucho y gritaban de miedo: ¡Es un fantasma! Pero Jesús inmediatamente les dijo: —¡Tranquilos, soy yo! No tengan miedo. Pedro le contestó: —Señor, si eres tú, haz que yo vaya hacia ti caminando sobre el agua. Jesús le dijo: —¡Ven! Pedro salió de la barca, caminó sobre el agua y fue hacia donde estaba Jesús. Pero vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, se empezó a hundir y gritó: —¡Señor, sálvame! Jesús de inmediato lo tomó de la mano y le dijo: —Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Y cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca empezaron a adorarlo, y le dijeron: —¡Tú sí eres verdaderamente el Hijo de Dios! (Mt 14, 22-33)
La historia cuenta que luego de un laaaaargo día de caminar y predicar junto a sus discipulos, Jesús despide a toda la gente y la envía en barcos, mientras que el se queda a solas rezando. Rato despues, en medio de la noche, los discipulos que estaban en el barco, sufrían a causa de las grandes olas y los fuertes vientos, se les movía todo y ya estaban agotados. Y es ahí donde aparece Jesús, caminando sobre las aguas tan pancho, a decirles que no teman, que todo iba a salir bien, y casi por arte de magia, apenas el desaparece los discipulos llegan a la orilla.
Que lindo pensar, que ante esas situaciones que sentimos el piso tambalear, que nos tiemblan las piernas, o que no vamos a llegar a cumplir algun objetivo, siempre tenemos esa/esas personas que nos acompañan a lo largo del camino, y que siempre nos animan a llegar a destino. Quizas tambien como Jesús que a pesar del largo día que había tenido, luego de despedir a todos se va a rezar, quien sabe, probablemente por los mismos discipulos que ahora embarcados se les venía un tiempo complicado. Yo elijo creer que en esas personas que me acompañan día a día y no dejan que me hunda está Jesús como lo hacía hace 2000 años con sus amigos.
Pero lo importante no es si creemos o no que Jesús está en esas personas, lo importante es que siempre tratemos de ser como ese Jesús, que a pesar de cualquier tormenta siempre estaba bancando a sus amigos, y llevandolos a buen puerto.

Desierto

En cierta pascua joven a la cual fui, me propusieron una actividad de "Desierto"... porque el nombre se preguntarán... El desierto es un lugar donde uno se retira a estar solo, solo con sus pensamientos, sus ideas, sus locuras y porque no, con Jesús.
Por eso te proponemos que te tomes unos minutos, te relajes, te pongas cómodo y que #desiertes. Te dejamos unas preguntas que pueden servir como disparadoras, no hace falta que te quedes solo con esas, podes volver a leer las historias, imaginarte como si estuvieras adentro, en fin, lo que quieras, al final es tu desierto y de nadie mas.
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2020.04.26 06:04 DanteNathanael Sal de Amanecer - Parte 1: Capítulo I.1

Así termina el día: el reloj da la última hora sobre su circunferencia y reinicia, pero él, reflejado en el centro, lo único que puede ver es cuánto tiempo ha perdido.
Detrás del vidrio circular, vector mayor y menor del tiempo apuntan rectos hacía el opaco cielo. Desfigurados claustros posthervoreos avanzan lentamente en fila bajo la fría atmosfera de las ultimas suelas anuales de Leo. En las sonrisas de luna que logran aparecer de vez en cuando entre las grietas de la troposfera, se puede oler el petricor proveniente de la naciente Aura, cortesía de la recién bautizada Katia, vanidosa hija del vórtice tropical buscando la manera de tragarse en sus cabellos efluentes la luz del Sol, para escupirla fría, difuminada y obscura—Coyolxauhqui en el reino de Tonatiuh, imponiendo desde el ojo de su vientre atmosferas extranjeras con apocalipsis en mente, despertadores para los oxidados engranajes del mecanismo tectónico.
Debajo de todo, por fin arriba, él espera . . . no hay nada, ni tampoco ha llegado a su cuerpo. Cierra los ojos por pequeños lapsos que culminan en un esfuerzo por mantenerse despierto cambiando de posición, solamente para cerrarlos otra vez y hacerlo de nuevo. La noche cae en el horizonte lentamente, el invisible manto de estrellas moviéndose silenciosa mientras los sifones oculares, pupilas negro esterlino, llevan esa luz que hace posible verlos al reino de la inconsciencia, la promesa de vida progresivamente desvaneciéndose estrella a estrella, bulbo a bulbo, interruptor a interruptor. La cantidad de silencios a su alrededor crecen, los pasos del Sueño cada vez más audibles juntos con las campanitas llenas de almas chocando entre si paso a paso . . . el deseo de pertenecer a ellos aumenta, pero el brillo cuadrangular pide un poco mas de compañía. Y con un largo bostezo Somnolencia llega, y con ella . . .
. . . llega un bólido balido expulsado del interior de alguna casa vecina, atraído por la fina influencia de sus oídos. Refunfuña tal Caguamo, meneando la cabeza exhalando frustración en torrentes sincopados a las flautas tocadas por el viento entre árboles, edificios y telarañas de cobré y PVC. Deseando reanudar su ritual con ella, quién ya ha vuelto a la seguridad de las sombras, sin saber a estas alturas de su vida una manera constante de atraerla de nuevo cuando quisiera, y sin una vibración reciente en su mano, comienza a platicar con Caguamo, como ya es costumbre, que lo espera, con un poco de frío, en la base de la plegable escalera de aluminio que uso para subir a la azotea.
"¿Qué piensas de las ovejas, 'Wamo?"
"¡Aarf! Ggrarf, arf aarf raff . . . Raf."
"Claro, si son deliciosas, ¿pero alguna vez has visto una?—viva, no en carnitas, digo—no te parecen un tanto, no sé, ¿estúpidas? ¿inocentes?"
Caguamo levanta su rostro confundido, pequeños aglomerados de hielo hay en sus bigotes, hacia su dirección. No había comentado nada sobre su sabor . . . pero claro que lo amaba. El olor característico de un domingo, con todo y sus meteorológicos tintes religiosos, volviendo el aire más pesado, difractando la luz en un espectro más cálido, colores para algunos hogareño, que llenaría sus corazones de calor con tan solo recordarlos, pero para otros el más simple y doloroso indicador de su soledad. . . . Para nada. Caguamo compartía con su compatriota humano el dolor auditivo que era aquella nueva inquilina, con la furia propia de un chihuahua.
Dentro de las sombras, el panorama cae. Los antenados, cableados y apilados bloques negros del horizonte pronto y lejano, melenas construidas de borrosos aluzamientos y brillantes bocas poligonales adornando las caras de planas obscuridades, caen hacia arriba, inversa gravedad circadiana del profundo y fluido negro que ella ha derramado con un beso entre la superficie de sus ojos y el anverso de sus párpados. Al chocar con las magmoides nubes prekatianas liberan paquetes electromagnéticos atrapados en altas estacas de acero, vibrando al llegar a su celular, movimiento periódico que quizás no en fuerza, pero si en ritmo, es indistinguible del rebote asiento-trasero del puñado de pasajeros sentados en el metro. Todos, despiertos o no, recorren alabeadas e invisibles guías al destino de siempre . . . ¿Por qué habrían de dudarlo? En la ceguera impuesta por la subterraneidad (que dos días antes había celebrado su cuadragésimo octavo cumpleaños) las sensibilidades autogeolocalizadoras necesarias para notar que efectivamente, así como al dormir, flotando en los vientres del Sueño, el rumbo, el final, habían cambiado bruscamente por capricho de Alea, eran inmensamente escasas. Dormidos a la mitad, tan cerca y tan lejos de descansar en paz, frunciendo seños, formando sonrisas, asfixiándose a efecto retardado es su apilación horizontal, son llevados a un lugar que reconocen como el mismo, pero que no podría estar más lejos de serlo.
Las ofrendas de todos los alabastrones presentes se alzan hacía los ventiladores negros.. El sonido generado por el vórtice es solamente audible cuando el metro se paraliza en miedo, junto con todos adentro. Buscan quedarse callados, el más mínimo sonido puede ser malinterpretado. La respiración disminuye, las lenguas paran de moverse en sus cavidades bucales, los audífonos empiezan a susurrar, aquella comezón debe de esperar . . . ¿esa luz estaba parpadeando cuando subí? La obscuridad del túnel empieza a multiplicarse, extendiendo su cuerpo en contra de las ventanas, crujiendo, vibrando . . . nadie parece notarlo, pero, pero, lo oyen, ¿no? Cada vez todo se hace más fuerte. . . . Es . . . no no, solo es el reflejo de sus audífonos en la ventana. Ja. Juré que era un rostro afuera de la ventana . . . está dentro, ¿no? ammm, no . . . algo definitivamente se acerca . . . viene de muy lejos, corriendo por el túnel, trayendolo consigo . . . si, los oigo, oigo sus dientes castañeando de hambre, deletreando mi nombre en sus estómagos. . . . Aquí vienen. . . . Un gran borrón naranja pasa hecho la Mocha por las ventanas, silbando crujiendo, cientos de siluetas difuminadas entre si derritiéndose por la velocidad en la obscuridad de su anonimato . . . nada fuera de lo usual. Mira todo pasar, suspirando en alivio. Vuelve a cerrar los ojos. Por lo menos hasta que oye el rechinido de los frenos. Cara a cara, no se atreve ni a ver los reflejos que piden un poquito de sus ojos, una mordida visual, un grito inaudible clamando por digestión cerebral . . . siente que algo se abre paso sobre el mar capilar, sale por la ventana y aterriza en el techo con un estrudendo. Lo único que puede oír es el ventilador succionando sobre al aire que exhala pesadamente. Sudor empieza a ser secretado, el calor aumenta hasta que algo sobre ella empieza a decir, un susurro encantador, un gran siseo, mientras todo yace unánime y petrificado, "Si recuerdas qué es la luz al final del túnel, ¿no?" Ella no responde. "Parece que no . . . que lástima, pensé que lo recordabas." Trata de alertar alguien, pero todo está hecho piedra, incluso ella, de la cabeza para abajo, su miedo y eso lo único con aparente permiso de moverse. "Aura, Aura . . . la luz al final del túnel es otro tren . . . la luz al final del túnel—" Por fin logra alzar la cabezs, sumida en miedo, sudor y desesperación, en el momento exacto para ver cómo el ventilador ya no está girando, y entre la rejilla desciende rápido como la Miseria, "—s o y y o."
Al fondo del vagón, visibles a través de un infrecuente valle de espaldas, dos hombres se saludan con los puños, uno de ellos silbando la melodía de Mi destino fue quererte. Sin soltarse, el otro, vestido de azul, mangas arrugadas y recogidas hasta el codo, revelando un reloj en cada muñeca, empieza a cantar “. . . maldigo al amor.” Sus manos empiezan a bailar en el reducido espacio que tienen. Muchos empiezan a sentirse incomodos, no están acostumbrados a ver la felicidad nacer de la nada. Un muchacho empieza a sonreír con ellos mientras que en los altavoces se les da los buenos días a todos con información sobre la estación que se aproxima. Sí, sí, nunca debes de olvidar sonreír. . . . Parece que él pensaba lo mismo hasta que entre gritos inesperados, Aura despierta del trance y logra ver en su cara una mueca para que la tierra se lo tragase, tirando la pequeña sonrisa que había logrado extraer de su interior al aire, el ventilador succionándola . . . pero la tierra ya se los había tragado a todos: el roce de su pene contra las nalgas de un señor habían despertado las fantasías reprimidas de su juventud, liberando a manera de supresión insultos y movimientos para mentarle la madre:
“Para pendejo no se estudia.”
“¿Lo dice por experiencia?”
Pero el peso del Amanecer hunde su rostro y su vigilia de nuevo entre cientos de suaves pelos sintéticos, propios de su almohada—afelpada chaqueta color cobertor, modelo hombro, con olor a suavizante y perfume—dejándola salir seis estaciones después de la planeada. Su destino es la escuela, la maldita escuela.
“¿Si pasaste?”
“Si, y no gracias a ti, maldito ‘storbo,” corriendo a las escaleras, 4 pasos por cada paso de persona normal.
Ring-ring. Extraída de la cama, Alán expide una serie de bostezos indivisibles. Coloca su desnudo pie izquierdo sobre la fría gravedad, espera un segundo, y descansa el derecho sobre la rejilla del compañero delantero. Con una mano silencia la desesperada alarma, con la otra vierte tinta negra de su pluma en símbolos latinos, pigmentos diluidos formando cadenas que denotan en claro-obscuro las ideas recibidas sobre el papel adiestrado. Las lagañas que bordean sus ojos se extienden en trenzas segmentadas hasta la tenue cuadrícula azul con fondo blanco, medio centímetro cuadrado de blancura, treinta y seis por cuarenta y nueve cuadritos, más bordes—blanco como el de su pijama, procediendo a quitársela con sonambulico fervor: primero la camisa, revelando la falta de ropa interior superior, enseguida los pantalones, dejando como huella de su presencia un patrón pintado en carne viva, montañas en contracara a las presentes en el elástico que lo mantenía adherido a su cintura. Todo cayendo a la misma velocidad. Al pasar a la siguiente página, esquina superior derecha, continua cepillándose los dientes, arriba-abajo, escribiendo izquierda-derecha, palabra tras palabra, deslizando sus ya calcetados pies dentro de un cómodo calzado sucio. Primero izquierdo, cruz, orejitas, nudo iniciando por la derecha, otro nudo más, después derecho, lo mismo. Seguridad, firmeza, libertad, alas para volar hechas de nilón y algodón. Finalmente ha acabado, la clase ha terminado y todos podemos relajarnos hasta que arribe otro metro atrasado, trayendo el clima del túnel, los vientos estacionarios presentes en la obscuridad llenando las arcas del andén, aventados a treinta kilómetros por hora más su velocidad natural. Variable. Demasiado variable. Cierra los ojos, no quieres que nadie entre en ellos, no quieres que nadie vea lo que hay en ellos.
“¿Por qué siempre llegan tarde?" Y al verlas tomadas de la mano, Alán añade "—¿y juntas?”
Un par de huh's desentonados y unísonos, lagrimitas de bostezo saliendo de los ojos de Kessandra y la anillada por Insomnio mirada perdida de Aura le responden.
Se toman de las manos en la forma particular de "hermanas" recién reconciliadas. El pulgar e índice de Kessandra formando un anillo falángico que, con sus internas sombras, logra diferenciar los de otra manera indiferenciables pigmentos de sus pieles, PMS P 37-9 C, dinámico a la temperatura ambiental y corporal—la anchura y profundidad de sus pares de ojos el único punto de anclaje del que todos pueden decretarlas como amigas, en vez de familiares, diferentes constelaciones, misma obscuridad.
"¿No han visto qué hora es?" continúa Alán.
Kessandra al fin se atreve a verla—09:07—al levantar la cabeza hacia el cuadrangular reloj sobre el pizarrón. Al bajarla, la punta de su nariz despliega el panel de notificaciones del estratégicamente posicionado celular de Asán, donde antes de retroceder y levantar sus puños, vislumbra debajo de la hora atrasada por un minuto, una serie de mensajes insoportablemente falsos con una tal "Linx", que días antes, vagando por las calles que de alguna u otra manera conectan a la burbuja de existencia de la preparatoria con el mundo exterior, la había visto con él, tomados de la mano, compartiendo con bromas y risas altisonantes una orden de tacos de canasta, frijol y papa por el olor, con un helado de la nevería más cercana, fresa, uva y choco-chips, caminando a una velocidad casi lo doble que la suya hacia Tlalpan.
"Shiinga tu madre, pende—" Entre i'es y e's, burbujea a la superficie de su consciente sensorial el espacio negativo, ciento cuarenta y tres punto ocho por sesenta y nueve punto cinco por ocho punto cinco milímetros, dejado por el vacío que su celular creó en su mochila al saltar de su posesión a la de otro sin su permiso, retribución monetaria o ya de mínimo un "gracias," apagando el final de su oración mientras Aura, ahora libre, camina hacía su lugar. Una mirada registra cada uno de sus movimientos.
Caminando, suelta un suspiro. Todos creen que se trata de un lenguaje pneumático por descifrar, pero nadie se atreve preguntar. Ella misma se ha percatado de esto, por lo que de vez en cuando expira versos de Blake y Lorca en un amateur morse. Pero hoy no se trata de eso, pues al saludar al resto, se pregunta cómo es que llega todas las mañanas sin recordar el trayecto ("¿Qué onda?"), con la ligera sospecha de haber vivido ya éste día ("Hola Aury, te ves preciosa." Ay: "Gracias, bebé.") de manera exacta. ("Hola chicos.")
Al ajustarse los garabatos del pizarrón poco a poco a sus ojos, cree haber leído algo relacionado a lo escrito alguna vez, aunque la memoria visual de un "proceso subconsciente" no puede ser traída a la consciencia, y las palabras "arco reflejo" sólo le recuerden a la entrada de su hogar anterior, memorias de un domingo por la mañana. La sigue mirando.
Con el Sol alcanzando su cénit, montañas apenas visibles, rugir incesante de motores, cláxones, comercio, pasos y risas sobre los pasillos, las paredes haciéndose más chicas con el paso del día, el reducir inquebrantable de la paciencia y los niveles de atención, sobre las empolvadas losas gris penitencia y tras mucho debatir interno, una figura se alza por detrás de los bosques de queratina teñida de colores extracapilares, aproximándose a ella mientras su respiración se hace más pesada.
"¡A!—Aura . . ."
Pausa la escritura, su mirada asciende y desciende al confirmar la forma de la voz . . . y suspira de cansancio. Pero él continúa, titubeando en su nervio-sismo: "¿Cómo e-estás?"
Al recordar lo dicho por su madre, tan repentino pero esperado como un relámpago en medio de la tormenta, Aura se toma firme y bruscamente de la chaqueta blanca de Ródian, usando el impulso para levantarse unos centímetros de su asiento y decirle, en un tono desinteresado y ahogado, cerca de su oreja: "Ah. Hola, Rod."
"¿Recuerdas lo de ayer?"
"No," responde bruscamente, hundiendo los ojos en su siguiente aliento, "no recuerdo ni cómo llegué aquí hoy, mucho menos los días anteriores; ¿qué hay de ti?" Pero antes de dejarlo responder, su madre de nuevo presente, vuelve al tema: "Ammm . . . No. ¿Qué fue lo que dije ayer?"
"Bueno, me dijiste que te sentías sola y querías compa—"
"¡Ahhh! Si."
"Y . . . Y pues—"
"¿Ajá?"
"Quedamos en salir. Además, me dijiste que—"
"¿Enserio dije eso?"
"Ammm. Si."
"Ah . . ."
"—me dijiste que te recordara, porque estabas un poco ebria."
"Creo que no fue solamente un poco, Ródian."
"¿Mande?"
"No, nada . . . Demasiado."
"¿En-tonces?"
"Si, seguro. ¡Ya qué!"
Ródian, un momento sin decir nada, se convulsionaba con tan grandiosa oportunidad. Aura le despertó.
"Búscame al salir."
"Claro."
Aura, Aura, su nombre rondaba incansable en las espirales de su pensamiento. Por un lado, se generaban memorias de posibles futuros, por el otro, con considerable mayor peso, un torrente presurizado de ingeniosa envidia y excelente mentira dejaba caer frente a su tercer ojo las memorias del famoso—por lo menos para él—muro de su hermano. Una pared patronizada con lazos y clavos de los que pendía ocasio-nalmente una impresión de 10x13 centímetros de algún tiempo en el pasado, a pie de recuerdo el nombre de la acompañante en turno, y por debajo la fecha y una aproximación de las coordenadas, tomadas de Gmaps, del lugar y el tiempo donde fue extraído aquel momento. Los lazos varían en color: hay una gran cantidad de rojos, los cuales, retorciéndose en las ápsides de la pared, finalmente regresan, tras separarse en T'es y reconformarse en Y'es, hasta un circular vacío central donde pareciera que habría de colgar una fotografía que aún no había sido tomada; y azules, verdes y negros, brotando en pasajeros callejones, resaltando puntos y fotografías que Ródian no comprendía, pero que su hermano, encantado con su palacio mental exteriorizado, siempre miraba todas las mañanas, para revitalizarlo.
"Una foto de las fotos, eh."
"Así parece ser. Quizás no deberíamos de llamarles fotos, si no capturas . . . engramamos bucles de los cuales no sabemos en dónde está su origen."
"Oye, ¿y si nosotros somos el origen?"
"Mira pequeño . . . Deberías ya estar en camino, migrando hacia las regiones fronta-les, en donde con tus habilidades servirías más para lo que se lleva a cabo detrás de aquellos rangos misteriosos. Y-Y no me digas—"
"Oh, quiero intentarlo."
Sola de nuevo, nota el acre olor originado por la quema de sustancias ilícitas en la calle vecina alcanzándola tras haber envuelto a todo el salón, entrando por la lejana ventana paralela a ella. Había encantados y había asqueados. La plasta azulada leve-mente bosquejada que el Amanecer resalta siempre sus contornos de, al alzarse y transformarse en el Atardecer, ya ha desaparecido por la reducción por contamina-ción del horizonte y su lejanía según el observador. Juntos, función y límite se deslizan en el mismo plano que los anticuados pantalones obscuros del profesor. "Bienvenido 23, por favor, antes del 49. Y 16, al extremo derecho, si es tan amable." Sobre las abscisas siguen corriendo datos y líneas, mientras gira su cabeza hacia la ventana, con asco de frente, ora al pizarrón, ora a su cuaderno, mismo asco, recreando las mociones ritualistas con las que despierta cada mañana, mojando sus ojos con lágrimas que, negándose a correr expulsadas de las órbitas hacia el suelo, hacía el centro de la tierra, empiezan a flotar, haciendo todo el uso posible de su tensión superficial, frente a su visión para contaminarle la vista con atmosféricas imágenes de ella, ésta mañana, frente a su espejo, contorneada por la niebla de su Insomnio. . . . Pues un sueño no sería tan aburrido . . . ¿O sí? Pero ya ha ocurrido tanto, por tanto, que ya no se inmuta mucho . . . No, no, no es la rutina, es que la rutina ya no cuadra dentro de lo que según ella, en algún momento, pensó que la llevaría a ser feliz; la lista de Cosas que valen la Pena hace un tiempo que ya fue olvidada, tanto para agregar, como para tachar, pues ahora la dinámica de su vida funciona a partir de la búsqueda de pretextos para seguir despierta, seguir con su vida de cualquier manera . . . Recuerdos y sueños, pasado y futuro, nunca presente . . . Quizás allí esté el problema . . . Quizás. . . . Y quizás hoy mismo descubra sí, sus sospechas confirmadas, alguna vez ha despertado realmente.
A sus apagados ojos cafés llegan fumarolas expirándose en patrones circulares, llevando su mirada, con cada grado recorrido aumentando el volumen acumulado ya dentro de ella desde hace años de su desesperanza, hacia el típico cuadro en el que se la vive y regocija Alán—que en realidad es la imagen típica de cualquier semipareja que se pueda encontrar en ese lugar, en cualquier salón, en cualquier jardinera, intentos por vencer la manera en la que todo parece perder calor progresivamente, incluso dentro de los corazones de aquellos que juran amarse con todo el corazón—lo que concuerda mucho con él, pues lo único que tiene fuera de promedio es su panza y su altura, ambos sobre la norma.
Vaya.
Aura se pregunta si alguna vez podrá dejar de verla—en realidad, verlas—de esa manera. Se “aprieta” dentro de su pantalón al centrar su vista en nada más y nada menos que en una de sus tantas tontas fantasías de pobre enamorado. Chica original y despampanante. Realmente la quiere, la quiere para esto y el otro. La mezcla de sus simplezas, dadas por ser partícipes de un mismo espectro en género opuesto, le da sabor a todos sus encuentros, encuentros en cuyos rumbos se pinta la orgánica corona de una pura Necesidad de Amor. Trap y reggaetón resonando con rock y hip-hop. Las voces de vodka, tequila adulterado, las famosas y queridas aguas locas, encantan los sentidos con la mirada concentrada de erotismo de unas medias lunas en celo, un movimiento de cadera o de cabello o de ambos, tejiendo y empujando con sus atracciones y sus repulsiones la tan buscada Receta Hormonal. En crestas se dice "son sólo tuyas" y otras tantas invitaciones para iniciar el fuego, en sus valles se ven frondosos abandonos e idas-sin-despedidas, tan originales en argumentos y disculpas, como cuando Alán piensa en cómo se congela cada vez que la(s) ve y cómo se calienta cada vez que la(s) besa, mucho más si le permite(n) un par de toques—aunque no muchos, disculpa, tiene(n) novio. . . . Y piensa que todo ello lo acerca a algún día encontrar a la indicada, aunque no se dé cuenta que solamente, con cada capa de lubricante vaginal de distinta procedencia añadida sobre su cabeza, solo reduce el círculo en donde persigue su propia cola, llegando beso tras beso a un punto donde no tenga más remedio que escoger entre parar a encontrarse o tragarse a sí mismo “sin querer.”
O eso se pinta mentalmente ella, con todos los grises del pantalón de Alán y el azul mezclilla de los ajustados jeans de Linda: colores celestiales familiares de aquel día. Pues . . .
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2019.11.23 18:44 Rain1984 El origen de algunos nombres de nuestro Montevideo (Parte II)

En vistas de que a un lote de gente le gustó la primera parte, va la segunda, ojalá les guste también!
Además de darle nombre a la ciudad, el nombre del barrio es súper obvio, pero para contextualizar sus comienzos... Su fortaleza es mandada a construir en 1809 por la corona española, años después, en 1834 se funda lo que en su momento era una villa con el nombre "Cosmópolis", y ese fue el lugar donde se asentaron montones de inmigrantes que venían de diferentes lugares en busca de trabajo y paz. Debido a los distintos orígenes de los inmigrantes que fueron poblando el lugar es que el gobierno de Venancio Flores decide darle nombre de países a las calles, en 1867.
Este barrio tiene un nombre bien testimonial, tal vez no parezca tan obvio porque se fue perdiendo el llamarle "Paso del Molino", que no era otra cosa que un lugar donde las carretas y caballos podían cruzar el Arroyo Miguelete, en las cercanías de un molino. Este cruce estaba, y está hoy sobre el que se llamaba "Camino Real al Cerro" (real hace referencia a que era de la corona y no de sus pobladores), la Avenida Agraciada de hoy en día.
El molino al que hace referencia estaba en Uruguayana y Zufriategui aparentemente y había sido instalado por allí por jesuitas, a quienes les concedieron en 1749 un área para construirlo entre el Miguelete y otro arroyo que se hallaba hacia el sudeste de allí, el famoso Quitacalzones, que más de uno habrá escuchado hablar. En 1767 el Rey Carlos II manda pegarle una patada en el traste a los jesuitas de todos sus dominios y este molino junto con todas sus propiedades pasan a ser administradas por una junta. Para 1810 el molino, el horno y alguna cosa más que tenían instaladas los jesuitas ya no servían para nada, así que un vecino de allí, Gregorio Márquez, decide comprarlo. Con el paso del tiempo, al ser un lugar muy lindo y verde, el arrabal y sus chacras fueron siendo reemplazadas por quintas de gente con plata que iba a veranear allí. La epidemia de fiebre amarilla que se desató en 1857 contribuyó al proceso de afincamiento con familias que llegaban escapando de la enfermedad.
En Agraciada y Zufriategui funcionó un hotel que tenía el atractivo de, en su momento, estar lejos del ruido de la ciudad, la edificación sigue todavía en pie y tengo idea que el interior ha sido restaurado o algo así y se abre para el día del patrimonio etc, corríjanme si me equivoco (Street view link )
Belvedere fue otro de los tantos barrios fundados por Francisco Piria, que compraba terrenos, los loteaba y los vendía con facilidades de pago. El nombre del barrio viene de "Bella Vista" o "Bello ver", es que el barrio está situado sobre la cuchilla Juan Fernández, ahora con tanta edificación capaz que es difícil notarlo caminando por sus calles, pero de allí se veía la bahía y sus alrededores. Piria había comprado tierra y se había armado una quinta de veraneo ahí, tiempo después decidió moverse junto con su familia más al Este y armó un proyecto que se terminó convirtiendo en Piriápolis. Loteó su quinta en Belvedere y la remató en 1892. Belvedere comenzó siendo una suerte de extensión del ya existente Nuevo Paris, donde funcionaban montones de fábricas y varias curtiembres que empleaban a gran cantidad de personas.
Capurro hace referencia a un empresario italiano de nombre "Giovanni Battista Capurro", era un marinero genovés que llegó en los tiempos de la jura de la constitución, y que hizo su fortuna acá. Se casó con una tal Prudencia de Castro (cuando ella tenía 15, y él alrededor de 40) y tuvo varios hijos, uno de ellos, Juan Alberto, además de ser legislador y ministro, fue el ingeniero que se encargó de realizar el puente de Santa Lucía, en 1925. Con su familia vivió en una quinta de 24 hectáreas que compró sobre la desembocadura del Miguelete, y su casa (que ya no existe) la construyó donde hoy está la escuela pública Nº47 en Capurro y Juan María Gutiérrez. Los pozos y cachimbas de la Aguada parece que se extendían hasta cerca de allí, y el tipo aprovechó para hacer negocio, y le vendía a los buques de ultramar agua dulce, y arena que utilizaban como lastre.
En 1869 se instala la Compañía de Tranvías al Paso del Molino y el Cerro, de trenes tirados por caballos, que popularizaron la playa de Capurro. Algunas de las vías se ven hoy en día, uno de los ramales hacía el recorrido de la calle Capurro y terminaba en la bahía (tal como lo hace la calle, que pasa por arriba de los accesos). Otro de los ramales corría por la calle Francisco Gómez, que corre más o menos paralela a Capurro. En ese tiempo la playa supo ser la más concurrida de Montevideo, con el paso del tiempo el barrio se fue industrializando y perdió su playa y atractivo turístico.
En la quinta donde se afincó Capurro, había existido previamente lo que se conocía como "El caserío de los negros", cosa que me llama la atención yo nunca había escuchado hablar. Ese establecimiento estaba ubicado en República Francesa y la Ruta 1, o por lo menos en sus cercanías (no muy lejos de la refinería de ANCAP, solo que del otro lado del Miguelete). Ahí era donde dejaban en cuarentena a los negros esclavos que traían de Angola, que venían en pobres condiciones de higiene, muchas veces enfermos de escorbuto, sarna, disentería, etc. Los que morían eran enterrados allí mismo. El cabildo decidió su construcción en 1787 antes de que llegaran los primeros barcos cargados de esclavos. La razón para ubicarlo ahí? Los vientos, que soplaban generalmente del Sureste y Este, y bueno, el lugar estaba a una distancia "prudencial" de la ciudad de tres cuartos de legua (3,5 km).
Este barrio, que parece que desde 1989 oficialmente ya no existe, está en una zona entre La Aguada, Bella Vista y Capurro. El nombre hace referencia a un arroyo que ahora corre entubado, y que parece que durante la mayor parte del año consistía hilo de agua mínimo. Sin embargo más de una vez parece que sus crecidas inundaron las casas de los pobladores de los alrededores, o impidieron el paso de carretas y jinetes. Tanto es así que en 1857 se le encarga a una empresa la construcción de un puente sobre el Miguelete (desconozco si es el de Uruguayana o el de Agraciada, tal vez alguien sabe) y una calzada de piedra sobre el Arroyo Seco, por Agraciada. Parece que se le dio a la empresa el derecho a cobrar peaje por la pasada por ambas construcciones, y a muchos no les hizo gracia, siendo que la mayor parte del año el Arroyito no era impedimento para el cruce. Funcionaban como los peajes viejos acá no sé si recuerdan, yendo en un mismo sentido nunca se pagaban los dos. Cuando el tránsito empezó a ser más importante, de 1860 en adelante, algunas de las tarifas eran:
Jinete - 20 centésimos
Vacuno, mula o caballo - 10 centésimos
Cerdos u ovinos - 5 centésimos
Vehículo, ida y vuelta en el mismo día - 60 centésimos.
Previamente se le cobraba un vinten a peatones y jinetes, y dos vintenes a los vehículos, precios que eran "una ganga" dice Goldaracena en su libro.
Este arroyo que dio nombre al barrio formado en Agraciada y Entre Ríos (a una cuadra o dos de donde sale Paraguay) desembocaba en la bahía de Montevideo, dicen que venía de la zona del Hospital Vilardebó, y sus nacientes eran por La Humedad/Villa Muñoz, aunque algunas crónicas lo ubican en el "Puente de la Figurita", en Camino de Goes (hoy General Flores) y San Eugenio (hoy Concepción Arenal), La figurita.
El nombre de Reducto se origina en el edificio que se encuentra en San Martín y Vilardebó, lo que hoy es la Escuela Nº21, "Alemania" (Street view ). En ese lugar tenía su quinta un catalán llamado Majín Gulart. Durante el segundo sitio de Montevideo, en 1813, José Rondeau se vio obligado a tomarla como cuartel general, Rondeau fortificó el edificio convirtiéndolo en un reducto de guerra, que para los que desconocen el significado del término como yo, es una fortificación donde defenderse de ataques enemigos. A partir de allí la gente empezó a llamar a la zona Reducto. En varias oportunidades después fue utilizado con fines de lucha, utilizada por las tropas lusobrasileñas cuando tenían el control de esta región, entre 1817 y 1828, y después por las tropas de Oribe durante la Guerra Grande, entre el 43 y el 51. En esa época de mediados de siglo, el lugar era zona de chacras, apacible y cercana a la ciudad, donde algunas familias acomodadas tenían sus quintas también. Una de esas era la de los Vilardebó, sobre ella fue que en 1867 Venancio Flores (que venimos nombrando varias veces, el que da nombre a la avenida General Flores) puso la piedra fundamental del "Asilo de dementes" que en 1880 se inauguraría con el nombre de "Manicomio Nacional" de donde me escapé, pero no digan nada. El nombre del hospital recuerda especialmente a Teodoro Vilardebó, que fue un médico que murió durante la epidemia de fiebre amarilla (que se desató a mediados de la década del 50 en Brasil y que alcanzó el Uruguay en el 57), al contraer la enfermedad mientras trataba a pacientes que la padecían.
Unión tiene su origen durante el Sitio Grande o Sitio de Montevideo que se dio durante la Guerra Grande, de 1843 a 1851. En esa zona, de chacras, que por aquellos tiempos se conocía como "el cardal" o "caserío del cardal" por la cantidad impresionante de cardos que había, vivían inmigrantes de origen canario y portugués.
Oribe encuentra aquí el mejor lugar para establecerse durante el sitio y funda la villa llamada "Villa de la Restauración" que sirvió como "capital" a los sitiadores de Montevideo y se construyen escuela, juzgado, capilla, comisaría, etc., una vez que finaliza la guerra mediante un acuerdo el 8 de octubre de 1851, sin vencedores ni vencidos, y en virtud de la reconciliación que se daba, se la pasa a llamar "Villa de la Unión".
Dato interesante: La avenida que cruza el barrio se llamó en épocas anteriores a la república "Camino Real a Maldonado", y pasó por varios cambios de nombre, Camino de la Restauración, 8 de Octubre, 18 de Julio, hasta quedar finalmente como 8 de octubre, para conmemorar el fin de la Guerra Grande. Igualmente el nombre "Camino Maldonado" quedó como algo intermedio entre lo que es 8 de Octubre y la Ruta 8.
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2018.11.13 17:12 marvarlife Al perro más flaco se le pegan las pulgas...

Ya el Fulgencio estaba cansado de tanta fregadera. Cuanti cosa que saliya mal era siempre él el culpable, naiden más!. Y esto le pasaba siempre, no importa dónde, ni cuándo ni cómo, era él, siempre él.
Estaba casi convencido que, como decia el dicho del Tío Licho, que él era el chucho flaco y que por tanto siempre a él se le pegaban las pulgas, es decir, no importaba qué había pasado, cómo había pasado, dónde había pasado, lo que fuera; éra claro que “al chucho más flaco se le pegan las pulgas”.
“A la chucha Maria, yo mejor me voy del cantón que ya no aguanto todo esto” dijo el Fulgencio ya sin ánimos de nada, derrotado y cansado de tanto batallar, de tanto aguantar con todo lo que le achacaban. Y agarró su matata onde puso dos mudadas viejas y zas!, se fue rumbo a donde le apuntaba la nariz.
“achis” dijo, como reflexionando, “si el mundo es grande y mis caites estan nuevitos, a volar caite pues y a echar pulgas a otro lado!” Y no escuchó los lamentos ni razones de la Maria ni de los cipotes quienes le rogaban dejara esa locura, que ellos lo necesitaban allí con ellos.
“nombe hijos, nombe Maria, yo me voy a ver quiago porque la verda quiero algo mejor pa ustedes. Este pueblo esta maldito y agora me voy y en cuanto pueda me los vengo a trer, se los prometo y pongo a Diosito como mi testigo” les dijo jurando haciendo cruz con sus dedos y chupeteandolos con un sonoro beso…y adiós, dijo y se fue con una determinación nunca vista en él.
Y caminó por los cerros y Colinas pasando por algunas viejas aldeas y caseríos y vió con tristeza que el mundo estaba como que muy pobre por todos esos lados; pero, el seguiría caminando, buscando, que según le habían contado, allá en la gran ciudad había trabajo, mucho trabajo y mucho pisto.
Ya las tortillas con queso seco se le habían acabado y sólo le quedaban dos pesos que no podía gastarlos sino en caso de ultra urgencia. El hambre no era de urgencia, el estaba acostumbrado a pasar hambre y además, había en el monte jocotes de pitarrillo y mangos indios que igual servían pa aplacar los ruidos de sus tripas protestonas.
Medio cansado se recostó a la orilla de un cristalino río que había encontrado. Puso su matata de almohada y se quedó viendo pal cielo azul. Pasó más de dos horas viendo las nubes hacer remolinos y formas diversas que se iban creando y desapareciendo al capricho de los juguetones vientos; estaba ido, pensando, soñando con la gran ciudad. De vez en cuando miraba pasar los grandes aviones allá a lo lejos y los miraba desaparecer en la inmensidad de aquel retechulo cielo.
Y se quedó dormido, soñando que un día sería él uno de los pasajeros de aquellos animals voladores; o talvez hasta el “motorista” de esos increíbles chunches!”. Estaba profundo, los ronquidos se esparcían por todos los alrededores y ni las moscas que se le paseaban por los lacios bigotes lograban despertarlo de su profundo soñar.
“Rrrrrrrrrrrrr, Nioooooo, Rrrrrrrrr….” Se escucho el sonido de un avión pequeño acercándose al río. El ruido de las hélices y los motores despertaron al Fulgencio; asustado sintió como si estaba en los algodonales de la hacienda de los Miranda donde cuando andaba en la corta de algodón, sin previo aviso, la avioneta que regaba veneno pasaba por encima de ellos, los cortadores, lanzando el DDT y otros polvos mata bichos. “Sólo mata los bichos, no es malo pa la gente” les decía siempre el caporal. “Sigan muchachos que falta semanas para terminar los cortes!”.
Pero esta avioneta era más grande y parecía que se iba a estrellar contra el río, volando bajo, requete bajo. “A la chucha, solo falta que esa avioneta se caiga y me echen la culpa a mi” dijo el Fulgencio; “yo mejor me voy!” Y se paró y agarrando su matata se sacudió el remendado pantalón, tratando de sacudirse la arena de la playita del cantarín rio.
Y allí es cuando vió aquellos bultos caer desde la fulgurante avioneta; cayeron más de 30 bultos al río, y flotando se fueron yendo con la corriente río abajo. Uno de los bultos cayó casi a la orilla del río, del lado donde Fulgencio estaba y se atascó en una rama de un palo de papaturro que topaba con el río. “Achis, quizas al fin me llego mi diya de suerte; Seguro que esos son bultos de ropita usada pa la gente pobre de estos montes” dijo contento, y se acercó al papaturro y logró “pescar” el bulto.
Pesaba bastante, no menos de 50 libras y estaba muy bien empacado, inclusive protegido contra el agua – resistente al agua, guaterpruf, como decían de los relojes Timex que a veces pasaban vendiendo por el cantón y que nadie podía comprar – y, “que gueno, la ropita no se mojó, que guena suerte!” dijo el Fulgengio muy animado y contento con su suerte.
Y se echó el bulto al hombro y caminó de regreso a su aldea. Llegó re cansado, las canillas temblando, 50 libras y sin comer no era tan chiche pero lo animaba el pensar que llevaba ropitas pa su mujer y sus hijos y la que sobrara la llevaría al tiangue del pueblo pa vender y sacar algunos pesos pa los frijoles.
“Bien dice el dicho, más vale tarde que nunca, verda Maria?” dijo Fulgencio con cara de satisfacción, orgulloso de poder traer algo Bueno a su familia. Y la Maria aun incrédula, presintiendo que alguna cosa mala podia traerles aquel chunche, se fue un tanto renuente a traer el cuchillo romo que usaba en la cocina pa cortar la yuca.
Le dió el cuchillo a Fulgencio quien, con ansias de descubrir lo que venía; comenzó a cortar con gran cuidado -para no romper ninguna pieza- aquel perfectamente amarrado bulto. Le tomó casi diez minutos desmaniar el dichoso bulto, se imaginaba cuanta ropa bonita venía, ropa de marca de la mandan los gringos pa los pobres del país pero que casi siempre se la cogian los encargados de recibir y distribuir y nunca llegaba a la gente que verdaderamente necesitaban.
“Achis, mira Maria, no es ropa este volado, crio que es harina de maiz seco!” dijo el Fulgencio desanimado y triste. Y la probó con un dedo. Estaba amarga y de un gusto feo.
“que mala suerte Maria, ya está pasada la triste harina, está amarga y tiene un sabor refeyo” exclamó ya enojado. “ya deciya yo, que esto era muy gueno pa ser cierto, malaya mi suerte!” dijo mirando al cielo como reclamando a alguien por aplastarle su efímera alegría que le había durado un solo día, el día entero que le llevó en regresar al rancho con el triste bulto al hombro.
Se sento desalentado y cabizbajo; ahora sí, se dijo a sí mismo, “todas esas babosadas y malas suertes eran su culpa”; y que a lo mejor, en verdad, él estaba “salado” y que todo lo malo que ocurría a su alrededor era su mera y única culpa.
Agarró el bulto y lo tiró en el patio de atrás del rancho a la par de un majoncho sin majonchos. “Lo siento Maria, me voy agora mesmo que tengo que seguir mi pensada”. Y no hubo ruego ni llorada de cipotes que lo disuadiera de retomar su, momentaneamente parado Proyecto.
“me voy a buscar la vida y no pararé hasta que estos mis caites estén gastados hasta las lonas o hasta que venga con diez mil pesos pa construir una casita Buena” dijo con gran aplomo, seguro que ahora si no regresaba sino era con suficiente pisto pa la casita y pa comer bien.
Y pensó que su viaje hacia oriente no le habia traido suerte y decidio salir rumbo opuesto, hacia occidente, talvez, si tenia suerte podía llegar a la mera capital donde si abundaban los trabajos. Pasó tres días camina y camina, por ratos conseguía jalón montado en alguna carreta de bueyes o en tractores jala cana. Llegó a un pequeño pueblo de calles empedradas y casas de calicanto, techos de teja roja. Le pareció re bonito, un carretero le habia dicho que en ese pueblo había gente de pisto que talvez con un poco de suerte podría conseguir trabajo.
Caminó hacia el centro, como le había indicado el carretero y pasó enfrente del parque del centro donde alrededor se veían casas más grandes y más bonitas, con sus grandes corredores y amuebladas con muebles de madera fina y hamacas tejidas. Era la zona de casas de los ricos del pueblo y también donde, en el lado opuesto a las grandes casas, se erigía una Hermosa iglesia de estilo barroco con su gran campanario y sus grandes y elaboradas puertas de maderas finas.
A la derecha de la iglesia estaba el edificio de la alcaldía municipal, una construcción de paredes blancas y adornadas con ladrillos rojizos que contrastaban y resaltaban con buen gusto la moderna construcción.
Fulgencio estaba anodadado y miraba pa todos lados, este pueblo era “arrecho”, una chulada, nada que ver con su caserio pobre, pensó. La gente se paseaba bien vestida y alegre por el gran parque, algunos iban rumbo a la iglesia, otros sentados en las cómodas y preciosas bancas de madera y hierro forjado bajo las sombras de los frondosos árboles de abetos y pinos verdes. Estaba Seguro que era aquí, en este re-bonito pueblo donde su suerte cambiaría; y, con fervor y mirando hacia la Hermosa iglesia le pidió a Dios que esta vez si le echara una mano de a deveras; que confiaba en él; que cuando regresara le pondría un altar al niño Jesús y a San Crisantemo, se lo prometió con gran fe y devoción acompañando su petición con una serie de siete persignaciones y supiros.
Mientras esto pasaba, allá en el río donde habian caído los bultos del cielo, había pasado a darle agua a su burro un campesino del mismo caserío donde Fulgencio vivía. Mientras tomaba agua él y su burro, vio a lo lejos una polvareda. Por puro instinto y, por si acaso era cosa del diablo, escondió al burro en los matorrales y él se escondió detrás del palo de papaturro y se quedó allí en silencio, observando la polvareda acercarse a gran velocidad. Era un gran pickup truck, un Toyota nuevecito del que se bajaron cuatro hombres armados con fusiles y pistolas. Se miraban como personas de “malas pulgas”, y recorrieron la orilla del rio buscando algo y maldiciendo su mala suerte.
Uno de ellos, el que parecía ser el mero jefe dijo en voz alta y de pocos amigos: “Busquen bien pendejos que si no encuentramos ese paquete nos jodemos todos!”. Y buscaron por casi una hora y no encontraban el tal paquete. El Jefe habló de nuevo y dijo: Si el paquete no está por aquí, alguno de estos campesinos estúpidos lo ha de haber encontrado.
Vamos a pasar por los caseríos y ofrecemos una recompensa a quien sepa de el paquete o de quién lo tenga. Y se fueron de aldea en aldea y nadie sabía nada.
Chilo, el campesino amigo de Fulgencio suspiró hondo al ver a aquellos maleantes irse. Con seguridad pasarian por su aldea, pero allí, según Chilo, no encontrarían nada pues en su aldea la gente no salia pa ningún lado; él era el único que con su burro acarreaba leña pa vender en los caseríos de los alrededores.
“amonos burro no vaya ser el diablo questos maishtros nos encuentren y piensen que nojotros encontramos su bulto” Y se fue a paso rápido a su casa allá en la aldea antes que otra cosa sucediera. Llegó medio asustado aun, pero ya más tranquilo.
Le contó su mujer, la Nancha, que unos hombres como guardias, bien armados, habían pasado por la aldea buscando un chunche y que pagaban diez mil pesos a quien supiera de ese volado. “diez mil pesos, te podes imaginar vos Chilo!” dijo la mujer haciendo ademanes y soñando con todo ese pisto en la bolsa de su desgastado delantal.
En la casa de Fulgencio, la María se asustó al ver a aquellos cuatro enpistolados. Tenían cara de malos y le temblaron las patas al escuchar que andaban buscando un bulto y que daban una recompensa en puro cash, diez mil pesos, sin hacer preguntas ni averiguaciones. La Maria sólo les dijo “no señorones, aquí no hemos visto nada”.
Los hombres se fueron rumbo a la siguiente aldea, se veian frustrados y desesperados; María corrió al patio y vió que el paquete estaba allí y sintió un escalofrío sabiendo que era eso lo que aquellos hombres peligrosos buscaban. “es que ese burro del Fulgencio solo en problemas nos mete!” dijo la Maria; “malaya que ni estando lejos nos siga trayendo mala suerte; Dios nos libre” dijo enfadada, pero mas que enfadada, re asustada.
Se fue donde su amiga la Nancha a preguntar si estaba por allí el Chilo. “puesi aquí esta vos Maria, pa que te es gueno ese gueno para nada?” Y le contó el cuento de los enpistalados y le contó que el Fulgencio había hallado el tal bulto pero que ella no había tenido valor de decírselo a los hombres pues le dieron miedo con sus caras de bravos y malas gentes.
“Achis, Maria, ya salimos de pobres!; orita mesmo me voy a buscar a esos maishtros y les entrego el bulto” dijo emocionado el Chilo quién había escuchado la conversación de las mujeres.
“estás siguro vos Chilo?” dijo la Nancha con el seño bien fruncido de pura preocupación. “hay que tener cuidado que la Maria tiene razón, esos hombres se ven como malos. “no seyas bruta mujer, no ves que esos dijeron que el tal paquete valia mas de “cincuenta mil verdes”…y verdes son los meros dolares gringos, así es que diez mil pesos es como que nada para ellos”
Se fue Chilo a buscar a los dueños del dichoso paquete. Como pudo lo amarró de nuevo y lo subió al lomo de su burro y se fueron, burro y hombre, en busca de fortuna. Poco habían recorrido cuando vió venir en sentido contrario la veloz polvareda que ya antes había visto allá río abajo. Y se paró en el medio de la callejuela de polvo, mas apta para carretas y burros que para vehiculos motorizados, y les hizo señas de parar. “que te pasa idiota, apártate o te aplastamos” le grito desde la cama del pickup uno de los pistoleros.
Chilo no se apartó y, más por lástima al burro que a aquel bruto campesino, metieron los frenos y pararon. “guenas tardes señores, aquí les traigo el bulto que buscan, lo encontró mi amigo el Fulgencio y pensó quera ropa usada pero sólo encontró un polvo rancio y dejó el paquete tirado”.
Se miraron los bandidos los unos a los otros, incrédulos, era una gran suerte, se habían salvado de una segura muerte; el gran Jefe de la capital nunca les habría perdonado esa pérdida. Se bajaron y comprobaron que, en efecto, era el tan ansiado paquete.
No sabían si matar de una vez a Chilo y su burro o si dejarlos ir. A ellos les daba lo mismo una cosa o la otra. Se inclinaron por lo mas facil para ellos, matarlo y ya. “Diosito me los puso en el camino, son ustedes el milagro que mi chero Fulgencio y yo hemos estado pidiendo dende años atrás; con el pistillo que ustedes nos darán, salimos de pobres; bendito seya El Niño de Atocha y ustedes” les dijo alegre Chilo.
El jefe hizo señas a sus tres matones que se detuvieran. Las palabras de Chilo le recordaron de su propia historia, cuando el era pobre e ingenuo, cuando el era bueno y sin mancha. Y allí mismo saco de su bolsa los diez mil pesos prometidos, se los dió al Chilo quien jamas en su vida habia visto semejante rimero de billetes juntos, todos de cien pesos cada uno. Era pisto equivalente a diez años de trabajo de él y Fulgencio juntos. Vaya con Dios amigo, jamas cuentes de esto a nadie, dijo el jefe a Chilo.
La Maria construyo su casita con sus cinco mil pesos y hasta le sobro pa montar una medio tiendita. El Fulgencio regresó un año después, venía con quinientos pesos que había logrado ahorrar, no era mucho, pero al menos era algo pa comenzar se había dicho. De todas maneras ya se sentía muy triste y sólo lejos de su Maria y sus cipotes con quienes no se habia podido comunicar desde el día que se fue.
Se sorprendió al pasar por el rancho del Chilo; ya no era un rancho, era una bonita casa de adobe y tejas de la que en el techo salía una antenna de televisión como la de sus patrones allá en San Chico, el pueblo de los maishtros ricos. Pero estaba ansioso por llegar a su rancho y siguió de largo.
Se acerco a su rancho que ya tampoco era un rancho. Era también una bonita casa, igual que la del Chilo, y con un rotulo de la Coca Cola que ademas decia Tienda Maria.
Y salieron Mariay los cipotes, y se abrazaron y lloraron emocionados, al fin de nuevo juntos, y, entre risas, abrazos y alegria, a modo de chiste, dijo la Maria “Todo esto es culpa tuya Fulgencio”, y le explicó después la historia del bulto de polvos rancios…en ese mismo momento pasaba por enfrente un chucho aguacatero, flaco y triste. Y dijo Fulgencio, “venite Firulais, ya se acabaron tus días de chucho pobre y pulgoso; te quedas con nosotros ...y nunca más quiso Fulgencio escuchar ni repetir aquel dicho de que “al perro más flaco se le pegan las pulgas”
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2018.06.22 00:47 master_x_2k Colmena X

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Colmena X

“911 de Brockton Bay, ¿cuál es su emergencia?”
“Múltiples heridos”, le dije, mirando hacia la señal de la calle más cercana, “Almacén en Whitemore y Sunset. Envíen policías y capas también. Estos tipos son miembros del ABB.”
Hubo una breve pausa: “¿Eso es Whitemore y Sunset?”
“Whitemore y Sunset, sí. Escucha, el líder del ABB, un parahumano llamado Lung, está incapacitado en la escena, pero eso no será así por mucho tiempo. Está drogado y cegado, pero las drogas estarán fuera de su sistema antes de que pase demasiado tiempo.”
“¿Eres una capa?”, Preguntó, “¿Puedo obtener tu identificación?”
“Repito”, la ignoré, “Está drogado y cegado, pero solo la ceguera será un factor cuando los primeros en responder lleguen a la escena. Adviértales que tengan cuidado. También puedes decirles que un segundo parahumano que se hacía llamar Oni Lee estaba presente pero huyó después de resultar herido. Él todavía puede estar en el área.”
“Entiendo. El Protectorado será informado antes de que lleguen a la escena. Tengo ambulancias, policías y equipos de ERP en camino. ¿Puedo obtener su identificación?”
Colgué.
“No puedo creer que le hayas arrancado sus ojos”, dijo Sundancer. Estábamos caminando rápidamente hacia donde habíamos dejado Labyrinth.
“Él sanará”, le señalé, “eventualmente.”
“Cegaste a alguien que estaba incapaz de defenderse. Eso está un poco jodido.”
No podía decir mucho sobre eso. Jodido o no, había sido necesario. No podría haber lidiado con ello si hubiera sabido que lo habíamos dejado allí y él hubiera vuelto al ruedo como de costumbre para el final del día. Lo había detenido, lo mejor que pude.
Está bien, está bien, estaba dispuesta a admitir que tal vez los medios eran un poco turbios. Había peleado junto a algunas personas de mierda, lo había mutilado. Al dejar ir a Fenja, Menja y Kaiser, de cierta forma había aprobado lo que le habían hecho a los hombres de Lung. Pero al final, era lo que quería hacer cuando quería ser un superhéroe. Había derrotado a una persona horrible.
Solo esperaba que los héroes pudieran limpiar el desorden y poner a Lung tras las rejas para siempre esta vez.
“Oye Perra”, le dije, “¿por qué regresaste?” No podía expresarlo mejor sin ofenderla, pero quería saber por qué volvería cuando se suponía que iba a tomar Newter y al soldado de Coil a un doctor.
Perra estaba sentada con una pierna a cada lado sobre Brutus. Ella pareció entender lo que quise decir, “El otro soldado dijo que era un médico entrenado. Me dijo que podía manejarlo, así que volví para luchar.”
“Ah”, dije. “Lo entiendo.”
Al ver que nos acercamos al resto de nuestro grupo, vi que Perra no había mentido. Newter estaba vendado y despierto, mientras que el otro soldado estaba acostado, inconsciente. Tal vez noqueado por el dolor.
“Lo lograste”, sonrió Newter.
“Apenas”, admití, “¿Estás bien?”
“Soy más duro de lo que parezco”, respondió, “Beneficio de mi, um, biología única.”
“Genial”, le respondí, sintiéndome tonta por no tener una mejor respuesta, pero no se me ocurrió nada que decir que no sonara como si lo estuviera intentando demasiado o, peor, sonara sarcástica.
“Este tipo dice que ustedes probablemente salvaron mi vida”, Newter señaló con el pulgar hacia el hombre de Coil que estaba despierto.
“Honestamente, me cuesta para creer que estás despierto y hablando en este momento”, respondió el médico.
“De todos modos, gracias”, dijo Newter, moviendo los ojos de mí a Sundancer a Perra y viceversa.
“No hay problema”, le respondí, sintiéndome tonta por no tener una respuesta mejor o más adecuada. Avergonzada, busqué una razón para cambiar el tema. “Mira, deberíamos salir de aquí en los próximos minutos. Capas, policías y ambulancias están en camino de lidiar con las repercusiones.”
“Está bien”, dijo Newter, “pero tengo que preguntar... ¿un pequeño ejército de cucarachas los trajo esos?”
Estaba sonriendo mientras señalaba un lugar cerca de donde estaba echado. Una pila de bolsas de papel estaba organizada en una pila.
“Me olvidé de que hice eso”, admití, “no se sentía bien dejar el dinero del ABB si terminábamos retirándonos, así que hice que mis bichos lo sacaran de ahí. Todos podrían tomar una bolsa.”
“¿Podemos tomarlo?” Newter preguntó, “¿Segura?”
Me encogí de hombros en respuesta. El dinero no me importaba mucho. “Considéralo un bonus, un agradecimiento por ayudar. Esta, em, no exactamente dividido en partes iguales, así que no lo tomen como un insulto si alguno de ellos termina siendo una bolsa llena de billetes de un dólar.”
“No tengo quejas”, dijo Newter. Extendió la mano y la usó para rodear y recoger una bolsa. El tipo de Coil lo ayudó a ponerse de pie, y uno podía verlo estremecerse y jadear por el esfuerzo. Se tambaleó un poco, luego puso una mano sobre el hombro de Labyrinth para estabilizarse. Sundancer agarró una bolsa, y el médico / observador de Coil agarró dos.
Labyrinth no se estiro a por una, así que me acerqué, agarré una y se la tendí. Ella no respondió.
“Lo cuidare por ella”, ofreció Newter.
“¿Ella se encuentra bien?”
“Ella esta... bastante normal. Para ella, en todo caso.”
Reclamó la bolsa, dejando tres para Perra y para mí, pero nadie se quejaba ni señalaba eso.
“¿Ustedes necesitan un aventón?”, Pregunté.
Newter negó con la cabeza, luego señaló a una boca de alcantarilla en el camino, “Volveremos a uno de nuestros escondites por allí. Territorio familiar para mí.”
“¿Es esa una buena idea, con tu lesión? Quiero decir, declarando lo obvio, pero va a ser bastante asqueroso allí abajo.”
Él sonrió, “No se puede infectar. Mi biología es tóxica para las bacterias y los parásitos, creo. Nunca he estado enfermo, que pueda recordar.”
Por supuesto. Ahora me sentía tonta por hacer que Sundancer usara el alcohol para esterilizarlo, y por hacer un esfuerzo adicional con las toallas sanitarias, para asegurarme que lo que estaba usando estuviera limpio.
“¿Y ustedes chicos?” Le pregunté al tipo de Coil, “¿Aventón?”
“Tenemos uno, pero gracias.” El médico se agachó, ató las muñecas de su compañero, y luego se colocó el lazo de brazos sobre su cabeza, por lo que efectivamente estaba llevando a su amigo a cuestas. Tomó otro segundo para acomodar sus armas, luego se dirigió a través del mismo callejón que Kaiser, Fenja y Menja habían atravesado antes de que comenzara la pelea.
Sundancer iba por el camino opuesto, entonces ella dijo un breve adiós y se fue. Newter y Labyrinth estaban caminando en la misma dirección que Perra y yo, así que caminamos juntos.Labyrinth caminaba como si estuviera aturdida, con Newter llevándola de la mano como si fuera una niña. Era interesante, no solo por ver ese tipo de interacción entre ellos, sino también que sus guantes parecían de tela, y que probablemente estaba arriesgándose a drogarla... a menos que fuera inmune. ¿Una consecuencia de su habilidad? Me sorprendió mirando, sonrió y se encogió de hombros.
“¿Autista?” Supuse.
Él negó con la cabeza, “No, aunque pensamos eso, al principio. Parece que era una niña normal hasta que aparecieron sus poderes. Desde entonces, ha estado en su pequeño mundo, más o menos. Un poco peor en este momento, creo, después de verme herido.”
“¿Eso sucede?”, Le pregunté, haciendo un gesto hacia mi cabeza, incapaz de encontrar una forma inofensiva y simple de expresarlo.
Se encogió de hombros, “A veces conseguir poderes te jode el cuerpo”, hizo un gesto para sí mismo usando su cola, que todavía sostenía las bolsas de papel, “A veces te jode la cabeza. Mala suerte, pero lidias con las cartas que te reparten.”
“Oh”, respondí. No estaba segura de cómo responder. Un horror frío y silencioso se apoderó de mí. Mis poderes tenían algo que ver con mi cerebro. Podía recordar lo loca que me había sentido justo después de que aparecieran mis poderes, ese torrente de imágenes de pesadilla, señales y detalles de mis bichos. Todavía tengo malos sueños al respecto. ¿Qué tan cerca había estado de ser así permanentemente?
Él sonrió, “Esta bien. Ella nos quiere mucho y también estamos apegados a ella. Ella tiene sus momentos lúcidos, cuando nos hace saber que está de acuerdo con el status quo. Claro, ella tiene días malos cuando está muerta para el mundo, pero todos nuestros poderes tienen inconvenientes, ¿sí?”
“Sí”, le hice eco, aunque no podía pensar en un inconveniente para mi poder que siquiera se acercara a eso.
“Creo que estamos bien donde estamos. ¿Eh, L? ¿Estás feliz desde que te sacamos de ese lugar?”
Labyrinth como que se sacudió su aturdimiento y lo miró.
“Sí”, sonrió Newter, “Puedes notarlo porque las cosas que hace con su poder son más bonitas, estos días.” Hizo un gesto hacia la tapa de la alcantarilla, “Aquí es donde nos separamos.”
Labyrinth miró hacia abajo, hacia donde señalaba. Un momento después, una tracería de líneas plateadas se extendió alrededor de la tapa de alcantarilla, extendiéndose y bifurcando como venas. Cuando las líneas se encontraron y seccionaron partes de la carretera, esos pedazos de camino se levantaron y voltearon, revelando una textura de mármol blanco en sus partes inferiores. Cuando estuvo suficientemente rodeada por la extensión de mármol blanco agrietado, la boca de alcantarilla se dio vuelta, revelando una superficie inferior plateada, y luego se abrió sobre una bisagra invisible. Una escalera de caracol de más mármol o marfil conducía a las profundidades. Las paredes blancas tenían un tenue resplandor.
“Genial, ¿eh?”, Respondió Newter. Cuando bajó a la escalera, era sólido bajo su pie. Levantó las bolsas de papel mientras decía, “Gracias chicos.”
“Claro”, respondí. “Hasta luego.”
La boca de acceso se cerró detrás de ellos, y casi de inmediato, el blanco alrededor de la boca de alcantarilla comenzó a desvanecerse.
Levanté la vista hacia Perra, donde estaba sentada con Brutus tuerto. Angelica y un Judas todavía polvoriento estaban justo detrás de ella. Ella me ofreció una mano a la espalda de Brutus.
Había muchos inconvenientes por tener una máscara o casco que no cubría toda mi cabeza. Si me hubiera sentado y dedicado las horas extra para terminar mi máscara y expandir las secciones blindadas, tal vez no habría tenido esa conmoción cerebral que me estaba causando tanto dolor de culo.
Lo bueno, sin embargo, fue que me pareció increíble tener el viento soplando en mi cabello mientras cabalgábamos por las calles vacías. El alivio perfecto de esa loca subida de adrenalina que había surgido al enfrentarme a Oni Lee y Lung unos minutos después. Cerré los ojos y dejé que la tensión fluyera de mí.
Cabalgamos así durante unos minutos. Perra tomó giros y se movió sin rumbo fijo mientras se dirigía al este, hacia el agua y las playas. Tal vez estaba tomando medidas evasivas en caso de que nos siguieran, tal vez solo quería montar. Realmente no me importaba.
Estaba un poco desorientada cuando finalmente nos detuvimos. Brutus recorrió la arena mientras bajaba a la playa. Perra saltó hacia abajo, y yo seguí su ejemplo.
Aún era temprano en la tarde, así que la playa estaba desierta, y no era el tipo de playa que de todos modos tenía mucho uso turístico. Una pared de concreto separaba la playa de la carretera que se elevaba sobre nosotros, y un enorme agujero con los restos oxidados de lo que una vez había sido una reja marcaba la salida de los varios desagües debajo de los Muelles. Basura, hojas podridas y una o dos agujas se habían filtrado a la arena debajo del desagüe.
“Ve a casa”, ordenó Perra a los perros. Uno por uno, se metieron en el desagüe. Supuse que dejarían que la transformación amainara antes de que regresaran solos al departamento.
Entonces Perra se quitó la máscara. Ella me dio una mirada burlona.
“¿Qué?”
“¿Te vas a cambiar? No puedes caminar de regreso así.”
“No tengo una muda de ropa conmigo. O escondida en algún lugar.”
“Bien. Eso es jodidamente estúpido”, me respondió.
“No estaba pensando en el futuro cuando decidí irme. Demándame”, la desafié.
“¿Qué estás usando debajo de eso?”
“Top sin mangas y pantalones cortos elásticos.”
Ella miró a su alrededor. “No hace tanto frío.”
Suspiré y desaté mi armadura lo suficiente para desabrochar mi traje en la parte posterior. Lo saqué, mucho más fácil que poniéndolo, y lo envolví para que todas las partes identificables de la máscara y la armadura estuvieran ocultas por la tela. La arena estaba húmeda y fría bajo mis pies descalzos.
Cuando Perra se estiro hacia mi cara, me sobresalté. Puso una mano en el costado de mi cara, y por solo una fracción de segundo, pensé que algo increíblemente incómodo estaba a punto de suceder.
Luego ella me giró la cabeza lo suficiente como para que fuera casi horizontal.
“Te ves como si alguien hubiera intentado colgarte.”
“¿Qué?” Pregunté.
Tocó un lado de mi cuello, pero no fue posible ver esa parte de mí misma sin un espejo. Me di cuenta de lo que estaba hablando, después de un momento de reflexión. Levanté el lateral de mi camiseta sin mangas, y efectivamente, había un hematoma rojo-negro en mi estómago y cintura. Subiendo por mi parte superior un poco más, encontré otro en mis costillas. Sabía que habría otro cerca de mi axila, y uno cercando mi cuello.
Tenía una puta huella de mano gigante en mi cuerpo, cortesía de Lung.
Solté un largo gemido, tocando mi cuello donde me sentía tierna. “De ninguna manera puedo esconder esto de mi padre.”
Mi buen humor se desvaneció cuando empezamos a caminar hacia el departamento. Se hizo aún más desagradable porque estaba ligera de ropa y descalza, y el suelo estaba frío bajo mis pies.
Me estremecí y abracé los brazos a mi cuerpo lo mejor que pude mientras aún mantenía mi traje echo un bollo y las bolsas de papel llenas de dinero en la mano.
Algo cálido se asentó sobre mis hombros. Miré a Perra mientras terminaba de cubrirme con su chaqueta. Cuando ella se echó hacia atrás, frunció las cejas, mirándome furiosamente, agarré las bolsas y mi bulto de traje para poder pasar los brazos por las mangas y apretar los botones. Era una chaqueta de lona con un cuello de piel, pero era del tamaño incorrecto para mí y era pesada. Los bolsillos, encontré, mientras trataba de meter las manos allí, estaban llenos de cosas. Un lío de bolsas de plástico, barras de chocolate, barras de proteína, una caja de jugo, bocados que se unieron, lo que supuse eran golosinas para perros o comida para perros. No eran exactamente suministros de capa. En general, fue casi incómodo.
Pero era cálido.
“Gracias”, le dije, sorprendida por el gesto.
“Necesitabas algo para cubrir tu cuello”, parecía molesta, “La gente lo miraba.”
“No importa. Gracias.” Ofrecí una sonrisa.
“Ya dijiste eso,” pasó de parecer molesta a parecer enfadada, “Es mía, puedo quitartela.”
“Por supuesto”, dije. Entonces para estar segura, ofrecí, “¿Quieres?”
Ella no respondió, dejándome absolutamente desconcertada. ¿Por qué fue que cuando le agradecía a alguien como mi papá por darme un regalo, me pareció que sonaba sarcástico o patético, sin importar cuánto intentara decirlo, pero la maldita vez que estaba el noventa y cinco por ciento segura de que sonaba tan sincera como lo sentía, fue con Perra? ¿y ella no lo creyó?
Preocupada de que cualquier cosa que dijera fuera tomada de mala manera, me quedé callada, como me encontraba haciéndolo cada vez más a menudo con ella. No fue un viaje corto, y mis pies aún sentían el calor que se escapaba de ellos mientras daba cada paso en la acera, pero el centro de mi cuerpo estaba tibio, y eso fue suficiente para mantenerme en pie. Así, volvimos al departamento.
Abrió la puerta y nos dejó entrar. Llamé a gritos a Brian y a Lisa, pero no hubo voces que saludaran en respuesta. Los otros no habían vuelto todavía, lo que tenía sentido, ya que Grue tendría que recoger a Tattletale y Regent antes de que regresaran, y no había sonado como si el equipo de Tattletale estuviera a punto de concluir cuando llamé. Perra abrió el camino hacia el departamento, y en el momento en que estuve allí, me quité la chaqueta y sin decir palabra se la entregué. Ella todavía estaba mirándome.
¿Qué podría hacer? ¿Qué podría decir? Parecía que todo lo que hiciera la hacía enojar, enviaba la señal equivocada.
Regresé a mi habitación en el departamento y busqué en las bolsas de compras que todavía tenía allí, buscando un par de jeans sueltos y una camisa de manga larga para ponerme sobre mi top. Sin calcetines limpios, por desgracia, pero había algunas cobijas sobre la cama. Tomé algunas y las arrastré detrás de mí hacia la sala de estar, donde Perra estaba mirando televisión. Ella me miró mal, pero no se quejó, mientras yo me abrigaba en las cobijas en el otro sofá.
Ella tenía el control remoto, y yo estaba dispuesta a dejar que lo tuviera. Navegó incansablemente, se conformó con una película de acción durante cinco minutos, luego comenzó a navegar de nuevo cuando comenzaron los anuncios, y no regresó a ella.
No era demasiado interesante para mirar, pero no me importó. Me recuesto, pensando en los acontecimientos del día, las conversaciones, los detalles de información.
Casi me adormezco, cuando mi tren de pensamiento perezoso tropezó con algo que temía olvidar si me dejaba dormirme por completo. Me obligué a abrir los ojos y sentarme un poco.
“¿Perra?” Me arriesgué a llamar su atención, esperando que se hubiera calmado un poco. Ella me miró.
“Um. Cuando estábamos hablando, hace un momento, te di las gracias. ¿Te pareció sarcástico o qué?”
“¿Te estás metiendo conmigo otra vez?”
“No.” levanté mis manos para detenerla, “No es lo que estaba tratando de hacer. Sólo me pregunto.”
“Mantén tus dudas para ti misma”, espetó ella. Cuando volvió su atención a la televisión, su salto de canales se elevó un escalón.
“Te pagaré para que me respondas”, lo intenté.
Ella me miró.
“Ese dinero tomamos. Puedes quedarte con todo eso.”
Sus ojos se estrecharon, “Se supone que debemos dividir nuestras ganancias en cinco partes.”
“Nos lo ganamos, ¿verdad? ¿Nosotras dos? No les contaré a los demás si no lo haces. Y digo que puedes tenerlo todo. No estoy segura de cuánto es, pero sería tuyo.”
“¿Es esto un truco?”
“No hay truco. Solo responde mi pregunta. Incluso puedes decirme que me pierda después, iré a mi habitación y tomaré una siesta o algo así.”
Se inclinó hacia atrás y puso la mano con el control remoto en su regazo, mirándome. Lo tomé por consentimiento.
“Entonces, lo que estaba preguntando antes, cuando te dije gracias, ¿pensaste que era sarcástico, creíste que era genuino? ¿qué?”
“No sé.”
“Quieres decir que no sabías, o no puedes recordar, o-“
“Dije no sé.”
“Bien”, suspiré, “Lo que sea. El dinero es tuyo.”
“¿Así de fácil?”
Me encogí de hombros.
“Dijiste que te perderías si lo pedía”, señaló.
Asentí con la cabeza, recogí las mantas y me retiré a mi habitación.
Aunque no dormí la siesta. En cambio, miré hacia arriba a las vigas de hierro que enmarcaban el techo, sumidas en mis pensamientos, pensando en la conversación con Newter sobre Labyrinth.
Todavía estaba repasando mis pensamientos cuando el resto de la pandilla regresó.
Me aventuré a salir de la habitación, aún envuelta en una manta, para saludarlos. Brian me dio una sonrisa ganadora mientras se quitaba el casco, y recibí un poco de atención por tener la lesión más notable de la tarde.
Cuando Alec, Brian y Perra comenzaron a hablar sobre sus aventuras individuales, Lisa me llevó a un lado. Terminamos caminando hacia la cocina. Lisa puso una tetera mientras me preguntaba: “¿Estás bien?”
“No estoy herida, por feo que parezca, y creo que me siento mejor sobre lo de la escuela.”
“Pero estás distraída por algo.”
“Estaba hablando con Newter. Sabes que Labyrinth está fuera de sí, por su poder, ¿verdad?”
“¿Quieres saber si hay algo malo contigo, de lo que no sepas?”
“No”, negué con la cabeza, “Espera, ¿lo hay?”
“Nah. ¿Entonces que hay de nuevo?”
“Perra.”
“Ahhh.”
“He estado pensando, pero no quiero construir una teoría en mi cabeza, hacer una suposición y avergonzarme.”
“Dime lo que estás pensando, y te diré si estás equivocada.”
“Ella es muy buena para leer el lenguaje corporal, ¿verdad? Podía leer a Brian incluso cuando estaba borroso por su oscuridad con una máscara puesta. Es, ¿qué, algún tipo de poder menor de ella?”
“Algo de su habilidad natural. Algo de eso es, sí, que su poder ajustó su forma de pensar. Para que pueda comunicarse mejor con sus perros.”
“Claro”, eché un vistazo por el pasillo hacia donde los otros estaban hablando. O más bien, donde Brian y Alec estaban hablando y Perra estaba parada allí. “Esa es la cosa. Lo que estoy pensando es... ¿tal vez cuando su poder le dio la capacidad de entender a los perros, sobrescribió algo más? ¿Jodió su habilidad para tratar con la gente?”
Lisa se volvió y sacó algunas tazas del armario. Ella me dio una media sonrisa de disculpa. “Sí. Algo como eso.”
“Entonces, ¿qué? ¿No puede leer expresiones o tono?”
“¿Todas las pistas que le damos a los demás como parte de una conversación regular? Ella no las entiende, probablemente no podría aprenderlas con un año de verdadero esfuerzo. No es solo que ella no lo entienda... las interacciones más básicas están arruinadas por la psicología canina que está integrada en su cabeza. Le sonríes y le preguntas cómo está, lo primero que piensa es que le estás enseñando los dientes con ira, y tiene que recordarse a sí misma que no. Pero incluso después de eso, probablemente se esté preguntando si estabas siendo sarcástica, o condescendiente, o amable, o lo que sea. Ella sabe que no le estás gritando por tu tono de voz, pero no siempre alzamos la voz cuando estamos enojados, ¿sabes?”
“Sí.”
“Y recurre a lo único que entiende, el comportamiento canino, porque funciona a un nivel. Los desafíos de dominación, contacto visual, jerarquías de manada y establecer territorio, todo ajustado y adaptado a su vida humana.”
“Entonces ella no es realmente una sociópata.”
“No, no tanto.”
“¿Por qué no dijiste nada?” Me di cuenta tardíamente, que sonaba acusatoria. Tal vez tenía razón en hacerlo.
“Porque ella se iría si se entera, y por razones que yo no sé, el jefe quiere que ella se quede con nosotros. Pasó toda su vida aceptando el hecho de que tuvo una infancia de mierda, y la convirtió en una persona perturbada. Sus perros son lo único normal y adecuado para ella. ¿Si descubre que la razón por la que está tan trastornada es la misma cosa que la hace tan cercana a sus perros?”
Ella dejó que el pensamiento se flotara en el aire.
“Lo entiendo”, respondí.
“Así que no hay nada más que decir, por favor, a menos que sea absolutamente necesario y estés completamente cien por ciento segura de que ella no va a escuchar.”
“¿Los demás lo saben?”
“No creo que cambie mucho, y no confío en que esos dos mantengan el secreto. Brian es... No quiero decir demasiado honesto. Pero él es transparente, y Perra puede leerlo. Alec lo olvidaría y lo dejaría escapar como parte de una broma. Él no entiende la gravedad de las cosas, a veces.”
“Bueno.”
Sirvió una taza y la revolvió, luego me dio una taza de Ovaltine. Ella colocó las otras tazas en una bandeja y las llevó a la sala de estar. Me quedé donde estaba, para pensar.
Me acordé de un libro de no ficción que leí donde un niño llegaba a la secundaria antes de que sus maestros se dieran cuenta de que era analfabeto. Lo hizo siendo el payaso de la clase, haciendo escenas. ¿Era igual Perra? La violencia y la hostilidad pueden ser una tapadera para distraer su propia inhabilidad de interactuar, al menos parcialmente. Sin embargo, supuse que era bastante genuino. Había tenido una infancia horrible, había vivido en las calles y había luchado con uñas y dientes para sobrevivir y evitar el arresto.
¿Pero al final del día? ¿Tan incómoda como me sentí en las interacciones del día a día? Ella estaba cien veces peor.

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2018.04.03 20:36 master_x_2k Interludio II

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____________________Interludio II____________________

Había muy pocas cosas, para Victoria Dallon, que fueran más geniales que volar. El campo de fuerza invisible que se extendía unos milímetros sobre su piel y su ropa simplemente lo hacía mejor. El campo evitaba que el frío la tocara, pero aún así le permitía sentir el viento en su piel y en su pelo. Los bichos no se estrellaban contra su rostro como lo hacían contra los parabrisas de los automóviles, incluso cuando estaba alcanzando ciento treinta kilómetros por hora.
Glory Girl
Al ver a su objetivo, ella frenó en seco y se lanzó hacia el suelo, ganando velocidad cuando cualquier otra persona estaría desacelerando. Golpeó el asfalto lo suficientemente fuerte como para romperlo y enviar fragmentos por los aires, tocando el suelo con una rodilla y un pie, un brazo extendido. Permaneció en esa posición de rodillas solo por un momento, dejando que sus rizos de platino y la capa que estaba colgada sobre uno de sus hombros revolotearan en la estela del aire que había arrastrado al descender. Ella encontró los ojos de su presa con una mirada de acéro.
Había practicado ese aterrizaje durante semanas para hacerlo bien.
El hombre era un veinteañero caucásico con la cabeza rapada, una camisa de vestir con las mangas arremangadas, pantalones vaqueros y botas de trabajo. Él la miró una vez y salió disparado.
Victoria sonrió mientras desaparecía por el otro extremo del callejón. Se levantó de su posición arrodillada, se sacudió el polvo y se pasó los dedos por el pelo para arreglarlo. Luego se levantó a medio metro del suelo y voló tras él facilmente a una velocidad de setenta kilómetros por hora.
No le tomó un minuto atraparlo, incluso con la ventaja que ella le había dado. Ella voló justo detrás de él, pasándolo. Un instante después, ella se detuvo completamente, frente a él. De nuevo, el viento hizo que floreciera dramáticamente al agitar su cabello, su capa y la falda de su traje.
“La mujer a la que atacaste se llama Andrea Young”, dijo.
El hombre miró por encima del hombro, como si midiera sus rutas de escape.
“Ni lo pienses, esperpento”, le dijo, “Sabes que te atraparía, y créeme, ya estoy lo suficientemente enojada sin que me hagas perder el tiempo.”
“No hice nada”, gruñó el hombre.
“¡Andrea Young!” Victoria alzó la voz. Mientras gritaba, ella ejerció su poder. El hombre se acobardó como si ella lo hubiera abofeteado. “¡Una estudiante universitaria negra fue golpeada de tal forma que necesitó atención médica! ¡Le tiraron los dientes! ¿Estás tratando de decirme que tú, skinhead con los nudillos hinchados, alguien que estaba en la multitud mirando a los paramédicos llegar con una expresión alegre, no hiciste nada?”
“No hice nada que por lo que valga la pena alterarse”, se burló. Su bravuconería fue atenuada por una segunda mirada sobre su hombro, como si le gustara mucho estar en otro lugar en ese momento.
Ella voló hacia adelante, sus puños lo agarraron por el cuello. Por solo un momento, ella pensó en golpearlo contra la pared. Hubiera sido apropiado y satisfactorio empujarlo lo suficientemente fuerte contra el ladrillo para romperlo, y luego dejarlo caer en el contenedor de basura que estaba en la base de la pared.
En cambio, se elevó un poco, deteniéndolos a ambos. Ahora estaban lo suficientemente alto sobre el suelo que él se sentiría incómodo con la altura. El contenedor de basura, en su mayoría vacío, estaba directamente debajo de él, pero ella dudaba de que estuviera prestando atención a nada más que a ella.
“Creo que es una apuesta segura decir que eres miembro del Imperio Ochenta y Ocho”, le dijo, mirándolo a los ojos con una mirada dura, “o al menos, tienes algunos amigos que sí lo son. Entonces, esto es lo que va a suceder. Vas a decirme todo lo que han hecho los Ochenta y Ocho, o voy a romper tus brazos y piernas y entonces me vas a contar todo.”
Mientras hablaba, ella aumentó su poder. Sabía que estaba funcionando cuando él comenzó a retorcerse solo para evitar su mirada.
“Chúpamela, no puedes tocarme. Hay leyes contra esa mierda”, bramó, mirando fijamente por encima de un hombro.
Ella intensifico su poder un poco más. Su cuerpo vibraba con la corriente, ondas de energía que cualquiera en su presencia experimentaría como una carga emocional de asombro y admiración. Para aquellos con una razón para tenerle miedo, sería una sensación de intimidación en bruto en su lugar.
“Última oportunidad”, le advirtió.
Desafortunadamente, el miedo afectaba a todos de manera diferente. Para este malnacido en particular, solo lo hizo ponerse firme y volverse obstinado. Podía verlo en su lenguaje corporal antes de abrir la boca: este era el tipo de hombre que reaccionaba ante cualquier cosa que lo asustaba o alteraba con un rechazo casi sin sentido a doblegarse.
“Lame mis peludas y sudorosas bolas”, gruñó, antes de puntuar con un firme, “puta.”
Ella lo tiró. Como podía hacer pesas con una mezcladora de cemento, aunque era difícil equilibrar algo tan grande y difícil de manejar, incluso un lanzamiento casual de su parte podía llegar a una buena distancia. Voló unos buenos ocho o nueve metros por el callejón antes de golpear el asfalto, y rodó por otros tres.
Estuvo totalmente inmóvil el tiempo suficiente para que Victoria comenzara a preocuparse de que de alguna manera le hubiera roto el cuello o la columna vertebral mientras rodaba. Ella se sintió aliviada cuando él gimió y comenzó a ponerse de pie.
“¿Listo para hablar?”, Le preguntó, con su voz bajando por el callejón. No avanzó desde donde flotaba en el aire, pero sí se dejó caer más cerca del suelo.
Presionando una mano contra su pierna para sostenerse mientras se enderezaba, levantó la otra mano y le levanto el dedo del medio, luego se giró y comenzó a cojear por el callejón.
¿Qué estaba pensando este imbécil? ¿Que ella simplemente lo dejaría ir? Eso, ¿Qué ella simplemente se inclinaría ante su estúpida falta de instinto de supervivencia? ¿Qué ella era incapaz de hacerle daño real? ¿Para colmo, iba a insultarla y tratar de irse caminando?
“Que te jodan a ti también”, siseó entre dientes. Luego pateó el contenedor de basura debajo de ella lo suficientemente fuerte como para enviarlo volando por el pequeño camino. Giró perezosamente por el aire mientras se arqueaba hacia la figura en retirada, la trayectoria y la rotación apenas cambiaban cuando lo aplastó contra el suelo. Se detuvo tres o cuatro metros más allá de él, los costados metálicos del contenedor chirriaron y chispearon al rozar el asfalto.
Esta vez, él no se levantó.
“Mierda”, ella maldijo, “Mierda, carajo, mierda”. Ella voló hacia él y verificó su pulso. Suspiró y luego se dirigió a la calle más cercana. Encontró la dirección de la calle, agarró su celular del cinturón y marcó.
“Hey, ¿hermanita? Sí, lo encontré. Ese es, eh, el problema. Sí. Mira, lo sien- ok, ¿podemos hablar de esto más tarde? Sí. Estoy en Spayder y Rock, hay un pequeño camino que corre detrás de los edificios. Medio en el Centro, sí. ¿Sí? Gracias.”
Victoria regresó al skinhead inconsciente, verificó su pulso y escuchó atentamente los cambios en su respiración. Le tomó cinco muy largos minutos a su llegar hermana.
¿Otra vez, Victoria?”, La voz la distrajo de su contemplación.
Panacea
“Utiliza mi nombre clave, por favor”, le dijo Victoria a la chica. Su hermana era tan diferente de ella como la noche del día. Donde Victoria era hermosa, alta, espléndida, rubia, Amy era poco llamativa y pequeña. El traje de Victoria mostraba su figura, con un vestido blanco de una pieza que llegaba a la mitad del muslo (con pantalones cortos debajo) una capa sobre el hombro, botas altas y una tiara dorada con puntas que irradiaban, vagamente reminiscente de los rayos del sol o la estatua de la libertad. El traje de Amy, por el contrario, estaba solo a una sombra de ser un burka. Amy llevaba una bata con una gran capucha y una bufanda que cubría la mitad inferior de su rostro. La túnica era de alabastro blanco y tenía una cruz roja de médico en el pecho y la espalda.
“Nuestras identidades son públicas”, replicó Amy, empujando la capucha hacia atrás y la bufanda hacia abajo para revelar el cabello marrón rizado y una cara con pecas espaciadas uniformemente a lo ancho de ella.
“Es una cosa de principios”, respondió Victoria.
“¿Quieres hablar de principios, Glory Girl?”, Preguntó Amy, en el tono más sarcástico que pudo decir: “Este es la sexta – ¡sexta! – ves que casi matas a alguien. ¡Que yo sepa!”
“Soy lo suficientemente fuerte como para levantar una camioneta sobre mi cabeza”, murmuró Victoria, “es difícil contenerse todo el tiempo.”
“Estoy segura de que Carol aceptaría eso”, dijo Amy, dejando en claro en su tono que ella no lo aceptaba, “Pero te conozco mejor que nadie. Si estás teniendo problemas para contenerte, el problema no está aquí…” le dio un golpecito a Victoria en los bíceps. “Está aquí-” le clavo el dedo a su hermana en la frente, fuerte. Victoria ni siquiera parpadeó.
“Mira, ¿puedes arreglarlo?”, Victoria suplicó.
“Estoy pensando que no debería”, dijo Amy, en voz baja.
“¿Qué?”
“Hay consecuencias, Vicky. Si te ayudo ahora, ¿qué te impedirá volver a hacerlo? Puedo llamar a los paramédicos. Conozco a algunas buenas personas del hospital. Probablemente podrían arreglarlo bien.”
“Oye, oye, oye”, dijo Victoria, “Eso no es gracioso. Él va al hospital, la gente hace preguntas “.
“Sí, estoy muy consiente de eso”, dijo Amy, su voz en voz baja.
“Esto no es, como, que me castiguen. Me llevarían al tribunal por cargos de asalto agravado y agresión. Eso no solo me jode a mí. Nos jode a nuestra familia, todos en New Wave. Todo lo que hemos luchado por construir.”
Amy frunció el ceño y miró al hombre caído.
“Sé que no estás interesada en el tema de los superhéroes, ¿pero realmente llegarías tan lejos? ¿Nos harías eso a nosotros? ¿A mí?”
Amy señaló con su dedo a su hermana, “Eso no es culpa mía. No es mi culpa que estemos en este punto. Es tuya. Estás cruzando la línea, yendo demasiado lejos. Que es exactamente lo que la gente que critica a New Wave teme. No estamos patrocinados por el gobierno. No estamos protegidos ni organizados ni regulados de la misma manera. Todos saben quiénes somos bajo nuestras máscaras. Eso significa que tenemos que ser responsables. Lo más responsable para mí, como miembro de este equipo, es dejar que los paramédicos se lo lleven, y dejar que la ley haga lo que crea conveniente.”
Victoria abruptamente puso a Amy en un abrazo. Amy se resistió por un momento, luego dejó que sus brazos colgaran a los costados.
“Esto no es solo un equipo, Ames”, le dijo Victoria, “Somos una familia. Somos tu familia.”
El hombre que estaba a solo unos metros de distancia se movió, luego gimió, largo y fuerte.
“Mi familia adoptiva”, murmuró Amy en el hombro de Victoria, “Y deja de tratar de usar tu maldito poder para hacer que me exalte con lo increíble que eres. No funciona. He estado expuesta tanto tiempo que soy inmune.”
“Duele”, gimió el hombre.
“No estoy usando mi poder, tontita”, Victoria le dijo a Amy, dejándola ir, “Estoy abrazando a mi hermana. Mi genial, amable y compasiva hermana.”
El hombre gimió, más fuerte, “No me puedo mover. Me siento frío.”
Amy frunció el ceño a Victoria, “Lo sanaré. Pero esta es la última vez “.
Victoria sonrió, “Gracias”.
Amy se inclinó sobre el hombre y le acarició la mejilla con la mano. “Se le partieron las costillas, clavícula fracturada, mandíbula rota, escápula rota, esternón fracturado, pulmón magullado, cúbito roto, radio roto…”
“Entiendo el punto”, dijo Victoria.
“¿Lo haces?”, Preguntó Amy. Luego suspiró, “Ni siquiera estaba en la mitad de la lista. Esto llevará un poco de tiempo. ¿Te sientas?”
Victoria cruzó las piernas y asumió una posición sentada, flotando medio metro sobre el suelo. Amy se arrodilló dónde estaba y apoyó la mano en la mejilla del hombre. La tensión desapareció de su cuerpo y se relajó.
“¿Cómo está la mujer? ¿Andrea? “
“Mejor que nunca, físicamente”, respondió Amy, “le crecí nuevos dientes, arreglé todo, desde los hematomas hasta los rasguños, e incluso le hice una puesta a punto de pies a cabeza. Físicamente, se sentirá en la cima del mundo, como si hubiera estado en un spa y tuviera la mejor nutricionista, mejor experta en acondicionamiento físico y el mejor médico que la cuide por un mes consecutivo “.
“Bien”, dijo Victoria.
“¿Mentalmente? ¿Emocionalmente? Depende de ella lidiar con las secuelas de una golpiza. No puedo afectar el cerebro.”
“Bueno-” Victoria comenzó a hablar.
“Sí, sí. No, no puedo. No lo haré. Es complicado y no confío en mí misma como para no arruinar algo cuando estoy manipulando la cabeza de alguien. Eso es todo.”
Victoria comenzó a decir algo, luego cerró la boca. Incluso si no estaban relacionadas por sangre, eran hermanas. Solo las hermanas podían tener este tipo de discusiones recurrentes. Habían pasado por una docena de variaciones diferentes de esta discusión antes. Por lo que ella pensaba, Amy se estaba perjudicando al no practicar el uso de sus poderes en el cerebro. Era solo cuestión de tiempo antes de que su hermana se encontrara en una situación en la que necesitaba hacer una cirugía cerebral de emergencia y se encontrara incapaz. Amy, por su parte, se negaba incluso a discutirlo.
Ella no quería plantear un tema delicado cuando Amy estaba en el proceso de hacerle un gran favor. Para cambiar el tema, Victoria preguntó: “¿Esta bien si le hago preguntas?”
“Date el gusto”, Amy suspiró.
Victoria le dio varios golpecitos en la frente al hombre para llamar su atención. Apenas podía mover la cabeza, pero sus ojos se movieron en su dirección.
“¿Listo para responder mis preguntas o mi hermana y yo nos vamos y te dejamos así?”
“Yo… te demandaré”, jadeó, luego logró un agregado, “puta”.
“Inténtalo. Me encantaría ver a skinhead con algunos huesos rotos enfrentarse a una superheroína cuya madre es una de los mejores abogados en Brockton Bay. La conoces, ¿verdad?”
“Brandish”[1], dijo.
“Ese es su nombre en traje. Normalmente ella es Carol Dallon. Te patearía el culo en la corte, créeme”, dijo Victoria. Ella lo creía. Lo que el rufián no entendía era que, incluso si perdía el caso, el circo mediático que se armaría haría más daño que cualquier otra cosa. Pero ella no necesitaba informarle de eso. Ella le preguntó: “Entonces, ¿hago que mi hermana te deje como estás, o estás dispuesto a intercambiar alguna información para evitarte meses de dolor increíble y una vida de artritis y rigidez en los huesos?”
“Y disfunción eréctil”, dijo Amy, lo suficientemente fuerte para que el rufián la escuchara, “Te fracturaste la novena vértebra. Eso va a afectar todas las funciones nerviosas en las extremidades por debajo de la cintura. Si te dejo así, los dedos de tus pies siempre se sentirán un poco entumecidos, y tendrás muchísimos problemas levantándolo, si sabes a lo que me refiero.”
Los ojos del skinhead se ensancharon una fracción, “Me estás jodiendo”.
“Tengo una licencia médica honoraria”, le dijo Amy, con expresión solemne, “No puedo joderte sobre cosas así. Juramento hipocrático.”
“¿No dice eso ‘no hacer daño’?” Preguntó el rufián. Luego gimió, largo, fuerte y con el más ligero traqueteo en su aliento, mientras ella retiraba su mano de su cuerpo.
“Esa es solo la primera parte, como la libertad de expresión y el derecho a portar armas es solo la primera parte de una constitución muy larga. No parece que él esté cooperando, Glory Girl. ¿Deberíamos irnos?”
“¡Carajo!” Gritó el hombre, luego hizo una mueca, tocando tiernamente su costado con una mano, “Te lo diré. Por favor, solo… haz lo que estabas haciendo. Tócame y haz que el dolor desaparezca, vuelve a ponerme en una pieza. ¿Me arreglarás?”
Amy lo tocó. Se relajó, y luego comenzó a hablar.
“El Imperio Ochenta y Ocho se está extendiendo en los Muelles por orden de Kaiser[2]. Lung está bajo custodia, y pase lo que pase, el ABB es más débil de lo que era. Eso significa que hay territorio en disponible, y el Imperio sin duda no está avanzando hacia el centro “.
“¿Por qué no?”, Victoria le preguntó.
“Este tipo, Coil.[3] No sé cuáles son sus poderes, pero tiene un ejército privado. Ex-militares, todos ellos. Al menos cincuenta, dijo Kaiser, y cada uno de ellos tiene equipo de primera clase. Su armadura es mejor que Kevlar. Les disparas y se vuelven a levantar en unos segundos. Al menos cuando le disparas a un cerdo, puedes estar bastante seguro de que le rompiste algunas costillas. Pero eso no es lo jodido. ¿Estos chicos? Tienen estos láseres conectados a las ametralladoras que llevan. Si no creen que las balas están alcanzando, o si están contra personas detrás de cobertura, disparan rayos láser purpura que pueden atravesar el acero. Corta a través de cualquier cubierta tras la que te esconda y quema a través de ti también “.
“Sí. Yo sé sobre él. Sus métodos se vuelven caros”, dijo Victoria,” soldados de primera línea, equipo de primera línea.”
El rufián asintió débilmente, “Pero incluso con dinero para quemar, él está peleándonos por los territorios del centro. Tira y afloja constante, ninguno de nosotros avanzando mucho. Lleva así meses. Entonces, Kaiser piensa que deberíamos tomar los Muelles ahora que los ABB están fuera de juego, ganar terreno en algún lugar más fácil. No sé más que eso, en cuanto a sus planes.”
“¿Quién más está tramando algo? ¿Faultline?”
“¿La perra con los raritos en su equipo? Ella es una mercenaria, con diferentes objetivos. Pero tal vez. Si ella quiere diversificarse, ahora sería el momento de hacerlo. Con su reputación, incluso le iría bien.”
“¿Entonces quién? Hay un vacío de poder en los muelles. Kaiser ha declarado que quiere aprovecharlo, pero estoy dispuesta a apostar que te advirtió acerca de que otros que están haciendo una jugada.”
La cabeza rapada se rió, luego hizo una mueca, “¿Eres retrasada, chica? Todos van a hacer una jugada. No son solo las principales pandillas y equipos los que están buscando una porción del pastel. Son todos. Los muelles están listos para tomarlos. La ubicación vale tanto dinero como el que conseguirías en el centro. Es el sitio al que ir si quieres comprar algo en el mercado negro. Sexo, drogas, violencia. Y los lugareños ya están acostumbrados a pagar dinero de protección. Es solo una cuestión de cambiar a quién le pagan. Los Muelles son un territorio rico, y estamos hablando del potencial de una puta guerra a gran escala por ello.”
Miró a la superheroína rubia y se rió. Sus labios se establecieron en una línea firme.
Él continuó, “¿Quieres saber mi suposición? El Imperio Ochenta y Ocho va a tomar la mayor porción de los Muelles, porque somos lo suficientemente fuertes como para hacerlo. Coil va a meter los dedos solo para fastidiarnos, los ABB va a aferrarse a algo. Pero también vas a tener un montón de pequeños tratando de tomar algo para ellos. Über y Leet, Circus, los Undersiders, Squealer, Trainwreck, Stain[4], ¿otros de los que nunca has oído hablar? Van a replantear su terreno, y una de dos cosas va a suceder. O hay guerra, en cuyo caso los civiles se lastiman y las cosas se ponen mal para ti, o hay alianzas entre los diversos equipos y villanos sueltos y la mierda empeora aún más para ti.”
Él estalló en carcajadas una vez más.
“Vamos, Panacea”[5], dijo Victoria mientras se ponía de pie, tocaba el suelo con las botas y se cepillaba la falda, “hemos tenido suficiente.”
“¿Estás segura? No he terminado todavía”, Amy le dijo.
“¿Arreglaste los moretones y los rasguños, los huesos rotos?” Todo lo que podría meterla en problemas, en otras palabras.
“Sí, pero no solucioné _todo_”, respondió Amy.
“Lo suficiente”, decidió Victoria.
“¡Oye!” Gritó el skinhead, “¡El trato era que me arreglarías si hablaba! ¿Has arreglado mi pene?” Trató de luchar para ponerse de pie, pero sus piernas se doblaron debajo de él, “¡Oye! ¡No puedo caminar! ¡Te voy a demandar! “
La expresión de Victoria cambió en un instante, y su poder se desbordo, sorprendiendo al matón. Por un instante, sus ojos eran como los de un caballo en pánico, todos blancos, rodando, desenfocados. Ella lo agarró por el cuello de la camisa, lo levantó y gruñó en su oído, su voz justo encima de un susurro, “Inténtalo. Mi hermana acaba de curarte… la mayor parte de ti, con un toque. ¿Alguna vez te preguntaste qué más podría hacer? ¿Alguna vez pensaste que tan fácil podría romperte? ¿O cambiar el color de tu piel, pedazo de mierda racista? Te diré esto, no soy ni la mitad de atemorizante que mi hermana pequeña.”
Ella lo dejó ir. Él colapsó en un montón en el suelo.
Cuando las dos hermanas se marcharon, Victoria sacó su teléfono celular de una bolsa en su cinturón con su mano libre. Dirigiéndose a Amy, ella dijo: “Gracias”.
“Ten cuidado, Victoria. No puedo traer a la gente de entre los muertos, y una vez que hayas ido tan lejos…”
“Seré buena. Seré mejor”, prometió Victoria mientras marcaba con una mano. Ella colocó el teléfono en su oreja, “¿Hola? ¿Servicios de emergencia? Solicitud de línea especial. New Wave, Glory Girl. Criminal incapacitado para que lo recojan, sin poderes. No, no hay prisa, puedo aguantar.”
Mirando sobre su hombro, Victoria notó al rufián, todavía forcejeando y medio gateando, “¿No se va a levantar?”
“Estará entumecido de la cintura hacia abajo por otras tres horas. Su brazo izquierdo también estará blando durante ese tiempo, así que no se moverá a menos que pueda arrastrarse a sí mismo con una sola extremidad. Él también tendrá los dedos del pie entumecidos durante un buen mes más o menos”, Amy sonrió.
“En realidad no.…”
“No. No se rompió nada, y no arruiné nada, más allá de un entumecimiento temporal. Pero él no sabe eso. El miedo y la duda completarán el efecto, y la sugerencia se convierte en una profecía autocumplida “.
“¡Amy!” Victoria se rió, abrazando a su hermana con un brazo, “¿No estabas diciendo que no ibas a meter con la cabeza con la gente?”
[1] Brandish: lit. Esgrimir, blandir o empuñar, normalmente referido a un arma blanca. También puede significar lucir, presumir o alardear. Asociado a cosas brillantes como el oro y las joyas.
[2] Kaiser: Termino alemán que significa ‘Emperador’. Usado muchos gobernantes de paises de habla alemana a lo largo de la historia, como los emperadores del Sacro Imperio Romano, el Imperio de Austria o el Imperio Alemán, con el que el término está más asociado en la cultura popular.
[3]Coil: Espiral, bobina. También referido a la acción de enroscarse, usado habitualmente para referirse a la forma de moverse y prepararse para atacar de las serpientes.
[4]Squealer: Gritona, chillona. Squeal normalmente es un chillido agudo, con connotaciones patéticas o humorísticas, similar al sonido que hace un cerdo u otros animales cuando se les hace daño.
Trainwreck: Literalmente, descarrilamiento. Generalmente se usa como ‘desastre’ o para referirse a una situación o persona hechos un desastre o en sus peores momentos, como un drogadicto.
Stain: Literalmente, ‘Mancha’.
[5]Panacea: Termino exactamente igual en español, dicese de una sustancia que cura cualquier enfermedad.

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2018.03.16 05:51 master_x_2k Interludio I Danny

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________________________Interludio I: Danny________________________

“No sabemos cuánto tiempo él había estado ahí. Suspendido sobre el océano Atlántico. El 20 de Mayo de 1982, un crucero viajaba de Plymouth a Boston cuando un pasajero lo vio. Estaba desnudo, sus brazos a su lado, su largo pelo volando en el viento mientras estaba de pie en el cielo, casi a 30 metros sobre las gentiles olas. Su piel y pelo solo pueden ser descritos como oro pulido. Sin bello corporal o ropa que lo cubra, se dice, el se veía casi artificial.
“Después de una discusión que incluía a pasajeros y tripulación, el crucero se desvió para acercarse. Era un día soleado, y los pasajeros se amontonaron contra la barandilla para poder verlo mejor. Como si compartiera su curiosidad, la figura se acercó también. Su expresión inmutable, pero los testigos en la escena reportaron que parecía profundamente triste.
“’Pensé que él iba a quebrarse y llorar en cualquier momento’, dijo Grace Lands, ‘Pero cuando me estire y toque la punta de sus dedos, fui yo el que se echó a llorar.’
“‘Ese viaje en bote era mi viaje final. Tenía cáncer, y no tenía el valor suficiente para enfrentarlo. No puedo creer que estoy admitiendo esto en frente de una cámara, pero regresaba a Boston, donde nací, para acabar con mi mismo. Después de conocerlo, cambie de parecer. No importo de todas formas. Fui a un doctor, y dijo que no había rastro de que alguna vez tuviera la enfermedad.’
“‘Recuerdo que mi hermano, Andrew Hawke, fue el último pasajero en tener algún contacto con él. Subió a la barandilla, y, casi cayéndose, tomó la mano del hombre dorado. El resto de nosotros tuvo que sostenerlo para que no se cayera. Lo que sea que sucedió lo dejó cayado del asombro. Cuando el hombre de la piel dorada se fue volando, mi hermano se quedó en silencio. El resto del camino a Boston, mi hermano no dijo una palabra. Cuando desembarcamos, y el efecto se rompió finalmente, mi hermano balbuceaba como un niño emocionado a los reporteros.’”
“El hombre dorado reaparecería muchas veces más a lo largo de los meses y años. En algún punto, se puso ropas. Al principio, una sábana vestida sobre un hombro y fijada a ambos lados de la cadera, luego ropas más convencionales. En 1999, se puso el leotardo blanco que aun viste hoy. Por más de una década, nos preguntamos, ¿Donde consiguió nuestro hombre dorado estas cosas? ¿Con quién estaba en contacto?
“Periódicamente al principio, entonces con un aumento de frecuencia, el hombre dorado comenzó a intervenir en tiempos de crisis. Para eventos tan pequeños como el choque de un auto, tan grandes como desastres naturales, ha llegado y usado sus habilidades para salvarnos. Un resplandor de luz para congelar agua reforzando un dique debilitado por un huracán. Un acto terrorista prevenido. Un asesino serial atrapado. Un volcán calmado. Milagros, se decía.
“Su paso aumento, tal vez porque todavía estaba aprendiendo lo que podía hacer, tal vez porque estaba desarrollando un mejor sentido de donde era necesitado. Para mitad de los 90s, viajaba de crisis en crisis, volando más rápido que la velocidad del sonido. En quince años, no descansó.
“Solo se sabe de una vez que hablo en treinta años. Después de extinguir un incendio masivo en Alexandrovsk, él se detuvo para examinar la escena y estar seguro que no quedaran llamas. Un reportaron le hablo, y le pregunto, ¿‘Kto vy?’ - ¿Qué eres?
“Conmocionando al mundo, captado en cámara en una escena repetida innumerables veces, el respondió en una voz que sonaba como si nunca hubiera producido un sonido antes. Apenas perceptible, le dijo, ‘Scion’.
“Se convirtió en el nombre que usamos para él. Irónicamente, por que tomamos una palabra que significa descendiente, y la usamos para nombrar al primero de muchos individuos con superpoderes – parahumanos - en aparecer a lo ancho de la Tierra.
“Solo cinco años después de la primera aparición de Scion, los superhéroes emergieron de la cobertura del rumor y el secreto para mostrarse al público. Aunque los villanos siguieron poco después, fueron los héroes los que rompieron cualquier ilusión de que los parahumanos fueran figuras divinas. En 1989, intentando apaciguar un disturbio causado por un juego de basquetbol en Michigan, el superhéroe conocido por el público como Vikare intervino, solo para ser aporreado en la cabeza. Murió no mucho después de una embolia cerebral. Mas tarde, seria revelada su identidad como Andrew Hawke.
“La era dorada de los parahumanos fue de esta forma muy corta. No eran las figuras divinas que habían parecido ser. Los parahumanos eran, después de todo, gente con poderes, y la gente tiene defectos. Las agencias gubernamentales tomaron una mano más firme, y los estado-“
La televisión se apagó, y la pantalla se volvió negra, cortando el documental a mitad de la oración. Danny Hebert suspiro y se sentó en la cama, solo para pararse un momento después y empezar a caminar de un lado a otro.
Eran las tres y cuarto de la mañana, y su hija Taylor no estaba en su cuarto.
Danny se pasó las manos por el pelo, que era lo suficientemente delgado como para estar más cerca de la calvicie que no. Le gustaba ser el primero en llegar al trabajo, observando a todos llegar, haciéndoles saber que estaba allí para ellos. Así que, por lo general, se acostaba temprano; se acostaría a las diez de la noche, más o menos dependiendo de lo que estuviera en la televisión. Solo esta noche, pasada la medianoche, se había sentido perturbado por un sueño inquieto cuando sintió, en vez de oír, el cierre de la puerta trasera de la casa, justo debajo de su dormitorio. Había buscado a su hija, y había encontrado su habitación vacía.
Así que esperó a que su hija volviera por tres horas.
Incontables veces, había mirado por la ventana, esperando ver entrar a Taylor.
Por vigésima vez, sintió el impulso de pedirle ayuda a su esposa, por consejo, por apoyo. Pero su lado de la cama estaba vacío y lo había estado durante algún tiempo. Diariamente, al parecer, le daba el impulso de llamar a su teléfono celular. Sabía que era estúpido, ella no contestaría, y si él le daba vueltas a eso por mucho tiempo, se sentía enojado con ella, lo que hacía que se sintiera peor.
Se preguntó, incluso cuando sabía la respuesta, por qué no le había dado a Taylor un teléfono celular. Danny no sabía lo que estaba haciendo su hija, lo que la llevaría a salir de noche. Ella no era de ese tipo. Podía decirse a sí mismo que la mayoría de los padres se sentían así por sus hijas, pero al mismo tiempo, él lo sabía. Taylor no era social. No iba a fiestas, no bebía, ni siquiera estaba interesada en el champán cuando celebraban juntos el Año Nuevo.
Dos posibilidades siniestras seguían fastidiándolo, ambas demasiado creíbles. La primera fue que Taylor había salido a tomar aire fresco, o incluso a correr. Ella no era feliz, especialmente en la escuela, él lo sabía, y el ejercicio era su forma de resolverlo. Podía verla hacerlo un domingo por la noche, con una nueva semana en la escuela que se avecina. Le gustaba que correr la hiciera sentirse mejor consigo misma, que parecía estar haciéndolo de una manera razonable y saludable. Solo odiaba que ella tuviera que hacerlo aquí, en este vecindario. Porque aquí, una chica delgada en su adolescencia era un objetivo fácil para el ataque. Un asalto o algo peor: ni siquiera podía articular la peor de las posibilidades en sus propios pensamientos sin sentirse físicamente enfermo. Si ella hubiera salido a las once de la noche a correr y no había regresado a las tres de la mañana, eso significaba que algo había sucedido.
Miró por la ventana otra vez, en esa esquina de la casa donde el charco de iluminación bajo la luz de la calle le permitiría verla acercándose. Nada.
La segunda posibilidad no fue mucho mejor. Sabía que Taylor estaba siendo hostigada. Danny lo descubrió en enero, cuando sacaron a su hija de la escuela y la llevaron al hospital. No a la sala de emergencias, sino la sala psiquiátrica. Ella no diría por quién, pero bajo la influencia de las drogas que le habían dado para calmarse, había admitido que estaba siendo victimizada por matones, usando el plural para darle una pista de que era un ellos y no un él. o una ella. Ella no lo había mencionado, el incidente o el acoso, desde entonces. Si él empujaba, ella solo se ponía tensa y se volvía más retraída. Él se había resignado a dejarla revelar los detalles en su propio tiempo, pero habían pasado meses sin que le ofreciera indicios ni pistas.
Había muy poco que Danny podía hacer sobre el tema. Había amenazado con demandar a la escuela después de que su hija había sido llevada al hospital, y la junta escolar había respondido llegando a un acuerdo, pagando sus facturas del hospital y prometiéndoles que la protegerían para evitar que tales eventos ocurrieran en el futuro. Era una débil promesa hecha por un personal con exceso de trabajo crónico y no hizo nada para aliviar sus preocupaciones. Sus esfuerzos para que ella cambiara de escuela habían sido obstinadamente contrarrestados con reglas y regulaciones sobre los tiempos máximos de viaje que un estudiante podía tener entre el hogar y una escuela determinada. La única otra escuela a una distancia razonable del lugar de residencia de Taylor era Arcadia High, y ya estaba abarrotada de gente desesperada con más de doscientos estudiantes en una lista solicitando ser admitidos.
Con todo eso en mente, cuando su hija desapareció hasta la mitad de la noche, no pudo evitar la idea de que los matones la hubieran atraído con chantajes, amenazas o promesas vacías. Solo sabía sobre un único incidente, el que la había llevado al hospital, pero había sido grotesco. Se había implicado, pero nunca se revelado, que habían estado sucediendo más cosas. Podía imaginarse a estos chicos o chicas que estaban atormentando a su hija, incitándose unos a otros mientras inventaban formas más creativas de humillarla o dañarla. Taylor no había dicho mucho en voz alta, pero lo que estaba sucediendo había sido tan malvado, persistente y amenazante que Emma, ​​la amiga más íntima de Taylor durante años, había dejado de pasar tiempo con ella. Le irritaba.
Impotente. Danny estaba indefenso donde contaba. No había ninguna acción que pudiera tomar: su única llamada a la policía a las dos de la mañana solo le había dado una explicación cansada de que la policía no podía actuar ni buscarla sin algo más con que trabajar. Si su hija todavía estaba desaparecida después de doce horas, le habían dicho que debería llamarlos de nuevo. Todo lo que podía hacer era esperar y rezar con el corazón en la garganta para que el teléfono no sonara, un oficial de policía o una enfermera al otro lado listos para contarle lo que le había sucedido a su hija.
La más mínima vibración en la casa marco el escape del aire cálido de la casa al frío exterior, y hubo un silbido amortiguado cuando la puerta de la cocina se cerró de nuevo. Danny Hebert sintió una emoción de alivio junto con un miedo abyecto. Si bajaba a buscar a su hija, ¿la encontraría sufriendo o herida? ¿O su presencia empeoraría las cosas si su propio padre viera en su punto más vulnerable después de la humillación a manos de los matones? Ella le había dicho, en todos los sentidos, excepto expresado en voz alta, que no quería eso. Ella le había suplicado, con lenguaje corporal y contacto visual evitado, frases sin terminar y cosas sin decir, que no pregunte, no presione, no vea, cuando se trataba de la intimidación. No pudo decir por qué, exactamente. El hogar era un escape de eso, había sospechado, y si reconocía el acoso, lo hacía realidad aquí, tal vez no tendría ese alivio. Tal vez era una pena que su hija no quisiera que él la viera así, no quería ser tan débil delante de él. Realmente esperaba que ese no fuera el caso.
Así que se pasó los dedos por el cabello una vez más y se sentó en la esquina de la cama, con los codos en las rodillas, las manos en la cabeza y mirando la puerta cerrada de su dormitorio. Sus orejas estaban peladas por la menor pista. La casa era vieja, y no había sido un edificio de alta calidad cuando había sido nueva, por lo que las paredes eran delgadas y la estructura propensa a hacer ruido en cada oportunidad. Hubo un leve sonido de una puerta cerrándose abajo. ¿El cuarto de baño? No sería la puerta del sótano, no había razón para que ella bajara allí, y no podía imaginar que era un armario, porque después de dos o tres minutos, la misma puerta se abrió y se cerró de nuevo.
Después de que algo golpeó en la encimera de la cocina, hubo poco más que un gruñido ocasional de las tablas del suelo. Cinco o diez minutos después de que ella entrara, se produjo el crujido rítmico de las escaleras cuando ella subió. Danny pensó en aclarar su garganta para hacerle saber que estaba despierto y disponible si ella llamaba a su puerta, pero decidió no hacerlo. Estaba siendo cobarde, pensó, como si la limpiar su garganta hiciera realidad sus temores.
Su puerta se cerró con cuidado, casi inaudible, con el más leve toque de puerta en el marco de la puerta. Danny se levantó abruptamente, abriendo su propia puerta, listo para cruzar el pasillo y tocar la puerta de ella. Para verificar que su hija estaba bien.
Fue detenido por el olor a mermelada y tostadas. Ella había hecho una merienda nocturna. Lo llenó de alivio. No podía imaginar a su hija, después de haber sido asaltada, atormentada o humillada, llegando a casa para brindar con mermelada como bocadillo. Taylor estaba bien, o al menos, estaba lo suficientemente bien como para dejarla sola.
Dejó escapar un estremecedor suspiro de alivio y se retiró a su habitación para sentarse en la cama.
El alivio se convirtió en ira. Estaba enojado con Taylor, por hacer que se preocupara, y luego ni siquiera se desviarse de su camino para hacerle saber que estaba bien. Sintió un resentimiento latente hacia la ciudad, por tener barrios y personas en las que no podía confiar a hija. Odiaba a los matones que atacaban a su hija. Detrás de todo, había frustración consigo mismo. Danny Hebert era la única persona que podía controlar en todo esto, y Danny Hebert no había hecho nada que importara. No había recibido respuestas, no había detenido a los agresores, no había protegido a su hija. Lo peor de todo fue la idea de que esto podría haber sucedido antes, con él simplemente durmiendo a través de ello en lugar de quedarse despierto.
Se contuvo de entrar a la habitación de su hija, gritarle y exigirle respuestas, incluso si era lo que quería, más que nada. ¿Dónde había estado ella? ¿Qué había estado haciendo? ¿Estaba herida? ¿Quiénes eran estas personas que la atormentaban? Sabía que, al confrontarla y enojarse con ella, haría más daño que bien, amenazaría con cortar cualquier vínculo de confianza que hubieran forjado entre ellos.
El padre de Danny había sido un hombre poderoso y fornido, y Danny no había obtenido ninguno de esos genes. Danny había sido un nerd cuando el término todavía era joven en la cultura popular, delgado, torpe, miope, gafas, mal sentido de la moda. Lo que había heredado era el temperamento famoso de su padre. Rápido para levantarse y sorprendente en su intensidad. A diferencia de su padre, Danny solo había golpeado a alguien con ira dos veces, las dos veces cuando era mucho más joven. Dicho eso, al igual que su padre, él podía lanzarse en diatribas que dejarían a la gente temblando. Durante mucho tiempo, Danny había visto el momento en que comenzó a verse a sí mismo como un hombre, un adulto, como el momento en el que se había jurado a sí mismo que nunca perdería la paciencia con su familia. Él no le pasaría eso a su hijo como su padre se lo pasó a él.
Nunca había roto ese juramento con Taylor, y sabiendo que eso era lo que lo mantenía encerrado en su habitación, caminando de un lado a otro, con el rostro enrojecido y queriendo golpear algo. Si bien nunca se había enojado con ella, nunca le había gritado, sabía que Taylor lo había visto enojado. Una vez, él había estado en el trabajo, hablando con un ayudante del alcalde. El hombre le había dicho a Danny que los proyectos de reactivación de los muelles estaban siendo cancelados y que, contrariamente a las promesas, iban a haber despidos en lugar de nuevos empleos para los ya beligerantes trabajadores portuarios. Taylor había pasado la mañana en su oficina con la promesa de que saldrían por la tarde, y había estado en posición de verlo explotar de la peor manera con el hombre. Cuatro años atrás, había perdido los estribos con Annette por primera vez, rompiéndose el juramento. Esa había sido la última vez que la había visto. Taylor no había estado allí para verlo gritarle a su madre, pero estaba bastante seguro de haber escuchado algo de eso. Lo avergonzó.
La tercera y última vez que había perdido los estribos donde Taylor estaba en condiciones de saberlo había sido cuando ella había sido hospitalizada después del incidente en enero. Había gritado al director de la escuela, que se lo merecía, y al entonces profesor de biología de Taylor, que probablemente no. Había sido tan malo que una enfermera había amenazado con llamar a un oficial de policía, y Danny, apenas satisfecho, había salido del pasillo a la habitación del hospital para encontrar a su hija más o menos consciente y con los ojos muy abiertos en reacción. Danny albergaba un profundo temor de que la razón por la que Taylor no había ofrecido ningún detalle sobre el acoso fuera por temor a que él, en cólera ciega, hiciera algo al respecto. Le hizo sentirse mal, la idea de que él podría haber contribuido algo al aislamiento autoimpuesto de su hija en la forma en que estaba lidiando con sus problemas.
Le tomó a Danny mucho tiempo calmarse, ayudado diciéndose a sí mismo una y otra vez que Taylor estaba bien, que estaba en casa, que estaba a salvo. Fue una bendición que, cuando la ira se desvaneció, se sintió agotado. Se subió al lado izquierdo de la cama, dejando el lado derecho vacío por un hábito que todavía no había roto, y se cubrió con las mantas.
Él hablaría con Taylor por la mañana. Obtendría una respuesta de algún tipo.
Esa noche soñó con el océano.

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Capítulo nuevo el Lunes a la 1PM (GMT+3) en Zero's Lair Seriales. Y más tarde aqui en Parahumanos.

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2011.06.27 15:54 popocatepetl 'Todo alienta a la violencia' Perspectiva de Ciudad Juárez

Daniela Rea / Enviada
Ciudad Juárez, México (27 junio 2011).- 00:00 AM
Desde el mirador La Rosa de los Vientos parece que el arquitecto de Ciudad Juárez fuera el diablo: desparramada en medio del desierto, se ve invadida por terrenos baldíos donde igual tiran basura que cadáveres.
Entre los cerros que la rodean se distinguen las brechas que conducen a las colonias populares levantadas con cartón, fierros y neumáticos viejos.
Ni una área verde, ni una sombra hay en ese lugar.
Al fondo se asoma la gran mancha urbana de cemento: maquilas, avenidas, casas abandonadas que se confunden con los tiraderos de escombro.
"El clima hostil, la ciudad aislada, la falta de servicios públicos, la vulnerabilidad a las crisis y desempleo, todo parece conspirar para que habite la violencia", dice Ángel Estrada, un documentalista cuyo trabajo habla de los vivos de Juárez.
Cree que sólo contando esas historias se comprenderá la mutilación que ha sufrido la ciudad por la guerra contra la violencia.
Juárez parece ahora habitada por el abandono, comentan con tristeza quienes disfrutaron sus noches de gloria en cualquier salón de la Avenida Juárez, donde antes la fiesta hilaba el día con la noche sin interrupción.
Ejemplo de esas épocas fue el bar "El Paraíso", cuyos dueños corrieron por candados y un herrero el día que el gobierno municipal decidió cerrar los antros a las 3 de la madrugada para garantizar "seguridad".
Ahora esa avenida parece un pueblo fantasma que se extiende hasta el centro histórico.
A pesar de ser la zona con más bulla, tiene la apariencia de una ciudad bombardeada: la violencia ahuyentó al turismo y dejó una estela de desempleo que a su vez detonó el crimen.
Las casas y comercios abandonados se convirtieron en picaderos y en su afán por "limpiar" la ciudad, el gobierno municipal comenzó a expropiar y derribarlos para construir una nueva cara que terminó en terrenos baldíos.
Ahí los únicos ganones son los pepenadores, que con su carretilla pican piedra y roban las varillas o cables de las casas a medio derruir, y los arriesgados que aprovechan las rentas bajas.
"El centro está abandonado. Aquí sólo viven viejos porque a todos los jóvenes ya les dieron kilo (mataron)", dice un muchacho que huyendo de las venganzas de pandillas en la Díaz Ordaz, buscó una renta barata en este lugar.
Esta zona, antes epicentro de la fiesta juarense, es el escenario principal de la política de "limpia" con que el gobierno municipal se suma a la estrategia de seguridad federal.
Además de derrumbar edificios hay operativos para detener a los adictos que por ahí de las 6, 7 de la mañana, deambulan para conseguir alguna dosis. Es entonces que la policía municipal, al mando de Julián Leyzaola, hace las detenciones.
Un trabajador social que atiende a jóvenes en riesgo, explica que aquí, cualquier "sospechoso" puede ser detenido.
"Mostrar la credencial de elector ya no es suficiente para que te dejen ir, si no enseñan una del trabajo, son enviados a la cárcel preventiva, mínimo por 24 horas", dice el joven.
A unas cuantas cuadras de la Catedral, "El Clavo" renta una casita que fue abandonada por sus dueños luego de que la quemaron.
El hombre de unos 50 años estudió leyes en Texas y ahora trata de dejar la adicción a la heroína. Lleva una libreta forrada de cuero y en ella los artículos de la constitución, su escudo ante los cateos de la Policía Federal, a la que acusa de detenerlos de manera ilegal cuando necesitan presentar culpables de algún asesinato.
"Se acaban de llevar un viaje (varias personas) los amontonan en una camper hasta que ya no quepan y luego resulta que de ahí ya solucionaron este crimen 'con éste' y 'a éste ponlo acá y se acabó'. Como ahorita, andan buscando a una persona que mató en un hotel a una mujer.
"Arrestaron a un hombre como sospechoso y se dice que todavía hay otra persona envuelta en el crimen, entonces esa persona la van a quiere sacar de aquí", dice el señor.
Eso sí, desde los picaderos hasta los restaurantes y cafés de Juárez, la gente coincide en la baja de ejecuciones por día. Si antes llegaba a haber 40 en un día, ahora sólo hay la mitad.
La cifra parece dar un respiro a la ciudad, arriesgan algunos optimistas. La gente comienza a rondarla de nuevo, "las copetudas" llenan el restaurante de un hotel que ofrece todas los días sus tardes pasteleras.Pero también hay quien mira con recelo la disminución de muertos.
"No se trata de que haya menos muertos, se trata de que controlen este relajo", dice una indignada Luz María Dávila, quien perdió a sus dos únicos hijos en la masacre de Villas de Salvárcar.
La nueva cifra tampoco tiene sentido para Ernesto Reina, un boxeador retirado cuyo hijo fue asesinado en enero con otros 6 jóvenes mientras jugaban un partido de futbol.
Los datos oficiales se olvidan al consultar los estudios coordinados por Clara Jusidman en Incide Social sobre cómo se ha construido la violencia en este lugar.
En ellos detallan la raíz de la violencia en Ciudad Juárez: el empleo precario, la especulación de la tierra que derivó en una ciudad aislada y rasgó el tejido social de las familias migrantes que llegaron a trabajar en las maquilas y de algunas colonias como la Anapra, en donde la pobreza y falta de servicios públicos están a niveles de la Montaña de Guerrero.
Una de las fallas estructurales más evidentes es el sistema de transporte.
Alrededor de las 6 de la tarde, las calles de Juárez se saturan de tráfico de la gente que va y viene a las maquilas.
La mayoría son autos particulares, los menos son "rutas" como llaman al transporte público. Un carril confinado que no se usa complica más el traslado.
Ese sería el carril para el "transmetro" que al menos tres trienios han intentado echar a andar. Pero ya sea por falta de recursos, corrupción o intervención de la mafia del transporte, sigue inoperante.
A una flotilla de las primeras orugas adquiridas en el trienio Héctor Murguía se les pegó el motor por falta de uso y se vendieron a mitad de precio al DF.
Josefa Ortega es una de las víctimas de esa violencia estructural. Ella vendía ropa usada a tres cuadras del monumento a Juárez. Una mañana, aprovechando que los vendedores protestaban por el homicidio impune de su líder Géminis Ochoa, la Policía Federal hizo un operativo y decomisó la mercancía de unas 150 familias.
Mientras los padres protestaban por su líder, los niños y adolescentes que cuidaban el patrimonio familiar miraban pasmados a los federales llevarlo todo en camionetas blancas.
"Estoy harta de que no me dejen trabajar, mi marido no tiene trabajo, me subo a la ruta porque limpio casas y me asaltan; pongo una tiendita y me cobran cuota; me pongo de comerciante y me quitan mercancía. ¿Cómo trabajo, cómo doy de comer a mis hijos? ¿Tengo que matar? ¿Tengo que robar o qué?", dijo a gritos.
Esa mujer no aparece en ninguna medición de víctimas de la violencia estructural, como tampoco la empleada de maquila Mireya Montes cuyo hijo, con quien compartía trabajo en la fábrica y butaca en la preparatoria, fue asesinado con otros cuatro amigos hace dos años.
Hace unos días acudió a un pequeño homenaje a los muertos de Juárez con el retrato de su hijo muerto. Pidió permiso a la maquila para faltar tres horas y no la dejaron. Le descontaron las horas de su sueldo.La violencia de esta ciudad a veces es superada por la vida cotidiana.
El 10 de junio pasado los diarios relataron la historia de un par de estudiantes de criminología detenidos por hacer su tarea: simular una ejecución y la preservación de la escena del crimen.
Los diarios también hicieron famosa la historia de "Miss Ana", una maestra que fue encarcelada por encontrarle droga en el interior de su vehículo cuando cruzó a El Paso, Texas, donde daba clases. Su desgracia sacó a la luz pública un nuevo tipo de víctimas del crimen en esta ciudad: "los cargados". Beatriz Valle y Graciela González, cuyos esposos están detenidos por una acusación similar, cuentan la forma de operar: los criminales detectan a personas que se vean decentes y trabajen en El Paso y los siguen durante días suficientes para conocer su rutina: su domicilio, la hora y puente de cruce y su destino. En algún descuido meten la droga al automóvil y si tienen suerte y logran cruzar sin ser detenidos, la recogen cuando el auto esté estacionado en El Paso. Si fue detectada por las autoridades fronterizas, pasa lo que le ocurrió a Miss Ana: "está muerta en vida", dice Verónica Cadena, su sobrina. En Ciudad Juárez la muerte sale al paso. Caminando por la Colonia Salvárcar, uno se topa en medio de la cuadra un panteón sin barda ni puerta que convive con la vida cotidiana de las familias. Érika Bernal está en el panteón donde pasó a ver a su sobrino Mario Alvarado, un joven que vendía hamburguesas afuera del bar "El Castillo" y murió rafagueado con otras nueve personas cuando un grupo de sicarios pasó frente al lugar y, sin más, vació los rifles frente a ellos. Además de ella, otro hombre está en el panteón, aprovechando una sombrita de una tumba para curarse del calor y beberse una cerveza. "Si lo hago en la calle me agarra la policía", dice. Érika pasa unos minutos frente a la tumba de tierra. Un padrenuestro y se va a celebrar su cumpleaños. Pese a todo, la vida sigue en Juárez.
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